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Pinza ruso-turca contra Ucrania

Por Valentí Popescu - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Una de las características de la política rusa desde la irrupción de este país en la Historia ha sido la tenacidad de sus odios y el último testigo de ello (por ahora) es Ucrania.

Y es que para una Federación Rusa empeñada en recuperar el protagonismo histórico, la “deserción” reciente más difícil de entender, asimilar y tolerar ha sido la de Ucrania, el mayor territorio europeo de la extinta Unión Soviética. El giro europeísta registrado en Kiev desde la “revolución del Maidan” es tanto un contrapié estratégico para las ambiciones moscovitas, como una rémora económica para los planes financieros rusos. Porque a través de tierras ucranianas transcurrían todas las vías de exportación de los hidrocarburos rusos a Europa Occidental y esta es, aún hoy en día, la principal fuente de ingresos de la Federación.

Para el empeño de Rusia de recobrar su histórico rol, la “deserción” más de difícil de entender, tolerar y

asimilar es la de Ucrania

Hasta el giro europeísta de Kiev, ello no tenía mayor importancia porque ni encerraba riesgos de cortes de suministros rusos a Occidente ni constituía mayor gravamen al compensar Moscú las tasas de paso -2.000 millones de euros anuales- por Ucrania con sus propios suministros de gas y petróleo a este país, fijando Moscú el precio de venta de la materia prima.

Pero desde la nueva orientación política ucraniana, Moscú cree haberse pillado los dedos con los viejos acuerdos. Kiev reclama mucho dinero, corta los suministros a occidente cuando discrepa con Rusia acerca de las cuentas y, para más inri, se demora mucho más allá de las buenas prácticas comerciales en el pago de sus deudas a Moscú.

De ahí que, bajo la batuta de Putin, Rusia haya construido gasoductos por el mar Báltico hasta Alemania, así como a través de Bielorrusia y Polonia y por el Mar Negro y Turquía hasta Europa meridional. Como estas vías no bastan para todo el tráfico requerido y el previsto en un futuro inmediato, Rusia aprovecha sus buenas relaciones diplomáticas actuales con Turquía para asestarle el golpe de gracia a la vía ucraniana. Así, está negociando con Ankara la construcción de un largo gasoducto -el Turkstream- que lleve gas desde Rostov a Europa del sureste a través del Mar Negro y otro gasoducto -el Tanap- desde el Cáucaso (que no es ruso, pero está sometido a los intereses moscovitas) a través de toda Turquía hasta la misma Italia, aunque empalmando en Grecia a Tanapcon el Tap, otro gasoducto en proyecto que abastecería el Mediterráneo Oriental. Evidentemente, toda esta pinza es mayormente especulación futurista -Tap, Tanap y Turkstream no son por ahora más que proyectos-, pero la intención rusa de eliminar a Ucrania del negocio de los hidrocarburos es evidente.

etiquetas: ucrania


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