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Un hogar para seguir creciendo en femenino

Tras ocho años en funcionamiento, las cifras del último ejercicio muestran que la Casa de las Mujeres ha ganado casi 250 nuevas socias. Cuatro de ellas, junto a dos más veteranas, reflexionan sobre su experiencia personal y sobre el proyecto

Un reportaje de Arantzazu Zabaleta. Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

De izquierda a derecha, Arantza Lucas Ortega, Ane Baztarrika, Lidia Montesinos Llinares, Susana Hernández Aparicio, Maria Alonso Del Val y June González Bertiz.

De izquierda a derecha, Arantza Lucas Ortega, Ane Baztarrika, Lidia Montesinos Llinares, Susana Hernández Aparicio, Maria Alonso Del Val y June González Bertiz.

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De izquierda a derecha, Arantza Lucas Ortega, Ane Baztarrika, Lidia Montesinos Llinares, Susana Hernández Aparicio, Maria Alonso Del Val y June González Bertiz.

No es un lugar donde acudir a llorar. “Bueno, eso también”. Pero sobre todo es un lugar al que las mujeres acuden a “reír, a gritar, a hacer, a actuar...” La Casa de las Mujeres de Donostia, tras ocho años de andadura, se ha convertido en algo más que un punto de encuentro. Cuenta con casi 1.000 socias y más de un centenar de personas atraviesa a diario la puerta de las instalaciones de la calle Okendo. Algunas vienen a un taller, a una charla, a un curso, a consultar el ordenador, a jugar al ajedrez, a organizar una protesta, a buscar ayuda o asesoría jurídica, a conocer gente... Y muchas de ellas se quedan, dan un paso más y se integran en algún grupo de trabajo o comisión.

“Te apetece devolver parte de lo que recibes y aportar tú algo”, cuenta Susana Hernández Aparicio. Lleva unos seis años en la Casa de las Mujeres y, sentada junto a otras cinco mujeres que han decidido integrarse en el proyecto más recientemente, reflexiona con este periódico sobre lo que significa y lo que ha supuesto para ella, que comenzó en la batucada, siguió participando en algunos cursos y ahora trabaja en distintas comisiones.

“Yo había venido a charlas y a cosas puntuales. Y al final te vas enganchando”, explica a su lado Arantza Lucas Ortega. Como ella, el resto de las participantes en esta cita comenzó visitando la casa atraída por alguna amiga o conocida y para acudir a actividades concretas: “A mí me hablaron del curso de autodefensa y me encantó cómo se trabaja, conecté con las demás y se convirtió en una cita casi religiosa”, apunta riendo Ane Baztarrika, que participa ahora en distintas áreas de trabajo de la Casa de las Mujeres.

“Es muy fácil, es cómodo”

Una de esas áreas es la comisión de ecofeminismos, en la que coinciden Maria Alonso del Val y Lidia Montesinos Llinares. “Para mí era importante trabajar en grupo estos temas”, cuenta Maria. De un modo u otro, las relaciones que se crean entre quienes se citan en las instalaciones de Okendo son claves para todas. “Hay mujeres de distinta edad, procedencia... la transversalidad del proyecto permite eso”, añade Lidia, que apunta que incluso hay un grupo de antropólogos haciendo un estudio sobre la Casa de las Mujeres como espacio de relaciones. La diversidad es muy amplia y, sin embargo, todas tienen en común la perspectiva feminista que les ha llevado a la calle Okendo. “Eso lo facilita, es muy fácil relacionarse con otras mujeres aquí, es muy cómodo;construir ese tipo de relaciones costaría más fuera de aquí”, reflexiona Arantza.

Disfrutar, emocionarse, maravillarse

“Aquí te das cuenta de que muchas cosas que te suceden no te suceden a ti porque estás loca, sino porque son resultado de la estructura que hay detrás y que nos condiciona a todas”, apunta June González Bertiz, coordinadora de la Casa de las Mujeres, que añade que esos factores comunes hacen que sea fácil ponerse en el lugar de las otras y compartir. “Es un paso hacia el empoderamiento el pasar de estar sola con tus problemas a tomar conciencia de ellos y actuar”, señala Maria. Por eso, es básico que las instalaciones de la calle Okendo sean un espacio de “seguridad, confianza y confidencialidad”.

Pero más allá de compartir experiencias o “de llorar”, el proyecto busca actuar. Y, para eso, el primer paso es dotar a las mujeres de un discurso, ponerle palabra y que cada una pueda responder a muchas preguntas desde una nueva perspectiva.

“No se trata solo de detectar que estamos en una situación peor por el hecho de ser mujeres, sino que se trata de actuar y ver que tenemos capacidad de incidencia, que podemos movilizarnos, y eso da mucho chute”, sonríe June mirando a las demás. “Se trata de gritar;en autodefensa gritamos mucho”, añade Ane.

“Y también de reír”, coinciden. “Nos lo pasamos muy bien”, apunta June, que ha detectado cómo muchas mujeres mayores que vienen, por ejemplo, a talleres o cursos concretos, además de descubrir una nueva perspectiva que les hace revisar su relato de vida, disfrutan, se entusiasman, se maravillan y se ríen. “El proyecto no se centra solo en la idea de víctima, es mucho más”, señala Lidia.

Un colectivo y una red, no un servicio

Esto es posible por la perspectiva transversal de la Casa de las Mujeres, que enlaza ocio, política, arte, formación y ayuda. “Había una necesidad muy clara de un espacio como éste. Creo que por eso hay ya casi 1.000 socias”, apunta June. De todas ellas, casi 250 han sido nuevas incorporaciones en 2017, señal de que el proyecto goza de buena salud y está creciendo. “Hace unos años no se conocía apenas, ahora sí, se ha ido consolidando, haciendo su sitio, y también hay menos reticencias de las que podía haber hace unos años”, considera Susana.

Gran parte de lo que es ahora el proyecto se debe a su estructura: además de contar con financiación de la Diputación, el centro está cogestionado por técnicos del Ayuntamiento y por las propias asociaciones de mujeres, a través de comisiones y grupos de trabajo, una reivindicación clara desde que se empezó a gestar el proyecto. “Eso hace que los temas que se tratan, la agenda, los marcamos nosotras, se trabajan entre todas, no depende una institución externa”, apunta Lidia. Por eso, la Casa de las Mujeres no es un servicio con determinadas usuarias, “sino un colectivo” y una “red bidireccional”, porque “recibes y aportas”. Hay usuarias, pero muchas de ellas en algún momento deciden dar el paso y convertirse, también, en organizadoras. “Y eso, el formar parte de la gestión del centro, es también una herramienta de empoderamiento, te ayuda a contribuir”, apunta Macarena Múgica Urbistondo, recién incorporada al debate.

Todas insisten en que parte del éxito del centro ha sido que distintas asociaciones y distintos feminismos han conseguido sentirla como suya y hacerse su sitio y, en ese sentido, también cada una de las socias ha encontrado su lugar. “Puedes pensar que no tienes nada que aportar y te das cuenta de que sí”, apunta Arantza. “Además de ir sanando, vamos aportando y descubriendo y desarrollando nuestras fortalezas, porque aunque hemos oído el mensaje contrario desde el otro lado de la calle, sabemos que estamos preparadas para muchas cosas y que somos capaces”, añade June.

Tías, abuelas, madres, amigas...

Y es que más allá de la experiencia en las instalaciones de Okendo, todas inciden en que su participación en el proyecto les está suponiendo también un desarrollo personal, “es parte de un proceso de aprendizaje”. Y ese proceso lo están desarrollando mujeres de 18 años, de 30, de 50 y de 70. “Aquí se ve a mujeres de 18 y de 80 entendiéndose y creando juntas y eso en otros espacios no es tan común”, señala Susana. Por eso, además de a sus amigas, invitan a la casa a “tías, abuelas, madres...”. “Se hacen muchísimas cosas, hay de todo. Que se acerquen y lo descubrirán”, apunta Ane.

Algunas de esas actividades, como la fiesta de la Casa de las Mujeres o algunas reuniones, tienen que hacerlas fuera de las instalaciones de Okendo que, tras ocho años, se les han quedado pequeñas. “Por las tardes suele estar todo ocupado a diario, no tenemos un espacio multicultural debidamente acondicionado... Para cuadrar alguna reunión nueva hay que hacer un puzle... No cabemos”, afirma June, que cree que contar con instalaciones mayores ayudaría a reforzar la tendencia al alza y el crecimiento del proyecto.

Mientras tanto, de todas formas, siguen trabajando y animando a quien las quiera escuchar a que se acerque al número 9 de la calle Okendo. “Seguro que todas encuentran su espacio”, añade Susana. Ellas lo han encontrado y aseguran: “Esto engancha”.

los datos

2010. Año de creación de la Casa de las Mujeres, una demanda histórica de colectivos de mujeres.

Objetivos. Pretende ser un punto de encuentro para articular a colectivos que trabajan por la igualdad. También hacer crecer el movimiento feminista y atraer a más mujeres a él.

Socias. El curso 2016-2017 se cerró con 843 socias, un 30% más que el año anterior. Más de un centenar de mujeres acuden a diario a Okendo.

Cogestión. Cuentan con financiación foral y municipal y el Consistorio aporta también las instalaciones y una trabajadora que colabora en la gestión con las representantes de las distintas asociaciones, organizadas en comisiones y grupos de trabajo.


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