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Boda de Hollywood para la monarquía británica

El príncipe Enrique de inglaterra y la actriz estadounidense Meghan Markle se dan el “sí, quiero” en ausencia del padre de la novia y de miembros de la realeza

Domingo, 20 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Enrique de Inglaterra y Meghan Markle se dan un beso.

Enrique de Inglaterra y Meghan Markle se dan un beso tras casarse. (EFE)

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Enrique de Inglaterra y Meghan Markle se dan un beso.

un beso en la escalera del castillo de Windsor puso el broche de oro a la boda entre el príncipe Enrique de Inglaterra y la actriz estadounidense Meghan Markle, enlace que pareció sacado de una película de Hollywood y con el que muchos creen que la Familia Real británica se modernizará.

El novio no pudo evitar decirle a la novia “estás absolutamente increíble” cuando la vio llegar al altar, vestida por la británica Clare Waight Keller, directora creativa de la firma Givenchy. Fue un vestido sencillo y totalmente liso, con escote barco, que a muchos les recordaba al que llevó la infanta Cristina cuando se casó en Barcelona. Meghan lo acompañó con un largo velo, que no acostumbran a llevar en Reino Unido, bajo una tiara de diamantes y un moño bajo.

Tras la ausencia de última hora del padre de Meghan -que iba a acompañarla hasta el altar- por una operación del corazón en México;el padre del novio, Carlos de Inglaterra, tomó el testigo y acompañó a su nuera. Además, no dejó ni un momento sola a su ya consuegra, Doria Ragland. Desde el banco de la izquierda, la madre de la novia no perdió detalle del enlace y aparecía en todos los planos de la televisión en una imagen que transmitía orgullo, emoción y melancolía a partes iguales.

En la ceremonia no faltaron las miradas y gestos cómplices, pero el arzobispo Michael Curry, de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos se convirtió en el gran protagonista con una apasionada oda al amor en la Capilla de San Jorge, en presencia de la reina Isabel II de Inglaterra y del resto de la familia. “Debemos descubrir el poder del amor, el poder redentor del amor. Y cuando lo hagamos, haremos de este mundo entero un mundo nuevo. Pero el amor, el amor es el único camino. Hay poder en el amor. No lo subestimes. Ni siquiera sientas demasiado sentimentalismo. Hay poder, poder en el amor”, dijo.

Tras pronunciar el “sí quiero”, un inesperado coro de gospel cantó Stand By Me, del artista Ben E. King, en un claro homenaje a las raíces afroamericanas de la novia. En total, hubo más de 600 invitados en la recepción en St George’s Hall, donde Enrique pronunció un discurso mencionando su infancia y donde cantó Elton John, como hizo en el funeral de su madre, Diana de Gales.

Allí los invitados degustaron una tarta de boda de lo más atípica, hecha por la panadera Claire Ptak, nacida en California y dueña de una pequeña pastelería en el este de Londres. Para la ceremonia nocturna solo tuvieron invitación una lista selecta de 240 invitados que acudieron a Frogmore House, una vivienda del siglo XVII dentro de la finca Windsor. A partir de ahora, la pareja pasa a tener el título de duque y duquesa de Sussex.

dos horas extra Un sol espectacular dio pie a las largas colas en las estaciones de tren desde las siete de la mañana para llegar a tiempo y presenciar la boda de Meghan y el príncipe Enrique. Nadie se quería perder la ceremonia del año y más de 120.000 fanáticos de la Familia Real británica pusieron rumbo a las calles de Windsor. Lo hicieron desde Londres, pero también desde lugares tan remotos como Emiratos Árabes y Estados Unidos.

Varias bandas tocaban para amenizar la espera mientras que, a través de las puertas del castillo, las multitudes podían ver el gigantesco arco floral a la entrada de la capilla. En las calles no faltaban las Union Jacks en gorras, pequeñas banderas y sombreros, pero tampoco las fresas y los vasos de prosecco. “Es un día de cuento de hadas”, decía Mandy Cooke, de 64 años, junto a su hija. Tras ver la boda de los duques de Cambridge en la televisión, no se quisieron perder esta en vivo. A su lado, otros grupos de amigos cantaban canciones de las Spice Girls.

La Policía advirtió de que era mejor no tirar confeti porque representaba un riesgo para la seguridad en unas calles con francotiradores posicionados en las almenas del castillo donde tuvo lugar la boda. Como si de un día de camping o de una excursión a la playa se tratase, muchos cargaban con sillas y cestas de picnic, con todo listo para un día bajo el sol. Algunos iban vestidos como si fuesen invitados a la boda, con coloridos vestidos y tocados que también salían en las conexiones en directo de las televisiones en diferentes puntos de la isla.

La boda se celebró en sábado y eso hizo que los británicos no tuviesen un día festivo, como cuando Guillermo y Catalina se casaron en viernes y el Gobierno sí declaró un día de fiesta . Pero a los pubs se les permitió abrir dos horas más el viernes y el sábado para celebrarlo y la Asociación británica de Cerveza y Pubs cree que eso puede suponer unos 10 millones de libras de ingresos extras por todo el país.

Para volver a casa, a algunos les esperaban más de dos horas de cola en la estación de tren de Windsor, pero para muchos la espera mereció la pena y el sentimiento general de los británicos es que Enrique y Meghan “están cambiando las cosas”.


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