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El trágico final de ‘El Beckenbauer del Este’

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Un reportaje de Néstor Rodríguez - Miércoles, 16 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Lutz Eigendorf, con el Kaiserlautern.

Lutz Eigendorf, con el Kaiserlautern. (Foto: Efe)

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  • Lutz Eigendorf, con el Kaiserlautern.

el Dynamo de Berlín fue, durante años, el gran dominador de la liga de la República Democrática de Alemania. Bajo el manto protector de la Stasi, tenía el favor arbitral para ganar a su antojo el campeonato, que hizo suyo de forma consecutiva desde 1977 hasta 1987. Una de las estrellas que más lucía en los inicios de ese tramposo ciclo triunfal del conjunto Berlínés era el joven Lutz Eigendorf, nacido el 16 de julio de 1956 en Brandemburgo, que además pasaba por ser el jugador preferido de Erich Mielke, el jefe de la Stasi.

Su irrupción en la selección resultó espectacular, ya que en su debut saltó al campo a 20 minutos del final y metió dos goles que permitieron a la RDA empatar frente a Bulgaria. Aquel partido le hizo ganarse el apodo de El Beckenbauer del Este. No solo era el mejor de su equipo, internacional con poco más de 20 años e ídolo de la afición. Ser el niño mimado de la Stasi suponía privilegios dentro del férreo sistema de la Alemania del Este. Además, estaba casado y tenía una niña pequeña. Su vida parecía plena, al menos tal y como la entendían a finales de los años 70 en la Alemania del Este.

Sin embargo, se sentía “asfixiado” en el régimen de la RDA y, tras un partido amistoso que su equipo había disputado contra el Kaiserlautern, se escapó aprovechando que el autobús hacía una parada para que los jugadores hicieran alguna compra en la Alemania Occidental. Dio esquinazo a sus compañeros y cogió un taxi a los campos de entrenamiento del Kaiserlautern. Allí preguntó por Rudi Merks, el director deportivo del equipo, con quien había estado tomando unas cervezas la noche posterior al citado encuentro entre el Dynamo de Berlín y el Kaiserlautern. Animado por los tragos, le dijo: “Quiero otra vida. Necesito otra cosa. No pienso volver. Conseguiré traer a Sandy y a Gabi”. Es el punto de partida de su nueva vida, relatada en el libro Todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo, de Eduardo Verdú, que rescata con brillantez una historia que en su momento fue muy popular.

un deseo imposible“Me he escapado y me quedaré aquí”, dice Eigendorf a Merks al salir -con lo puesto, sin dinero ni ropa de recambio- del taxi que le había llevado a las oficinas del Kaiserlautern. El director deportivo lo lleva donde Norbert Thines, director general del club, a quien le insiste: “Quiero quedarme, jugar para este gran equipo, vivir en occidente. No saben cómo es la vida en la otra Alemania. Yo... me asfixio”. Thines lo acoge en su casa y lo ficha para el Kaiserlautern.

Mientras tanto, la voz de alarma ya se había dado al no regresar Eigendorf al autobús y la Stasi empieza a poner toda la maquinaria en marcha, con interrogatorios de horas a su mujer y a sus padres, que no sospechaban nada. Erich Mielke, máximo responsable de la Stasi, se lo toma como algo personal, como una traición a él mismo y al socialismo, y pone en marcha la denominada como Operación Rosa. “El objetivo era traer de vuelta a Lutz Eigendorf”, escribe Eduardo Verdú. Lo espían las 24 horas del día y le imposibilitan comunicarse con su mujer y su hija tratando de aislarlo, de que se sienta infeliz y de que eche de menos su vida anterior. También lo denuncian ante la UEFA por incumplimiento de contrato, y es sancionado con una temporada sin jugar. A los meses, su mujer le pide el divorcio.

Todo parece en su contra. Lo suyo comienza a ser una huida imposible, cada vez más lejos de su familia, aunque está decidido a no volver. A veces siente nostalgia, pero no quiere ceder y en el fondo confía en poder reunirse con su mujer y su hija en la Alemania Occidental, sin ser consciente de que su anhelo resulta inviable. Empieza a entrenar al equipo juvenil del Kaiserlautern, donde le cuesta cuajar porque los chicos no comparten sus métodos. Pero consigue ganarse el aprecio de todos y convierte a su equipo en campeón juvenil del país. Mientras, el Dynamo de Berlín gana la liga y “se divide. Está alegre y nostálgico al mismo tiempo. No olvida la trampa: los partidos amañados”.

El tiempo pasa, son ya muchos meses sin su familia, empieza a temer que su hija se olvide de él y planea incluso contratar a unas personas para que rapten a su mujer y su hija y las lleven a la Alemania Occidental, pero están las 24 horas vigiladas y la misión es abortada. Descubren que está con Peter, un antiguo compañero de instituto que en realidad pertenece a la Stasi, cuya red de espías y colaboradores se cuenta por miles de personas.

Su mujer rehace su vida y se casa con Peter. Mientras, Eigendorf debuta con el Kaiserlautern, con el que disputa dos temporadas. En 1982 ficha por el Eintracht Braunschweig. Nace su hijo, fruto de la relación con una chica que había conocido en Kaiserlautern. Pero esto no hace que la Stasi deje de perseguirlo. Al revés. Dentro de su paranoia, piensan que lo que quiere es juntar a las dos familias y, con la ayuda de Karl-Heinz Felgner, exboxeador amigo íntimo de Eigendorf pero que también era espía de la Stasi, provocan su muerte en un accidente de coche. Un trágico final para una huida imposible.

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todo lo que ganamos cuando lo perdimos todo


Autor: Eduardo Verdú

Editorial Plaza Janés

365 páginas

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