Tribuna abierta

Es ayer en América

Por Cheryl Pahahma - Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Donald Trump

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467 días. Días que parecen décadas. Solamente espero que este presidente sea destituido antes de terminar su mandato completo. Me molesta este presidente. Me molesta por obligarme a darme cuenta de que ayer es todavía hoy en América. De que los privilegios blancos y el dominio masculino son fuertes y duraderos.

Este presidente ha quebrantado mi sentido de pertenencia al siglo XXI. He vuelto a un submundo hostil en el que actitudes y comportamientos más propios del final del siglo XIX están resurgiendo entre la juventud blanca mientras sus mayores guardan silencio. Quizás nunca renunciaron verdaderamente a esas actitudes y comportamientos y los tuits y arengas de este presidente desataron las iras reprimidas enraizadas en un privilegio hereditario deseoso de afirmarse. El presidente ha rejuvenecido un sueño largamente alimentado de una sociedad solo para blancos: una utopía racista para blancos defensores de su supremacía. Pensad en las palabras de Richard Spencer, un supremacista blanco, joven, limpio, elocuente y seguidor ferviente del presidente: “Nuestro sueño es una nueva sociedad, un estado étnico que sería el punto de encuentro para todos los europeos”.

Solía decir en broma en los días anteriores a las elecciones que los varones blancos en los Estados Unidos padecieron una crisis de identidad. La presidencia de Barack Obama, el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan), los dreamers (soñadores) y su búsqueda de reformas en las leyes de ciudadanía e inmigración y el ascenso de Hillary Clinton les asustaron. Se congregaron alrededor del ahora presidente actual como una manada de perros hambrientos que confían que por fin les darían de comer. No más bromas sobre este presidente y sus semejantes.

En 2006, el FBI publicó un informe muy elaborado advirtiendo que supremacistas blancos se habían infiltrado en departamentos policiales tanto locales como federales. Una década después, el FBI ha evolucionado. En un informe de 2017, advertía de que un movimiento de “extremistas de identidad negra” en represalia por las muertes de gente negra y mestiza a manos de la Policía representaba una amenaza para la aplicación de la ley.

El FBI fue ampliamente ridiculizado en los medios sociales como profesionalmente incompetente y políticamente parcial por haber inventado el término “extremistas de identidad negra” sugiriendo que existía tal movimiento. El Southern Poverty Law Center, que vigila de cerca grupos de odio, concluyó que no existía ningún movimiento coordinado de grupos extremistas negros.

También hemos blanqueado a los supremacistas blancos. Nuestros medios nacionales les denominan nacionalistas blancos, como si fueran menos peligrosos que los supremacistas blancos de décadas anteriores. Sus creencias no han cambiado mucho, pero ahora obtienen cobertura gratis en los principales medios de comunicación.

Y nuestro presidente se ha referido a esos nacionalistas blancos como “muy buena gente”, nuestro presidente ve su activismo como la queja legítima del “hombre olvidado”, mientras su violencia y la amenaza que representa para la seguridad pública es obviada. Como reflejo de esta nueva visión del nacionalismo blanco como benigna, el presidente ha cambiado el enfoque del Programa Federal para el Combate contra el Extremismo Violento que vigilaba e investigaba grupos violentos de supremacistas blancos y otros terroristas domésticos, que se centra ahora en los musulmanes.

Durante el desfile, un nacionalista blanco mato a Heather Heyer, de 32 años, una contramanifestante blanca, atropellándola con su coche. Y un hombre negro de 20 años, DeAndre Harris, fue atacado por un grupo de nacionalistas blancos. Poco tiempo después de la violencia de Charlottesville, el presidente revisó los subsidios prometidos por la administración anterior, pero todavía no desembolsados, del programa contra la violencia extrema. El presidente revocó la financiación de los grupos que trabajan contra las amenazas de los supremacistas blancos.

Los nacionalistas blancos no pertenecen a organizaciones marginales. Son gente normal de todas partes. Por eso el FBI advirtió de supremacistas blancos infiltrándose en departamentos policiales. Por eso tiene sentido que activistas políticos cuestionen las motivaciones de agentes policiales que matan a gente negra y mestiza. Y por eso cada vez más gente percibe estos muertos como asesinatos, como violación de derechos civiles, y se aleja de la interpretación anterior que justificaba siempre la actuación policial. Podemos agradecérselo a esos grupos como esos a los que el presidente revocó la financiación, como Colour of Change o Black lives matter y a la expansión de la tecnología digital e Internet.

Bajo el mandato del presidente anterior, abusos de derechos y muertes por parte del Departamento de Policía de Chicago justificaban la presencia de un observador federal. El presidente actual ha abandonado esta práctica. En su lugar, da la impresión de que el FBI apunta hacia la estigmatización y criminalización de activistas pacíficos y respetuosos con la ley. Este cambio de enfoque no sorprende bajo el mandato de este presidente, quien como candidato felicitó a sus seguidores por pegar a la gente que asistía a sus mítines para protestar y lamentaba los buenos viejos tiempos cuando la Policía era dura y apaleaba a los manifestantes.

La postura dura y poca compasiva del presidente es evidente en su respuesta a las matanzas por armas que están afligiendo la nación. Con cada matanza sale tuiteando “pensamientos y oraciones” sin convencer a nadie de que realmente le importa lo ocurrido. Los derechos de los propietarios de las armas superan los derechos de todos los demás. El Congressional Research Service (Servicio de Investigación del Congreso) ha informado de que, comparado con los años 70, las matanzas con armas son mas frecuentes y más mortíferas. Pero este presidente ve a los propietarios de armas como americanos beatíficos y guardianes de nuestro patrimonio cultural y considera el derecho a portar armas la base aparente de nuestra libertad, lo que es un decir por cuanto el derecho a ser dueño de una arma tampoco es igual, tal y como indica la muerte de Philando Castile. Philando conducía su coche junto con su pareja e hija de cuatro años. La Policía les paró. Cuando Philando comunicó al agente que tenía un arma y la licencia correspondiente, el agente le disparó siete veces. Philando era negro.

El presidente está más alineado con este derecho por agravio que con las víctimas de matanzas por armas en público.


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