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eta ya es historia

La hora de los “imposibles”

La decisión de ETA manda a la organización armada de los periódicos a los libros de historia, y consolida los nuevos horizontes que ya se empezaron a abrir en 2011 para muchas demandas sociales y culturales.

Un reportaje de Jurdan Arretxe - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Una mujer contempla varias pantallas en las que se anuncia el último comunicado de ETA.

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Una mujer contempla varias pantallas en las que se anuncia el último comunicado de ETA.

El 1 de enero vivían en la CAV y Nafarroa 2.845.876 personas. De ellas, 610.511 habían cumplido 65 años o más. El otro 80% restante no recuerda dónde estaba cuando nació ETA. Si es que estaba. Lo que podrán saber es dónde estaban el 20 de octubre de 2011 a las 19.00 horas. También el pasado jueves a las 14.00 horas. ETA ya no existe. ¿Y ahora?

Acabada la organización armada quedan sus víctimas, los presos y la memoria, pero ¿más allá? Durante estos 59 años miles de personas han tomado parte en un gran tablero en el que, a veces de manera voluntaria e involuntaria otras, se han mezclado con la violencia muchos temas, proclamas y causas que en muchas ocasiones no tenían que ver con las de ETA. El tótum revolutum, sin embargo, estaba servido.

Competiciones deportivas, el idioma, las relaciones sociales, proyectos municipales, la cultura, iniciativas empresariales, aspiraciones políticas, planteamientos educativos, reivindicaciones sociales... Ahora que ETA ha pasado de los periódicos a los libros de historia, ¿qué?

En realidad, nada. O casi nada. “La Euskal Herria postETA, realmente, inició su andadura en 2011. Muchos cambios, de hecho, se han producido ya, empezando por la gente que ya no tiene que mirar debajo del coche cada mañana. En política, hace ya tiempo que se respira de otra forma”, reflexiona el periodista y escritor Aingeru Epaltza. Autor del ensayo Bezperaren bezpera, resume que “ahora las perspectivas mejoran, pero, como en el tema político, no ha cambiado el escenario sino las posibilidades de actuar en él”.

Siete años después de que cesara su violencia de manera definitiva, ETA bajó el jueves la persiana. “Han sido muchos años de sufrimiento, de absurdo, de violencia, de tragedia y de dolor que no han aportado nada. Se ha alargado en exceso el momento final y para la mayoría de la sociedad vasca el final se produjo el 20 de octubre de 2011”, coincide con Epaltza la doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Deusto María Silvestre.

“Desde 2011 la sociedad vasca ha avanzado mucho más que los discursos políticos o que el propio posicionamiento de la propia ETA. Quien ha necesitado tiempo y diferentes momentos y escenografías para el final ha sido ETA, no la sociedad”, fundamenta Silvestre esta impresión en el último Deustobarómetro;“ETA tan solo era una preocupación para el 0,3% de las personas encuestadas. Euskadi ha seguido avanzando hacia la normalización y se ha dado cuenta de que la paz era esto, tan simple y tan complejo a la vez”.


“La paz era esto”

La profesora explica esta aparente contradicción: “Sencilla porque la convivencia se construye día a día, desde la cotidianidad y desde el reconocimiento y el respeto del que es diferente, de forma espontánea, sin condicionantes. Pero a la vez es compleja, porque si bien la convivencia es un hecho, necesita sustentarse sobre bases sólidas de reconciliación, reparación y reconocimiento”. Condiciones que, avisa Silvestre, “no pueden dejarse al azar, hay que promover”.

La doctora en Historia Idoia Estornés publicó en 2013 Cómo pudo pasarnos esto. Crónica de una chica de los 60 y tras el anuncio de ETA siente “alivio por el fin de una situación de solapada guerra civil”, aunque llama a la reflexión sobre la violencia que se ha dado “muchas veces en Euskadi desde el siglo XIX. ¿Por qué pudo suceder aquí una sublevación que no podía darse en Madrid o Extremadura? El franquismo mató, torturó y encarceló a mucha gente en toda España, sin ocasionar un fenómeno semejante”.

“Hay que pensar que una idealización de los levantamientos carlistas, que mejores condiciones materiales y una frontera acogedora pudieron jugar un papel decisivo”, desarrolla Estornés, que a diferencia de los cuatro territorios de Hegoalde, la Guerra Civil en Catalunya “duró tres años, nadie quería volver a ella. Muchos vascos no fuimos conscientes de esto y nos creímos superiores”.

La decisión de ETA en 2011 ha hecho “la convivencia más fácil”, a juicio de Epaltza, y ahora “lo será más aún, pero todavía hay un amplio campo de mejora. En los lugares donde es muy mayoritaria, la propia izquierda abertzale mantiene a veces tics de otros tiempos. Además, a muchos de sus presos van a tardar años en verlos en la calle. A la derecha, parece que hay un sector que está ya añorando a ETA, encastillado en plan últimos de Filipinas, y azuzando a las víctimas exigiendo una victoria que, de forma bastante irracional, consideran les han arrebatado en el último momento. Pero la sociedad vasca, navarra incluida, ha pasado ya página”.

Epaltza entiende que pasar página “puede sonar despiadado. Comprendo que les duela a los que más han sufrido en todos estos años, y algo tendremos que hacer todos para mitigar ese dolor. Pero todo eso va a ser historia en poco tiempo, y lo va a ser porque nuestra sociedad tiene prisa en que así sea”.

Del final de ETA no habrá “un solo sector que no se beneficie, porque la violencia lo lastraba absolutamente todo”, recuerda Epaltza, que cree que además de los “episodios violentos ha desaparecido un elemento que dividía profundamente a la sociedad y viciaba las relaciones personales. En todos esos campos, cosas imposibles hace muy poco son ahora perfectamente factibles en el mundo de la cultura, la economía, la política, la cooperación y los movimientos sociales”.

“Incluso la entrada de las reivindicaciones feministas en la agenda política se ha visto favorecida por la mejora general del ambiente social”, sugiere el autor de Bezperaren bezpera, una impresión que comparte Estornés: “El ruido de ETA ensordeció durante 50 años a la población española. La desaparición de los varios muertos semanales por terrorismo político proyecta hacia el escenario los varios muertos semanales por terrorismo de género, que es el gran escándalo de nuestros días”.

“Según datos del Ministerio del Interior, 885 mujeres murieron a manos de sus parejas y exparejas en los últimos 15 años, sin contar maltrato, heridas y humillaciones, y sin contar los menores que perecen también a manos de ciertos hombres”, resume la historiadora, que desaparecida ETA, exige “descubrir que no hay vidas de primera y de segunda, que no fue menos vida la de Nagore Laffage que la de (José) Pardines o la de (Enrique) Casas”.

Tras las movilizaciones del pasado 8 de marzo, las proclamas feministas han alcanzado una presencia que antes no tenían. ETA, como organización, ha compartido con la sociedad a la que pertenece una estructura patriarcal donde la reivindicación feminista por la igualdad entre mujeres y hombres no ha estado presente ni ha determinado su identidad ni sus acciones”, considera Silvestre, que encuadra esta situación a que “la revolución feminista se ha pospuesto ante cuestiones que se consideraban más prioritarias o importantes”.

La desaparición de ETA “poco o nada” aportará a la lucha por la igualdad “más allá de favorecer un clima de normalidad política”. En cierta medida, puede ayudar a que “muchas mujeres, y también hombres, abandonen determinados prejuicios de apoyo a la lucha feminista al desvincularla de otro tipo de reivindicaciones políticas”.


Cae la lógica partidista

La convivencia, reivindicaciones... Muchos han sido los aspectos cuyo desarrollo se ha visto influido por la acción violenta de ETA. Entre esas cuestiones sobresale el euskera. Mikel Irizar fue presidente de Euskalzaleen Topagunea, ha impulsado la creación de medios de comunicación locales en euskera y en diciembre abandonó la Dirección de Igualdad Lingüística de la Diputación de Gipuzkoa.

“ETA comenzó como un movimiento político con un fuerte componente cultural y lingüístico, no en vano en sus orígenes hay personas como Txillardegi, claves en el proceso de revitalización del euskera en los últimos 50 años”, recuerda Irizar, que considera Txiberta (1977) como el comienzo de la “trinchera política entre quienes optaron por el marco institucional derivado del Estatuto y quienes lo rechazaron para volcarse en los movimientos sociales”.

“La confrontación entre ambos bandos ha obstaculizado el desarrollo de un movimiento ciudadano emancipado, que impulsara un suelo común para los intereses estratégicos”, recoge. Entre ellos, el euskera: “El movimiento social por su revitalización ha estado notablemente condicionado por la lógica partidista: la izquierda abertzale, con presencia mayoritaria en el movimiento social, se enfrentaba sistemáticamente a la actuación institucional, y las instituciones -donde el PNV era mayoritario- desconfiaban de las dinámicas sociales y, a menudo, las torpedeaban”.

Estornés comparte que, “entre dos potencias demográfico-lingüísticas” y en un mundo en el que “con un móvil bien dotado se atraviesan muros de incomprensión”, “el euskera ha sido instrumentalizado por bastantes, de acuerdo, pero es una buena seña de identidad, como el apellido individual o el reloj de oro de la abuela (aunque haya que darle cuerda). Es un valor en alza”.

Con el nuevo escenario, María Silvestre cree “deseable que la normalización social y política también implique la normalización lingüística y el que el euskara sea vivido y sentido como un elemento cultural que pertenece a toda la sociedad vasca, al margen de ideologías”.

Epaltza introduce la realidad navarra en la cuestión. “La mera existencia de ETA ha sido utilizada para alejar de la lengua vasca a un buen sector de la población. En amplias zonas de Navarra y en la propia capital, generaciones enteras han crecido en un ambiente donde lo vasco era percibido en el mejor de los casos como extraño, cuando no como amenaza pura y dura. Ese sentimiento está ahí y no se borra por decreto. Revertirlo costará mucho tiempo y políticas muy inteligentes”.

“El fuerte solapamiento entre la izquierda abertzale y el movimiento social del euskera ha sido utilizado por el poder español para atacar indistintamente a ambos, con la excusa de ETA”, añade Mikel Irizar, que cita el cierre de Euskaldunon Egunkaria como el caso “caso más evidente”, sin olvidar “otras agresiones no menos dañinas”.

La organización armada adoptó el euskera como su idioma preferente. “El revulsivo político que supuso ETA en sus primeros años tuvo su reflejo también en el ámbito lingüístico, la renovación ideológica que aportó respecto al PNV incluía un mayor compromiso con el euskera”, señala Irizar, que invita a medir “la influencia que ha podido tener en la actitud social el hecho de que ETA haya adoptado el euskera como preferente y, en los últimos lustros, como única en su comunicación social”. Cree plausible que el progresivo mayor rechazo a ETA “se haya transmitido en alguna medida a la lengua que utilizaba”.

Un escenario que a los agentes euskaltzales a “un punto de resignación, que no se podía hacer más, que con eso nos teníamos que conformar”. Hoy en día, “hay otro ambiente y ámbitos de trabajo que hace cinco años eran imposibles”.

“La dinámica colaborativa en torno al euskera ya está en marcha, el punto de inflexión ya se ha producido y la desaparición de ETA solo ha sido un último trámite, no tendrá una incidencia especial”, describe Irizar, que tras dos años y medio en la Diputación, ha percibido “un cambio de ambiente y de actitudes que luego se concretan en iniciativas”, como Euskaraldia. “Esto no significa ni que todos estemos de acuerdo en todo ni que estemos a besos”, avisa Irizar. “Habrá confrontaciones, pero serán desde un suelo y una perspectiva común”.


Nuevas cuestiones

El final de ETA puede traer no tanto nuevos escenarios sino otras “posibilidades de actuar en él”, como dice Epaltza. ¿Una alianza abertzale? ¿Pactos de gobierno como el tripartit catalán? ¿Una mayor colaboración entre la CAV y Nafarroa?

La clave, asegura Epaltza, vuelve a 2011. “El cambio en Navarra tampoco se hubiera podido producir con una ETA en activo. Ni habría habido votos suficientes, ni habrían sido posibles los acuerdos de 2015 entre las fuerzas políticas del cuatripartito. Lo normal sería que esos procesos se acentuasen, pero no hay nada escrito”.

Aun así, llama a la prudencia en unas relaciones entre la CAV y Nafarroa que se están dando ya: “Suponiendo que ETA hubiera tenido que existir alguna vez, muy probablemente lo mejor que nos habría podido pasar a todos es que se hubiese disuelto para antes del año 80. Lo ha hecho en 2018, en un escenario político e institucional que no tiene nada que ver con el de los tiempos de la Reforma, y muchas de las cosas que entonces en los ambientes considerábamos factibles ya no lo son. Quizás, ni siquiera sean deseables a corto o medio plazo, por lo que yo no perdería un minuto en insistir en ellas”.

“La desaparición de ETA no pone el marcador a cero, tampoco social ni políticamente. Algunos de los daños colaterales de la violencia tardarán generaciones en superarse”, redondea Epaltza una opinión que en cierta medida comparte Silvestre: “La normalización política permitirá incluir cuestiones en la agenda que habían estado fuera y que no podían incluirse porque la existencia de ETA les negaba la legitimidad política por carecer de legitimidad ética y moral”, aunque avisa de que “algunas cuestiones no van a ocurrir solo porque desaparezca ETA”.

las claves

“No ha cambiado el escenario, sino las posibilidades de actuar en él”

Aingeru Epaltza

Periodista y autor de ‘Bezperaren bezpera’

“Desaparecida ETA, es hora de descubrir que no hay vidas de primera y de segunda”

IDoia EstornÉs

Historiadora y autora de ‘Cómo pudo...’

“Algunas cuestiones no van a ocurrir solo porque desaparezca ETA”

María Silvestre

Doctora en Ciencias Políticas y Sociología

“Con el euskera hay un cambio de actitudes que luego se concretan en iniciativas”

Mikel Irizar

Exdirector foral de Igualdad Lingüística


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