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giro de italia 2018

Dumoulin desangra a Froome

El holandés vence en Jerusalén y logra 37 segundos de renta sobre el británico, accidentado durante el reconocimiento del circuito

César Ortuzar - Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Pello Bilbao obtuvo una fantástica sexta plaza en meta.

Pello Bilbao obtuvo una fantástica sexta plaza en meta.

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Pello Bilbao obtuvo una fantástica sexta plaza en meta.Froome, herido, durante el entrenamiento de la mañana.

donostia- El Giro repele al Sky, como si no lo quisiera ver altivo en sus tierras, en el latifundio de su leyenda. No hay color rosa para los británicos ni en Israel, donde se disparó la carrera por eso del dinero y no tanto por la globalización o tal vez porque la aldea global no deja de ser la patria del dinero, que nunca tuvo bandera que defender. El Sky representa, como ningún otro, ese ciclismo que se dice nuevo, pero ni con esas puede con la maldición de Italia ni cuando Italia es Oriente Próximo y se descapota en Jerusalén Oeste. En la tierra prometida, Chris Froome probó la dureza del asfalto. Rostro pálido. Antes padecieron la ira del Giro Porte, Geraint Thomas o Mikel Landa, atravesados todos por el mal de ojo italiano cuando vestían del Sky. Entre los muros de Jerusalén Oeste se abolló Froome el costado derecho en una caída que le arrastró por el suelo viejo de una ciudad tan vieja que es todo memoria y le dislocó ante el forzudo Dumoulin, ganador de etapa, primer líder y 37 segundos mejor que Froome en la crono. “Era un recorrido perfecto, muy técnico y con mucho cambio de ritmo. Para mí se trataba de ir a tope, recuperar, ir de nuevo a tope. Me beneficiaba mucho respecto a los rivales”.

El británico, favorito máximo a la corona de laurel en Roma, se estampó cuando ojeaba el recorrido revirado y revoltoso de la contrarreloj por la mañana. El entrenamiento concluyó con Froome ensangrentado, raspado desde la rodilla hasta el hombro pasando por la cadera. Cabizbajo, pensando que tal vez no había sido una buena idea lo del Giro, se resguardó en el hotel. “Una caída siempre va a doler, pero estoy contento de que no haya sido nada serio. Obviamente vi lo que le sucedió a Siutsou, que está en el hospital, así que estoy contento de no haberme lesionado”, explicó Froome. Miguel Ángel López (Astana) acompañó al británico en su destino de lija. Se dejó la piel de la rodilla izquierda. A Kanstantsin Siutsou (Bahrain) le fue peor. No hubo hotel para él, solo un hospital. Se fracturó la tercera vértebra cervical en la curva más peligrosa, a mitad de recorrido, mientras inspeccionaba el trazado. El Giro no había empezado y se cobró su primera víctima.

Por la tarde hubo más derrotas. Ninguna con tanto eco como la de Froome, que perdió 37 segundos con Dumoulin y su flamante victoria. “No confío en las etapas contrarreloj para intentar ganar este Giro ante Tom Dumoulin. Él ha hecho una gran crono. Llegar y ganar es impresionante, le felicito. Tom Dumoulin ha ganado tiempo ante los rivales de la general, es cierto, pero hay un largo camino por recorrer y es bueno estar aquí y comenzar la carrera”, desgranó Froome. El holandés batió por dos segundos a Rohan Dennis (BMC) e hizo un traje a sus rivales. A Froome le vistió de luto. Dumoulin lució de rosa. El color de la vida en el Giro. “Esto es lo que deseaba, ganar la etapa y sacar una buena cantidad de tiempo a mis rivales de la general. Sabía que estaba en condiciones para comenzar el Giro, pero no estaba seguro de poder ganar la crono”, determinó Dumoulin en Jerusalén Oeste.

La ciudad santa recordará para siempre las heridas de Froome, las físicas, pero también las de la psique, tan complejas, un laberinto con Minotauro y una única salida, probablemente la de emergencia. Acechado por la investigación que escudriña su resultado adverso por salbutamol en la Vuelta y noqueado por la caída durante el entrenamiento, Froome se quedó fuera de rango en la crono de Jerusalén Oeste, donde se elevó la egregia figura de Tom Dumoulin, campeón del mundo contrarreloj, el último poseedor de la maglia rosa y el que la estrenó con celeridad. Cambió el arcoíris por el rosa a la velocidad a la que Clark Kent se vestía de Superman en una cabina de teléfonos.

El holandés fue un chupinazo entre las callejuelas sinuosas de Jerusalén Oeste. Allí se esperaba el vuelo de Froome, el de siempre, pero de él solo quedaba un cuerpo magullado, colgado de las dudas como volutas de humo suspendidas en el aire de los interrogantes. El británico pedaleaba en el aire. El sillín era un diván, carcomida la confianza por el accidente matutino, que le destempló el cuerpo y le manteó la mente. En ese paraje, con el calor pegajoso de los bochornos, abrazando el esfuerzo, a Froome se le escapó el tiempo. Derretido en las manecillas. El británico no solo se quedó a un mundo de Dumoulin, también fue peor que Pozzovivo (Bahrain), Pinot (Groupama) o Simon Yates (Mitchelton). El reloj reforzó a Dumoulin, que abrió la primera brecha con un directo seco al mentón. No solo Froome se tambaleó. La Mariposa de Maastrich sacó el aguijón y picó a Pinot (33”), Formolo (40”), Chaves (46”), Aru (50”) o Miguel Ángel López (56”). “El Giro es muy largo. Es bonito llevar la maglia el primer día, y ojalá pudiera llevarla las tres semanas. Tenemos que ir poco a poco. Esto no ha hecho más que empezar”, dijo.

magnífico pello bilbaoEntre esa foresta, se enfatizó el tallo de Pello Bilbao (Astana) tremenda su crono para ser sexto en meta. Al gernikarra solo pudieron batirle los especialistas, tipos poderosos, cincelados para pelearse con el reloj. Pello se coló por el ojo de la cerradura de una crono que le puso en órbita. En un trazado exigente, curveado y varios repechos -el del final resultó determinante-, el gernikarra mostró lo mejor de su catálogo en el arranque del Giro. “Ha sido la crono de mi vida”, destacó el gernikarra, con la alforja de la confianza repleta después de su victoria de etapa en el Tour de los Alpes y su octavo puesto en la general de la Itzulia, Pello se desató. No había nudo que atara al gernikarra, disfrutón sobre la bici de contrarreloj, aunque estas se asemejen a potros de tortura. Eso sintió Froome, dolido, deshabitado en un crono que le complica la triple corona, volteado en el primer asalto. Froome no abandonó el muro de las lamentaciones en Jerusalén. Por la mañana maldijo su mala suerte y por la tarde confirmó con amargura y vendas que lo que no mejora empeora.

Más ante Dumoulin, que pulverizó su registro con una actuación expeditiva. Embutido en el maillot Etxeondo, el mismo que cubría la piel de Indurain cuando el navarro era el monarca del tiempo y el emperador del ciclismo, Dumoulin, grapado, jinete sin cabeza, planchado para la aerodinámica, dio cuerda al reloj del Giro con celeridad. No tardó. Dumoulin acumuló una renta estupenda y desangró a Froome.

etiquetas: ciclismo, froome, dumoulin


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