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Gaizka Urresti dIRECTOR DEL DOCUMENTAL ‘aRIZMENDIARRIETA. EL HOMBRE COOPERATIVO’

“Arizmendiarrieta era una persona que, aunque pensaba en el paraíso y en el cielo, se preocupaba por el progreso de los ciudadanos”

El director ha combinado entrevistas, recreaciones y archivos en ‘El hombre cooperativo’, un documental que se preestrena hoy (18.00h.) en el Amaia de Arrasate

Alex Zubiria Iker Azurmendi - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Gaizka Urresti.

Gaizka Urresti.

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Gaizka Urresti.

donostia- Con el objetivo de “hacer justicia a un personaje clave en la historia de Euskadi”, Urresti aborda los valores de este cura, fundador de la cooperativa Mondragón.

¿Cómo surgió el proyecto?

-Nació de una inquietud propia. Estaba buscando personajes euskaldunes de la cultura para hacer un documental biográfico que se pudiera financiar a nivel estatal y vasco, cuando un amigo me dijo que si quería una historia ejemplar cogiera la de este cura de pueblo que creó la mayor cooperativa del mundo. Yo conocía que la cooperativa Mondragón la había formado un sacerdote, pero poco más, así que me leí la biografía que había escrito Fernando Molina y encontré un personaje singular. No solamente por las dimensiones de lo que lideró, sino también por su pensamiento y su vida.

El documental ahonda en la figura de Arizmendiarreta a través de entrevistas, archivos e imágenes.

-Sí, se compone de varios elementos. Por un lado, están los testimonios de aquellos jóvenes en su día, hoy ancianos de 90 años, que participaron en la creación de la cooperativa, como Ormaechea y Gorroñogoitia, y de estudiosos de su vida. Por otro lado, está el material de archivo que hemos recogido, las recreaciones con animaciones sobre situaciones concretas de su vida e imágenes actuales de la cooperativa y su proceso de beatificación.

Inició el trabajo en 2013, ¿ha sido un proceso costoso?

-En estos cinco años no solo me he dedicado a este proyecto, si no me habría muerto de hambre (risas). Pero no me lo he podido quitar de la cabeza hasta que ha salido a la luz. Empecé a grabar a los pioneros de la creación de la cooperativa en 2015, porque tenían una edad delicada y no quería perder su testimonio. De hecho, un par de entrevistados han fallecido en este tiempo. El proceso de documentación, en cambio, sí que ha sido más largo y costoso.

Para muchos, no solo de fuera de Euskadi, sino de aquí también, Arizmendiarrieta es un gran desconocido. ¿El documental busca dar la vuelta a esa realidad?

-Sí, ese es uno de los objetivos. Queríamos hacer justicia con un personaje que es clave en la historia de la segunda mitad del siglo XX en Euskadi, pero también dar a conocer su ejemplo y ver si ese pensamiento adaptado oportunamente al siglo XXI tiene un recorrido. Me gustaría que el espectador reflexionase sobre si estos valores, que sirvieron en una época concreta, pueden aplicarse hoy en día.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido de su vida?

-Aunque tenía un pensamiento rico y variado, lo más sorprendente para mí es la tenacidad que tenía para sacar adelante el proyecto. Todos podemos tener grandes ideas, pero luego hay que llevarlas a ejecución. Más si cabe con unos condicionantes tan grandes como los económicos, políticos y de régimen dictatorial que tenía. Como curiosidad, también me ha llamado mucho la atención que, a pesar de ser un lider que aglutinó tantas voluntades en un proyecto colectivo, era un pésimo orador. Cuando me enteré de que tanto en el púlpito como en las clases era tedioso, me sorprendió. Hoy en día entendemos a un líder como alguien que ilumina la palabra.

Algo también impensable en la actualidad es un cura con una visión tan consumista.

-Esas paradojas del ser humano, al igual de lo que decía del liderazgo y lo mal orador que era, me apasionan. A pesar de ser una persona muy austera, no se puede entender su obra sin el consumismo incipiente de la década de los 60. Era una persona que, aunque pensaba en el paraíso y en el cielo, se preocupaba por el progreso de los ciudadanos.

Fue uno de los primeros en impulsar la incorporación de la mujer al trabajo.

-Efectivamente. La película apenas toca ese tema, pero él, a pesar de llegar con retraso a un término muy contemporáneo como es la igualdad, supo ver con anticipación que la mujer tenía que tener un rol más allá del de ser una ama de casa. Esa es otra paradoja, ya que en sí, era un hombre de la Iglesia y defendía a la familia tradicional. Él fue de los primeros en abrir estudios avanzados para que la mujer pudiera liberarse, algo que en los años 50 no era posible. Creo que fue un pionero en este aspecto, siempre y cuando pongamos como contexto su época.

Valorando la reflexión que planteaba a los espectadores hace un momento, ¿cree que el proyecto de Arizmendiarrieta habría surtido efecto en la Euskadi actual?

-El proyecto se genera en una sociedad de tremenda necesidad, dividida tras la Guerra Civil y en la que todo estaba por construir. Era además una sociedad en la que la Iglesia jugaba un papel importante, del que se valió para tejer una línea de complicidades y accesos a centros de poder que actualmente la Iglesia no tiene. Por lo tanto, la misma situación, tal y como lo hizo, no se puede trasladar a 2018. No obstante, lo de buscar una transformación desde lo local sí sigue siendo un gran ejemplo.

Tras empaparse de su vida, ¿se animaría a pronosticar cómo hubiera actuado ante el cierre de Fagor?

-A nivel económico no, pero es imaginable si partimos de una de sus premisas: la de ir siempre un paso más allá y no ser complaciente. Él se refería al proyecto como la experiencia cooperativa Mondragón, ya que decía que no era un modelo, sino que vivía el día a día y estaba continuamente transformándose. En el documental, Ormaechea responde que si fuera por Arizmendiarrieta, y a diferencia del resto de miembros fundadores, Fagor no hubiera quebrado.

Por otro lado, ha contado con Kepa Junkera para componer la banda sonora.

-Admiro mucho a Kepa Junkera porque tiene una capacidad increíble de transcender en lo universal partiendo de lo euskaldun. Cuando una parte del documental estaba montada, me puse en contacto con él pensando que me diría que no, pero tardó cinco minutos en contestar con un sí. Es apasionante ver cómo se implica en los proyectos. A la hora de componer el tema principal me pidió la máquina de escribir original de Arizmendiarrieta, porque era el arma con la que él creaba, y quería transformarla en un instrumento más.

¿Qué recorrido va a tener el documental tras el prestreno?

-Es una película que requiere mucho tiempo de promoción. El lunes la presentaremos en Bilbao, el martes en Gasteiz, el viernes en Portugalete y el día 15 en Iruña. Comercialmente se estrenará el día 11 en los cines Trueba de Donostia, en los Multicines de Bilbao y en los Florida de Gasteiz. Queremos conseguir una asistencia impactante en Euskadi antes de ir a nivel estatal, que será en junio. También la presentaremos a los Goya, e incluso hicimos un tema original con Kepa Junkera con esa intención.


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