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Generación sin ETA

Pese a no haber vivido en primera persona los años más duros de ETA, los jóvenes vascos son muy conscientes de la importancia del final de la banda. Este periódico pulsa la opinión de los estudiantes de la UPV/EHU.

Un reportaje de Carlos C. Borra - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Los estudiantes de Periodismo y Publicidad Urko Gaspar, Alazne Hernández, Alba Blanco, Lidia Gauna, Andrea de León y Jaione Llamosas, ayer en Leioa. Fotos: José Mari Martínez

Los estudiantes de Periodismo y Publicidad Urko Gaspar, Alazne Hernández, Alba Blanco, Lidia Gauna, Andrea de León y Jaione Llamosas, ayer en Leioa. Fotos: José Mari Martínez

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Los estudiantes de Periodismo y Publicidad Urko Gaspar, Alazne Hernández, Alba Blanco, Lidia Gauna, Andrea de León y Jaione Llamosas, ayer en Leioa. Fotos: José Mari Martínez

“No creo que vaya a cambiar demasiado el panorama tras este anuncio” “Al Gobierno español no le interesaba porque usaba a ETA para poner obstáculos a los vascos” “Su disolución definitiva era algo necesario y más vale tarde que nunca” “ETA no ha conseguido lo que esperaba con su cese y al final ha tenido que tirar la toalla” “No éramos conscientes de que seguían ahí pero las víctimas habrán agradecido su fin”

Por su juventud, o no han conocido directamente los años más duros de la actividad de ETA o no eran plenamente conscientes de lo que sucedía. Pero los universitarios vascos admiten la importancia de la desaparición de la banda y, en la mañana de ayer en el campus de Leioa de la UPV/EHU, trasladaron a este periódico su valoración de la noticia. “Somos más conscientes ahora que ya ha pasado todo”, afirma Urko Gaspar, santurtziarra de 19 años y estudiante de Periodismo. Sentado en una terraza junto a cinco compañeras, todas ellas alumnas de Periodismo o de Publicidad y Relaciones Públicas, también deslizan críticas hacia el pronunciamiento de ETA. “Creo que es algo que tenía que acabar pasando”, comienza Lidia Gauna. “El dolor no se puede quitar, el daño ya está hecho”, apunta Alazne Hernández, algo en lo que coincide Andrea de León: “Aunque pidas perdón, si tiras un vaso al suelo y se rompe da igual lo que hagas, ya está roto”. Lidia, gasteiztarra de 18 años, apostilla que “ha hecho mucho daño a las familias, entonces por mucho que pida perdón... Pero nunca está de más”. También censuran el hecho de que dicha petición de perdón se haya dirigido tan solo hacia sus víctimas colaterales: “Hay que pedir un perdón general, no colateral”, aseveran, por lo que dudan de la “sinceridad” de la banda. “Se supone que si piden perdón es porque están arrepentidos de haber matado a un montón de gente”, insisten. Por este motivo, según su parecer, la asunción selectiva de su culpa “tampoco se ve sincera”.

Respecto a sus recuerdos sobre la actividad de ETA, los ejemplos surgen con facilidad. “Yo soy de Bolueta y un día mi madre estaba superpreocupada en casa bajando las persianas porque pensaba que iba a haber un atentado terrorista. Fue hace muchos años pero mis padres me cuentan muchas cosas que han vivido, que han visto o escuchado, y creo que es algo muy duro”, relata Alazne, de 20 años.

Andrea, de la misma edad y natural de Portugalete, aporta su experiencia: “Mi padre tenía una banda de música y en aquella época viajaba mucho por los pueblos. Al conducir una furgoneta con los instrumentos llamaba más la atención y le pararon muchísimas veces” en controles de carretera. “Me ha contado ese tipo de cosas porque yo entonces era más pequeña y no me enteraba mucho”, añade.

Enfrascadas en pleno debate, mientras el conjunto de alumnos se mueve entre clase y clase -el entorno de la cafetería pasa de ser un hervidero a quedar vacío a las 12.00 del mediodía-, los temas se suceden. Jaione Llamosas, futura periodista de Karrantza, se refiere a cuestiones pendientes como la de los presos y asevera que “el acercamiento de los que han sido miembros de ETA a sus familias siempre es beneficioso, cada uno en su terreno lo ha pasado mal, entonces que haya diálogo y que se comprenda es importante”.

Para estos jóvenes, incluso el programa de humor Vaya Semanita se antoja algo lejano -“parodiaban la situación política y nos lo tomábamos con más naturalidad”, lo define Jaione-. Esta veinteañera recuerda “dos casos de intento de atentado” en su localidad, con sendas bombas en un cajero y un autobús, y cómo cambió la situación tras el cese de la actividad armada decretado el 20 de octubre de 2011, cuando “a juicio de la gente, ETA quedó en un segundo plano”.

Respecto a la memoria de las víctimas, coinciden en que no tienen una presencia suficiente en la actualidad de Euskadi, de lo que culpan en parte a los medios de comunicación. Una vez ETA ha certificado su disolución, “ya se deja un poco de lado, todo es secundario”, señalan. Agregan que, tras el cese de la actividad armada, “la gente se empezó a sentir más segura al no haber atentados con víctimas y al final pasaban”. Como consecuencia añadida, “han salido a la luz otros temas, como por ejemplo ahora el de La Manada, que tiene el triple de titulares de lo que puede ser este cese”, al igual que los casos de corrupción.

El único tema sobre el que no se pronuncian es la asunción de las vías exclusivamente políticas que llevó a cabo la izquierda abertzale como factor decisivo para el final de ETA -“eso ya es política”, coinciden-. Al contrario, la pregunta de si la existencia de ETA ha condicionado la imagen de Euskadi fuera de sus fronteras es respondida con un contundente “sí”. Las anécdotas se suceden, y así Andrea recuerda que “hace unos años fui a Salamanca y me preguntaron si teníamos una asignatura en clase en la que nos enseñaban a montar las pistolas”, lo que provoca las réplicas de asombro de sus compañeras. “A mí me ha pasado estar en el paseo de Laredo, que alguien me pregunte si soy vasca, yo le responda que sí y me diga: Pues arriba España”, añade Alazne. Lidia rememora que “yo veraneo en Benidorm y a veces de cría, por llevar una pulserita con la bandera de aquí, te decían: Joder, vasca, a ver dónde has estado metida”. Ello pone de manifiesto, a su juicio, la existencia de “un prejuicio tremendo, nos meten a todos en el mismo saco y no todos somos iguales”. Andrea de León atestigua por último “mogollón de peleas” que han tenido lugar en Noja a cuenta de un “viva España” o un “gora Euskadi”. “Hay mucho pique por las banderas”, zanja.


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