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A por ellos

El partido de todos

Por Mikel Recalde - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:04h

El equipo de la Real posa antes del comienzo del derbi el pasado sábado en Anoeta.

El equipo de la Real posa antes del comienzo del derbi el pasado sábado en Anoeta. (Ruben Plaza)

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El equipo de la Real posa antes del comienzo del derbi el pasado sábado en Anoeta.A por ellos - Mikel Recalde

no deja de ser paradójico que, con lo larga que se nos estaba haciendo la temporada, al final va a resultar que se nos va a quedar corta. Creo que todos coincidimos en que no ha sido un año sencillo. Ni para el club, ni para sus aficionados, ni para los periodistas. Yo sobre todo lo acuso a la hora de escribir este artículo que intenta edulcorar las previas de todos los encuentros que disputa la Real. En total, se lo puedo concretar con exactitud, 46 columnas. Algunas más largas y otras más cortas. Unas más sentimentales, otras más críticas y duras. Algunas más populistas y hasta ventajistas, y otras más básicas y planas. Divertidas otras, y más discretas o hasta aburridas algunas. Me siento un auténtico privilegiado porque el periódico en el que trabajo me da plena libertad para expresar todas mis ideas y, debo reconocer con orgullo y muchísima alegría, que no me puedo quejar de las alabanzas que recibo por mis escritos. Uno entiende que desde el boom de las redes sociales los periodistas estamos tan expuestos a la crítica como los propios jugadores. Antes, la mayoría de la gente te podía leer y pensaba si estaba más o menos de acuerdo, pero a nadie se le pasaba por la cabeza ponerse en comunicación contigo para censurarte porque en lugar de ponerle un 6 a, por ejemplo, Illarra, le habías suspendido con un 4. Cualquier redactor debe asumir esta rueda, porque si tu trabajo consiste en evaluar a las personas, me parece justo, siempre con educación y civismo, que se pongan en tela de juicio tus valoraciones. Es más, ningún periodista posee la verdad o sabe más que otro aficionado por el mero hecho de escribir en un medio. Aunque muchas veces parece que nos gustar presumir de ello, en la carrera no se cursa dicha asignatura ni la de aprender a escribir.

Este año han llegado innovaciones, y además de, por supuesto, recibir palos de gente que no estaba de acuerdo con mis artículos, han aparecido dos personas, una de ellas a la que respeto y aprecio muchísimo y otro despistado agente politizado, que han censurado que esta columna se denomine A por ellos. El primero, porque le parecía demasiado beligerante y agresivo, y el segundo, porque lo relacionaba con los ánimos que recibieron los guardias civiles cuando emprendieron camino a tierras catalanas (los mundos de Twitter también son inescrutables).

Escribir esta columna provoca que asimile y relacione todo lo que voy viendo y me va pasando a lo largo de la semana para tratar de elaborar una columna con gancho y en condiciones. Como no puede ser de otra manera, en mis vivencias, los protagonistas estrella son los seguidores txuri-urdin. Los que más me marcan y los que más me llegan, entre otras cosas porque según qué edades tengan, muchas veces me siento reflejado en ellos.

Un ejemplo. Al recoger mi acreditación antes del encuentro ante el Girona, se me acercó un niño muy gracioso y guapete. Rubio, con cara de pillo y brillo en sus ojos. Me tocó en la espalda y me dijo: “Hola, ¿no te acuerdas de mí?”. Me quedé bloqueado, hasta que llegó al rescate su aita: “Somos los de Salzburgo. Nos encantó lo que escribiste de nosotros”. Ahí caí. En el A por ellos tras la eliminación, me preguntaba por el disgusto de los primeros niños que me encontré en las calles austriacas el día de partido. Como es lógico, estaban tan abrigados que era difícil reconocerles en Donostia. Lo reconozco, esas cosas me siguen emocionando.

Pero también hay episodios no tan agradables que te suceden de forma inesperada por la calle. Como a bastantes o a muchos (espero), en Semana Santa se me fue un poco la mano con las tapitas en el bar. Después de dos semanas cuidándome a base de un esfuerzo sobrehumano, conseguí bajar un par de kilitos. El caso es que la semana pasada iba corriendo por los puentes de Donostia y, como me sentía más ligero, me estaba gustando mientras devoraba kilómetros (cinco como máximo). Marchaba crecido, a buen ritmo, cuando ya enfilaba la meta que me había marcado (bueno, es cierto, ya estaba tocadete) hasta que me topé con una persona a la que identifico y sitúo en los alrededores de Anoeta. De esos que parecen nerviosos, que siempre van con prisa por la vida. Nada más reconocerme, su saludo casi me hundió en la miseria. A voz en grito, me espetó: “¡Me cago en D… ¡Pero qué puto gordo estás!”. Tal cual. Así, a puerta gayola. Cariacontecido, manteniendo el tipo como podía, le sonreí buscando algo de complicidad (y me temo que de misericordia): “Ya te digo”, le respondí. Pero no encontré compasión alguna. Mientras se alejaba, sin esbozar ni el más mínimo gesto de cariño, proclamaba a los cuatro vientos: “¡El periodista deportivo! Luego para decir chorradas bien que habla”. No sufran por mí, no pasa nada, supongo que como les solemos decir a los futbolistas, va en el sueldo. Lo he superado sin problemas y sin necesidad de ayuda (solo estoy probando con todo tipo de técnicas de adelgazamiento radicales).

Creo que en realidad formamos una familia bien avenida. Con opiniones para todos los gustos, prototipos muy marcados o definidos, acompañados de sus correspondientes referencias. Todo como bastante bien ordenado. Imagino que en la mayoría de clubes que presume de contar con una afición tan apasionada y tan enamorada de sus colores sucederá parecido. A lo que quiero llegar es a daros las gracias a todos, porque indirecta o directamente, y voluntaria o involuntariamente, me habéis dado ideas para escribir estos artículos. Hoy, en vísperas de una soñada final, aunque en versión especial, me gusta pensar que nos lo merecemos. Que la Real nos la debía. Luego podrán ganarla o perderla, pero las alegrías y enfados, risas y lágrimas tienen su culminación hoy, cuando, pese a que ganar tampoco nos aseguraría nada, nos volvemos a poner a tu lado para arroparte y tratar de empujarte hasta la victoria. Así es la legendaria existencia y la trayectoria cíclica de nuestro equipo. Después de lo que hemos pasado, estamos preparados para todo. Por cierto, he vuelto a coger tres kilos. Uno por cada punto que queremos que sume la Real en Sevilla. Para quien le importe. Sin complejos. ¡A por ellos!


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