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#cuéntalo ya es un clamor social

Cientos de mujeres indignadas por la sentencia de La Manada comparten sus historias personales de abusos y agresiones a través del hashtag que les da voz

Un reportaje de Jorge Napal. Fotografía Gorka Estrada - Martes, 1 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Una mujer porta un cartel en apoyo de la víctima de ‘La Manada’ en una protesta en Donostia.

Una mujer porta un cartel en apoyo de la víctima de ‘La Manada’ en una protesta en Donostia.

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Una mujer porta un cartel en apoyo de la víctima de ‘La Manada’ en una protesta en Donostia.

sus testimonios en primera persona resultan estremecedores. La sentencia del caso de La Manada no solo ha desatado una oleada de rabia e indignación, sino que está sirviendo para crear un relato común de cientos de mujeres. El clamor en las calles se ha trasladado a las redes sociales, donde las historias en primera persona de abusos y agresiones sexuales están siendo una constante.

“Fui violada en la calle, de noche, a punta de navaja, por un desconocido. Mi única obsesión era sobrevivir. Durante mucho tiempo, una parte de mí seguía culpándome. Por la ropa. Por el maquillaje. Por caminar sola de madrugada”, narra una mujer muy afectada psicológicamente. Pocas veces una sentencia ha originado semejante reacción social. El aluvión de testimonios en solidaridad con la víctima de La Manadaha encontrado un lugar común: el hashtag #cuéntalo,o en su versión en euskera, #kontaezazu.

Vivencias traumáticas, historias de abusos que se han viralizado en las redes, y que revelan el manto de silencio que persiste ante esta lacra. También permite comprobar hasta qué punto la violencia de baja intensidad forma parte de la cotidianeidad de las mujeres. “Esperaba al taxi para subir a Aiete, a mi casa. Eran las 7.00 horas y volvía de fiestas de Hernani. Un monovolumen particular se paró junto a mí. Bajó la ventanilla, me miró y se sacó su asquerosa polla y se empezó a masturbar. Me bloqueé”, cuenta una joven donostiarra.

En la mayor parte de los casos, según reconocen las propias víctimas, no denunciaron los hechos. La iniciativa ha puesto en evidencia el abismo que media entre las cifras oficiales que ofrecen las estadísticas y la realidad paralela con la que conviven.

Una joven de Getaria hablaba ayer del “clásico ligue” que tuvo con catorce años. El chico al que conoció contaba con 16. “Nos dimos un beso, hasta que me cogió la mano, me la apretó y me tumbó mediante empujones tratando de bajarme las bragas. Le di un golpe y conseguí escapar”.

Twitter está siendo la red social que más protestas acumula a través del hastag #cuéntalo. La mecha de esta iniciativa la prendió el jueves la periodista Cristina Fallarás dando voz a las mujeres que se han sentido victimizadas. “Las mujeres no tenemos relato porque nos lo han hurtado”, denunciaba ayer la escritora.

“Nos dimos un beso, hasta que me cogió la mano y me tumbó mediante empujones tratando de bajarme las bragas”, relata una joven

‘La no violación’

Fue ese mismo día cuando recuperó en su cuenta de Twitter un artículo de la codirectora de Público, Virginia P. Alonso: La no violación, en la que narra cómo varios hombres intentaron agredirla sexualmente cuando tenía trece años. “Eran ocho o diez tipos, aunque a mí me parecieron cincuenta en el momento en el que tomé la decisión de levantarme y salir corriendo, y cincuenta mil a medida que me agarraban, levantaban la falda, sujetaban y manoseaban, mientras se reían y balbuceaban cosas que no entendía. Salí de allí como pude. Me zafé de sus manos a codazos, a patadas, a pisotones, a golpes. Corrí despavorida sin mirar atrás, convencida de que ellos venían detrás de mí. Solo quería llegar lo más lejos posible, donde fuera, porque ni siquiera sabía bien hacia dónde corría”.

Este relato de unos hechos ocurridos en verano de hace más de 30 años es el que ha espoleado a otras mujeres a narrar su propia experiencia. Algunas lo hacen con nombre y apellido, como es el caso de Oihana Bartra. “Todavía hoy me asusto cada vez que al entrar al portal escucho el sonido de la puerta. Me asusto porque sin querer todavía me viene el recuerdo de aquel hombre que me sorprendió por la espalda y me agredió”.

Otra joven de Zarautz recuerda un episodio violento en fiestas de la localidad. “Éramos conocidos del pueblo. Me decía que quería un beso, le dije que no hasta que me empujó contra un coche y me lo dio violentamente. No lo puedo olvidar”.

El torbellino de mensajes no cesó ayer durante toda la jornada. Las promotoras de esta iniciativa se muestran convencidas de que la difusión de este tipo de testimonios es muy importante para que las violencias machistas sean erradicadas. La etiqueta ha permitido que las agredidas se identifiquen las unas con las otras. De hecho, una de las cuestiones más comentadas estos días por las protagonistas es que pensaban que solo les ocurría a ellas.

También hay relatos de varones, como el de Karlos Aizpurua. “Tenía 16 años y haciendo autoestop me recogió un hombre de unos 40. Cuando estábamos llegando al destino, continuó la marcha. Yo le avisé y él me puso la mano en un muslo. Salí de inmediato del coche sin ni siquiera haberse detenido del todo”.

Dice una joven que el miedo sigue presente en las calles. “Iba de noche por Donostia con el gorro de la sudadera puesto porque hacía frío. Vi a una conocida que venía de frente por la otra acera. Crucé para saludarla pero no me reconoció porque con la luz de las farolas tenía el rostro en sombra. Y le vi el miedo. Le vi el miedo en la cara”, narra. Hay otras historias escalofriantes: “El hombre que más tenía que haberme querido tiraba el edredón al suelo y ahí empezaba todo”;“grité e intenté apartarlo, pero desistí porque no servía de nada”.

Tres de cada diez mujeres se han sentido acosadas sexualmente al menos una vez en su vida. Este porcentaje asciende al 47% entre las que tienen entre 18 y 34 años.


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