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Peio Aldazabal fundador y primer director de la filmoteca vasca

“Si hay premios Sant Jordi y Goya, ¿por qué no hay galardones al cine vasco?”

Hoy hace 40 años que se puso la primera piedra de la Filmoteca Vasca. La semana pasada esta homenajeó a Peio Aldazabal, uno de sus fundadores y primer director

Harri Fernández Javi Colmenero - Martes, 1 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Peio Aldazabal

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Peio Aldazabal

donostia- Por empezar por el final. La Filmoteca Vasca le ha concedido una butaca con su nombre en la Sala 2 de los cines de Tabakalera. ¿Qué siente?

-Ha sido una sorpresa muy especial. Me ha hecho mucha ilusión. Todavía me dura la emoción. Es una sorpresa que me ha llegado al corazón.

Ahora sí, volviendo la mirada atrás, ¿cómo acabó vinculado al mundo del cine?

-Yo había terminado la Oficialía Industrial y estaba esperando a empezar la Maestría. Yo tenía mucho aprecio al cine y le había dicho a mi padre que me gustaría estudiar cine en Madrid y me respondió que él era un acomodador de cine y que no tenía medios. Yo quería tocar el soporte cine y empecé a hacer prácticas de operador en el Petit Casino y así empecé a manejar y a valorar lo que es el soporte cinematográfico.

Hoy es 1 de mayo. Hace 40 años se reunió usted con Juan José Almuedo, José Luis Basoco, Néstor Basterretxea y José Manuel Gorospe en un bar de Donostia y firmaron el acta fundacional de la Filmoteca Vasca.

-Pasaron los años y yo ya tenía ciertos materiales, pero eran cosas curiosas de filmaciones del país de los años 20. Me surgió una idea, que se convirtió en ilusión y luego en empeño. Yo escribí a un periódico con la idea de crear una filmoteca para recuperar los materiales que se habían hecho y que a aquel que tuviese la iniciativa yo le iba a apoyar. No respondió nadie, con lo que al cabo de unos meses me puse a ello. Y me rodeé de una serie de personas: de un amigo que era un cinéfilo terrible, de un abogado para que te haga unos estatutos, se le llamó a la entonces Asociación de Productores y Cineastas Vascos para que enviase a la junta directiva, y también había que tener una figura relacionada con el cine y que fuese una persona con entidad dentro de la cultura, Néstor Basterretxea. El 1 de mayo nos reunimos en una cafetería de Donostia, creo que fue la cafetería Garibai en la calle Garibai, y redactamos un acta fundacional y se llevó al Gobierno Civil para que se legalizase con el nombre Filmoteca Vasca-Euskadiko Filmategia. Primero se aprobó uniprovincialmente y, posteriormente, se pidió ampliar el rango de actuación a Bizkaia, Araba y Navarra. Y sorpresivamente se aprobó, el último día en el que Martín Villa fue ministro del Interior.

No tenían sede.

-Como sede figuraba mi domicilio en la calle Prim y las películas que había se guardaban debajo de la cama. En aquella época no existía todavía el Gobierno Vasco y escribí al responsable de Cultura del Consejo General Vasco, José Antonio Maturana, aprovechando que el consejo se iba a reunir en la Diputación de Gipuzkoa, comentándole que la Filmoteca necesitaba de su apoyo. Me respondió que habían estado hablando con el presidente de la Filmoteca Nacional de España, Luis García Berlanga, y que este les había dicho que si era para rescatar y conservar los materiales de la cinematografía hecha en el País Vasco o sobre el País Vasco, que tenía un sentido que existiese una filmoteca y que sería la primera autonomía en tenerla. Apoyaron la idea y me pagaron hasta una semana en la Filmoteca Española para ver todos los materiales que disponían allí que tuviesen que ver con Euskal Herria. Al final, el 28 de agosto de 1978 el Consejo General del País Vasco reconoció la filmoteca y el 9 de septiembre se presentó públicamente en la sala de cultura de la Caja de Ahorros, en la calle Andia. Se proyectó El mayorazgo de Basterretxe(1928), el segundo largometraje del cine vasco, y asistió Víctor Azcona, uno de los directores junto a Mauro Azcona.

Estuvieron diez años sin cobrar. Era todo voluntad.

-En el año 1989 me llamaron desde el Gobierno Vasco, porque solicitamos que hubiese empleados en la Filmoteca. Yo en aquella época trabajaba en ETB, en el departamento de Programas Ajenos. Yo cuando salía de trabajar de Iurreta, hacia las 18.00 horas, me iba a la Filmoteca y estaba hasta las 21.00, incluyendo los sábados. Al final dieron dinero y en abril de aquel año dos personas comenzaron a trabajar. Hasta ese momento nadie había cobrado.

Por lo tanto, fueron comienzos accidentados. No tenían dinero, no tenían sede...

-Cuando estaba estudiando, trabajaba proyectando películas, especialmente, en el Astoria. El primer local donde tuvimos que guardar las películas fue un camerino de aquel lugar. Nos lo cedió el entonces gerente de la SADE, Leopoldo Arsuaga. Ahí estuvieron un tiempo hasta que el Gobierno Vasco nos dio una pequeña habitación de nueve metros cuadrados, de tres por tres, en la calle Andia. Luego fuimos al Victoria Eugenia.

En aquella época fue cuando el Ayuntamiento de Bilbao solicitó que la Filmoteca se trasladase allí.

-Nos llevamos una gran sorpresa cuando se publicó en los periódicos que el alcalde de Bilbao, José Luis Robles, pedía que se trasladase el archivo a su ciudad. Al leer la noticia me llamó el alcalde de Donostia, Ramón Labayen, al que le tuve que explicar que no teníamos una sede, sino un cuartito, y que habíamos solicitado en dos ocasiones al Ayuntamiento que nos diese un local. Reaccionó inmediatamente y en un Pleno nos concedió unos locales en el teatro Victoria Eugenia, bajo la condición de que diese el visto bueno el Jefe de Bomberos. La anécdota está en que este hacía cine amateur y lo que yo le decía lo entendía perfectamente. Tuvimos que acometer una serie de reformas, para lo que solicitamos dinero a la Diputación, a Xabier Lete, entonces diputado de Cultura, y a Esther Larrañaga, directora de ese departamento.

Después pasaron a su anterior sede en la avenida Sancho el Sabio.

-Con el tiempo necesitamos más espacio y nos dieron el local de Sancho el Sabio. Ahí pudimos tener un archivo, una biblioteca técnica y una sala interna de proyecciones con 19 localidades. Tuvimos que hacer una gran obra y adecentar aquel local que estaba lleno de porquería. Y en este local se desarrolló la Filmoteca Vasca hasta que llegó un momento en el que no teníamos más espacio para guardar los materiales. El Gobierno Vasco nos concedió entonces el Palacio de Urdanibia de Irun, donde pudimos poner en un ala un archivo con una refrigeración aún más delicada con lo que te permitía guardar los negativos, los originales. Tanto valor tiene el negativo como aquellas películas que te entregaban que eran copias únicas.

¿Alguna vez soñó con que la Filmoteca Vasca tuviese unas instalaciones como las que tiene ahora en Tabakalera?

-Soñaba con ello, pero no pensaba que se iba a poder dar el salto. Hubo un momento que fue vital, en el año 2004. A la Filmoteca se le regaló por parte del Ayuntamiento de Donostia la antigua fabrica municipal de gas. Se hizo un proyecto precioso que costó 100 millones de pesetas. De los tres edificios con los que contaba, dos se restauraban y el tercero, que era un almacén viejo, se reconvertía. Cuando teníamos la licencia de obra y se iban a poner las vallas, un día a la mañana nos encontramos en la prensa que el Ayuntamiento, la Diputación y el Gobierno Vasco habían decidido comprar Tabakalera y que la perla sería la Filmoteca Vasca. Nosotros nos llevamos un shock muy grande, porque no se nos había dicho nada. A mí aquello me costó 27 visitas médicas y no fui al único que le afectó. En aquel momento dije que para que se pudiese cumplir aquello iban a hacer falta, por lo menos, diez años, y han pasado catorce.

¿Cuál es el gran reto que le queda a la Filmoteca Vasca ahora?

-La digitalización propia. Están desapareciendo las empresas que se dedican a esto basándose en el soporte cinematográfico. La Filmoteca va a tener que tener sus propios medios, que parece ser que va a ser posible, se va a necesitar a gente especializada y se va a tener que hacer un rescate digital.

¿Hay algún documento que consiguieron al que le guarde especial cariño?

-Hay muchos que te llenan. Pudimos conseguir de la familia del director del primer largometraje del cine vasco, Edurne, modistilla bilbaina (1924), de Telesforo Gil del Espinar, secuencias de este largometraje de unos 25 minutos. Cada película tiene su impronta. Por ejemplo, encontramos en la Filmoteca de Zaragoza, los dos primeros cortos que se hicieron en Euskadi: Un drama en Bilbao (1923) y Lolita la huérfana (1924). Encontramos la mitad de cada uno de los cortometrajes y los salvamos. También encontramos Au pays des basques (1930), una producción francesa cuya música y canciones son en euskera. Es la primera película que tenemos con la banda sonora en euskera. Se encontró gracias a la cinemateca de Bretaña en un rastro en Francia. Con el tiempo conseguimos en una subasta cartelería de esa película. Son cosas que te llenan.

¿Considera que le falta algo al sector cinematográfico vasco?

-Hace años un periódico de tirada nacional organizaba los Premios al Cine Vasco. Empezaron yendo 300 personas al Teatro Arriaga y se acabó llenando con los años. Se daban premios a actores, actrices, directores... Era todo un acontecimiento. ¿Si existen los Premios Sant Jordi y los Goya, por qué no hay al cine vasco? Encima estamos en una situación en la que la creatividad, por fin, ha explosionado cara al exterior. Y de todo esto tiene bastante culpa Kimuak. Seleccionan cortos y los envían a 500 festivales del mundo. ¡Hay cortometrajes que han tenido 300 premios! Dime tú un largometraje español que haya tenido 300 premios.

¿Cuáles son los cortos más premiados que hayan pasado por Kimuak?

-Entre los más premiados se encuentra Txotx(2015) de Asier Altuna y Telmo Esnal, Éramos pocos (2005) de Borja Cobeaga y también está 7.35 de la mañana (2003) de Nacho Vigalondo que llegó a los Óscar.


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