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Irma Hoffren BAILARINA Y PREMIO DE LA DANZA DE GIPUZKOA 2018

“No he tenido unas expectativas altísimas, solo quería bailar sobre los escenarios”

La donostiarra recibirá hoy, a las 18.00 horas en el ayuntamiento, el Premio de la Danza de Gipuzkoa, un galardón “inesperado”, pero muy ilusionante

Alex Zubiria Ruben Plaza - Lunes, 30 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Irma Hoffren, bailarina.

Irma Hoffren, bailarina.

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Irma Hoffren, bailarina.

donostia- Tras formarse en el Ballet Biarritz Junior, Hoffren estuvo cuatro años en el Ballet de Lorraine. En 2012 volvió a Euskal Herria, de nuevo bajo la dirección de Thierry Malandain en el Malandain Ballet Biarritz, donde continúa. Hoy recibirá el Premio de la Danza y mañana participará en la XXXIII Gala del Día Internacional de la Danza.

Imagino que será todo un orgullo el premio.

-Por supuesto. Siento una mezcla de emociones que me hace muy feliz. Me pongo a pensar en toda la gente que ha pasado por mi vida y que de alguna u otra manera ha contribuido a mi trayectoria, y me siento súper agradecida. Si recibo este premio es también por ellos.

¿Da miedo un reconocimiento así estando aún en activo o es una motivación para continuar?

-Para mí es una motivación. Yo estoy en forma y tengo todavía varios años por delante.

En su trayectoria ha tenido un gran peso Thierry Malandain, primero en el Ballet Biarritz Junior (2005-2008) y después en el Malandain Ballet Biarritz (desde 2012).

-Es un coreógrafo que como artista me ha hecho avanzar mucho y me ha permitido crecer. Estoy agradecidísima a este intercambio que hemos tenido durante tantos años. Pero no solo a él, ya que todas las experiencias que he tenido en el ballet, desde la primera profesora que tuve de danza y que me enseñó los primeros pasitos, me han aportado algo. Fue precisamente esta profesora la que me inculcó la pasión por la danza que sigue creciendo dentro de mí.

Se inició con tan solo cinco años en el ballet. ¿Se imaginaba así su vida como bailarina?

-Para nada. Siempre he ido pasito a pasito y viendo las cosas llegar. No he sido alguien con unas expectativas altísimas, simplemente quería bailar sobre los escenarios. Por este motivo, ha sido todavía más inesperado recibir este premio.

¿Qué le dijeron sus padres cuando les indicó que quería ser bailarina?

-Los aitas me han apoyado mucho, pero siempre tratando de que tuviera los pies en el suelo. Ellos me decían que probara, pero que siguiera con los estudios, ya que, si no funcionaba el ballet, tendría un plan B. Han sido una guía y un apoyo, pero en todo momento haciéndome ser realista. El mundo de la danza es muy difícil y hay que tener los pies en el suelo y tener la cabeza fría.

En muchas ocasiones, es un mundo de sacrificios y de dolor. ¿Cómo ha vivido esa parte más dura?

-He tenido suerte y no me he lesionado nunca, por lo que moralmente jamás he tenido que llevar arrastras una lesión. Las dudas, en cambio, sí que las he sufrido. Este es un trabajo en el que tienes que plantearte a ti misma muchas preguntas y concentrarte en lo esencial, dejando de lado todo lo que te contamina. Por eso mismo tienes que tener la cabeza bien asentada y ser muy fuerte. Vas a tener que dejar a amigos y a la familia detrás, irte al extranjero, aprender un nuevo idioma... Echando la vista atrás parece una estupidez, pero los primeros meses cuestan mucho.

Usted vivió lo de irse fuera cuando entró en el Ballet de Lorraine, donde estuvo cuatro años. ¿Qué supuso ese cambio?

-Hasta que me adapté al entorno me sentí perdida y fue duro, pero al final fue una experiencia muy enriquecedora. Salir me permitió llevar una vida profesional como bailarina y trabajar con coreógrafos diferentes y de todos los estilos, lo que artísticamente me hizo crecer muchísimo. Tengo súper buen recuerdo de mi estancia allí.

¿Hay algo que lamente no haber conseguido?

-No me arrepiento de nada. Siempre he vivido el día a día, por lo que todo lo que me ha ido viniendo me ha hecho súper feliz. Es verdad que hay muchísimos coreógrafos que me gustan, pero no tengo ningún remordimiento por no haber podido trabajar con ellos.

¿Cómo aborda su futuro?

-Tengo que empezar a encaminarme hacia lo que aspiro después de ser bailarina. Tengo claro que sin la danza no puedo vivir, así que haré algo relacionado con ella o con la cultura. Me gusta enseñarle una coreografía a alguien nuevo que viene a la compañía, por lo que la enseñanza puede ser una buena salida.

¿Ve posible enseñar en Euskadi?

-No conozco la realidad exacta, pero tengo la sensación de que lo mismo que leía de pequeña en entrevistas a bailarines de aquí que trabajaban en el extranjero lo digo yo: estamos obligados a salir fuera para terminar los estudios. Me parece que desde entonces no se ha avanzado mucho, y si lo ha hecho, ha sido demasiado despacio. Seguimos sin tener opciones para quedarnos en casa y desarrollarnos plenamente. Creo que todavía queda mucho trabajo por hacer.

No obstante, ¿cree que el relevo generacional en Euskadi está garantizado?

-Claro. De hecho, existe mucha cantera. En Euskadi hay gente apasionada y los teatros de Donostia se llenan cada vez que hay ballet. Solo hay que ver cuántos alumnos de danza estaban en la barandilla de La Concha la semana pasada. Cantera hay, pero existe un problema de sensibilización o de desinterés.

Iniciativas como el Ballet Biarritz Junior, donde participó, son una buena manera de darle la vuelta a la situación.

-Por supuesto. A mí me permitió trabajar en casa;en Arteleku, en Gazteszena, en el Victoria Eugenia... lo que era todo un sueño. Levantarse todos los días, cruzar el puente y trabajar en el Victoria Eugenia es un sueño para todo bailarín donostiarra. Iniciativas así impulsan a gente de casa y también de fuera, porque creo que también es positivo salir al extranjero.

Precisamente, volverá a pisar el escenario del Victoria Eugenia mañana con motivo de la gala del Día Internacional de la Danza.

-Sí, me voy a reunir con muchos excompañeros que no he visto bailar desde que soy estudiante, por lo que tengo mucha ilusión. Va a ser una gala diferente, en la que nos encontraremos bailarines de varios estilos, por lo que será bonita y muy alegre.


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