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Cruzar los caminos para conocerse

El documental ‘Bideak Gurutzatzen’, que se estrenará el 18 de mayo en Arrasate, recoge ocho testimonios de mujeres que buscan romper los estereotipos sobre las musulmanas.

Reportaje y fotografía de. Anabel Dominguez - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Nagla, Ouissal, Ikram y Djamila ponen voz y rostro al documental. Foto: Anabel Dominguez

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Nagla, Ouissal, Ikram y Djamila ponen voz y rostro al documental. Foto: Anabel Dominguez

Ouissal, Ikram, Nagla y Djamila -las protagonistas de este reportaje- han alzado la voz para decir alto y claro que las mujeres musulmanas no son “sumisas, analfabetas, improductivas y están recluidas en guetos”. Las cuatro, junto a Sana, Arroba, Anghalah y Hanan se han puesto delante de la cámara para narrar sus vivencias en el documental que lleva por título Bideak Gurutzatzen-Cruzando Caminos, que se estrenará el próximo 18 de mayo en Arrasate. Un trabajo que pretende “romper” con los estigmas que aún hoy pesan sobre este colectivo de inmigrantes.

El proyecto comenzó a gestarse hace un par de años en las cuatro paredes del modesto local que hace las funciones de sede de la asociación de Integración de las Mujeres Musulmanas en la sociedad vasca, IMME, enclavado en el número 32 de la calle José Luis Iñarra. Su presidenta, la saharaui Djamila Zereiby, explica que en las clases que ofrece a sus compañeras siempre afloraban “las mismas historias de rechazo y marginación”. Empezó, de este modo, a barruntar la idea de llevar a la pantalla sus experiencias “como mujeres y musulmanas” en el país de acogida. Al principio no fue tarea fácil encontrar voluntarias que aportaran sus testimonios por el pudor y, sobre todo, el convencimiento de que contar sus vivencias “no serviría de mucho”.

Pero Djamila no cejó en su empeño. La ayuda económica que recibieron de las subvenciones que otorga el área de Igualdad de la Diputación de Gipuzkoa, junto con el apoyo de Itziar Bastarrika e Iratxe Esnaola que han dirigido el audiovisual, le dio fuerzas para seguir adelante con un proyecto que surge de la necesidad de “disminuir el desconocimiento sobre las mujeres musulmanas y acabar con los estereotipos de género que se les asignan, dando la oportunidad a la sociedad guipuzcoana de acercarse y conocer a sus vecinas”.

De Marruecos, Pakistán y El Sáhara. Ocho mujeres afincadas en Arrasate y otros municipios de Debagoiena ponen su voz y rostro para hablar de las dificultades con las que tienen que lidiar en el día a día “como personas, en el trabajo, la vivienda, la educación...”, detalla Djamila, que ha tomado parte en la grabación. En ella cuentan cómo llegaron aquí, “lo malo y lo bueno” que les ha tocado vivir, así como su voluntad por integrarse, “demostrando que son como tú, pero sin renunciar a su identidad y a sus creencias, y siempre desde el respeto mutuo”.

Asociación IMMEFue en 2012 cuando se pusieron los primeros cimientos de la asociación IMME, que un año después echó a andar con 16 mujeres, un número que ha ido creciendo hasta aglutinar en la actualidad a medio centenar de socias y atender a 200 familias inmigrantes de la comarca. A diario se dan cita en el local que el Consistorio arrasatearra les cedió en el barrio de Altamira. Su segundo hogar. En este espacio comparten enseñanzas de alfabetización, asisten a clases de castellano y euskera, manualidades, costura…, y se ayudan mutuamente a manejarse en una sociedad que “no siempre nos recibe con los brazos abiertos”.

Djamila llegó a Euskal Herria hace catorce años (antes de en Arrasate vivió en Basauri). Separada y madre de tres hijas, esta licenciada en derecho por la universidad argelina de Orán, trabaja como mediadora en los centros escolares, para favorecer los procesos de adaptación de los niños inmigrantes, al tiempo que hace de intérprete en empresas y el ámbito policial. Por su parte, la marroquí de 22 años Ikram cursa tercero del grado universitario en traducción e interpretación que se imparte en Gasteiz. Su preparación les cualifica a ambas para enseñar a sus compañeras y amigas que no han tenido la oportunidad de estudiar (otras no han ido a la escuela). “IMME tiene sus puertas abiertas;no solo se dirige a las mujeres musulmanas, entre nosotras tenemos algunas latinas. Todas son bienvenidas”, recalca Djamila que fundó la asociación hace cinco años.

La asociación IMME para la integración de las mujeres musulmanas imparte enseñanza y orienta a sus 50 integrantes

Ayudar a aprender el idioma, asesorar sobre trámites administrativos u orientar en casos de violencia doméstica son algunas de las herramientas que dan cuerpo a los servicios que ofrece IMME, que también lucha por visibilizar a estas mujeres en la sociedad.

dificultadesSer mujer, extranjera y, a su vez, portar el velo islámico (hiyab) sigue despertando recelos. Lo sabe Ikram que perdió la oportunidad de un empleo en un comercio en el que sutilmente le emplazaron a colocarse el pañuelo “de un modo más moderno” en forma de “turbante”. “Me dijeron que me lo quitara con otras palabras”, añade esta joven.

“Es un pañuelo que va encima del pelo, y nada tiene que ver con cómo vamos a desenvolvernos en el trabajo”, insiste Nagla. Esta saharaui, madre de tres pequeños y divorciada, ha trabajado en el mundo de la hostelería. “Cuando llegué a Arrasate en 2015 estuve yendo y viniendo a Donostia, hasta que me salió otro trabajo en Aretxabaleta”, relata. Actualmente se encuentra buscando empleo. “Hay que superar los prejuicios y estereotipos negativos sobre las mujeres musulmanas;que llevemos velo no tiene que ser un impedimento, por ejemplo, para que trabajemos como empleadas del hogar”, reivindica. “Cubrirse la cabeza con el velo es una decisión personal”, puntualiza Ikram.

Ouissal, sin embargo, no ha pensado en ponerse pañuelo. “En Marruecos estudié enfermería pero me di cuenta que no era lo mío. Así que el año pasado hice un curso de promoción turística del que todavía no me han dado el título porque no tengo papeles. Estoy mejorando idiomas (habla castellano, inglés y francés, además de árabe)”, expone.

A Ikram le gustaría acceder también a un trabajo para apoyar sus estudios, que ahora cursa con el respaldo de una beca. Enfrascada a diario en libros y en un constante afán de superación, esta joven sortea los obstáculos de una carrera, la de traducción e interpretación, en la que el “idioma es fundamental”. “Si no lo has mamado desde pequeña es mucho más complicado”, advierte, quien a pesar de todo se expresa en un fluido castellano.

“La integración consiste en aprender el idioma, buscar trabajo, hacer amigos, llevarse bien con los vecinos, adaptarse a la sociedad que nos acoge..., siempre desde el respeto mutuo y sin desprendernos de nuestras costumbres y religión”, manifiesta Nagla. “La acogida no son sólo ayudas, la acogida es más emocional que material. Pedimos oportunidades”, defiende Djamila. “La integración debe darse por las dos partes”, recala Ouissal.

Sobre sus experiencias. Sobre su historia, en definitiva, hablan en el documental que tendrá su puesta de largo el 18 de mayo en Kulturate (18.00 horas), dentro del mes dedicado a la Diversidad Cultural. Esa será la primera presentación en público de un trabajo que nace para divulgarse y calar en la sociedad.


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