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La vida continúa en Aralar


Un reportaje de Jorge Napal. Fotografías Javi Colmenero - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Adur Gorostidi, Inma Iriondo e Inma Mendizabal, en las campas de Larraitz junto al ganado, que permanecerá a cielo abierto durante los meses de verano.

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Adur Gorostidi, Inma Iriondo e Inma Mendizabal, en las campas de Larraitz junto al ganado, que permanecerá a cielo abierto durante los meses de verano.

El mugir de las vacas con las ubres a reventar no cesa. Los protagonistas de esta historia caminan junto a ellas en dirección al caserío Zubieldierbi. Lo hacen con las manos en los bolsillos como quien ve llover. Están más que acostumbrados a esa particular banda sonora durante esta época del año en la que los animales reclaman lo suyo, el contacto directo con unos terneros que nacieron en octubre, de los que acaban de ser separados. “Es habitual”, responden cuando se les pregunta por el motivo de tanto jaleo. Las campas de Larraitz, que están a punto de acoger la fiesta de apertura de los pastos de Aralar el próximo martes día 1, muestran los hoyos que han cavado con sus patas las reses estos meses atrás de pertinaz aguacero. “Ha sido un invierno para el olvido”. Inma Iriondo habla sorteando el barrizal. “El mal tiempo no nos ha dejado en paz”, lamenta esta pastora que viene del mundo de la empresa y que hace trece años decidió reconducir su vida laboral junto a su marido. Decisiones que se toman en la vida cuando se tiene un pálpito. Si uno se lo piensa muchas veces, el miedo le paraliza. “En este mundo solo te metes si te gusta. Así lo hizo primero mi pareja, Mikel Beldarrain, un apasionado de las ovejas. O se lanzaba, o pasaría el tren. Por eso decidió cogerlo”. Luego se casaron y a partir de ahí comenzó una vida en común que les apasiona. “Eso sí, aquí no existen ni regalos ni descanso”, admite esta mujer de 34 años.

Reside en el caserío Adarrazpi de Urnieta. Recuerda todo ello mientras camina por los pastos en la antesala de una nueva estación en la que el trabajo de la cuadra quedará prácticamente relegado por otro a cielo abierto. “A partir de ahora sí que empieza el desmadre, es una nueva aventura en nuestro trabajo”, sonríe el ganadero Adur Gorostidi con el asentimiento del resto.

Como sus abuelos, sus padres y tíos han vivido en las txabolas de Enirio-Aralar, han mamado de la tradición de subir y permanecer durante los meses de verano con los rebaños.

En unos días, este joven de 29 años abrirá las puertas de la cuadra para que una veintena de vacas campen a sus anchas en Aralar. Otras 45 se quedarán en terrenos de Abaltzisketa.

La sesión de fotos con este periódico concluye e Inma Iriondo, Adur, y la ganadera Inma Mendizabal patean el suelo para desprenderse del barro antes de sentarse a la mesa en el caserío Zubieldierbi, propiedad de Adur.

Prosigue la charla en un ambiente distendido en la que no tarda en salir a colación la construcción de pistas en Aralar, tema recurrente de controversia.

El proyecto divide a quienes justifican la irrupción de excavadoras “en favor de la dignidad de las personas pastoras y ganaderas” y a quienes se oponen por su “impacto medioambiental”. La polémica pista está proyectada por la comunidad de Enirio-Aralar en una Zona de Especial Protección (ZEC) integrada en la Red Natura 2000 de Europa. Los quince ayuntamientos de Goierri y Tolosaldea están de acuerdo con la apertura de este camino transitable para vehículos. Sin embargo, la extensión de la pista hasta Saltarri, a 1.120 metros de altitud y con 4,4 kilómetros en total, no concita la misma unanimidad

Organizaciones como la sociedad científica Aranzadi sostiene que “estas infraestructuras viarias en el corazón del parque natural de Aralar suponen un impacto severo e irreversible” y “están generando una fractura social”. El asunto llegó a las Juntas Generales de Gipuzkoa, que respaldaron una moción favorable al plan de construcción.

Los tres interlocutores se miran en silencio por unos instantes. “Seguimos muy pendientes”. Admiten que las disputas dialécticas con los ecologistas han sido una constante. Conocen al dedillo todo el relato de hechos. También que la Fiscalía de Medio Ambiente de Gipuzkoa abrió diligencias de investigación sobre la construcción de la pista de 1,5 kilómetros construida entre Intzensao y Goroskintxu tras la denuncia presentada por la organización ecologista Eguzki y la asociación Landarlan.

Los ganaderos entienden que no contravienen para nada la legislación vigente. “Quienes no quieren las pistas deberían venir durante seis meses con los pastores para comprobar las condiciones de trabajo”, tercia Inma Mendizabal, de 48 años. Sus treinta caballos, que descansan estos días en el caserío Miranda de Zaldibia, pronto saldrán a trotar por las campas de Aralar. Iriondo también se explica: “Somos los primeros en declararnos amantes de la naturaleza y de los animales, con los que vivimos y sufrimos a diario”.

“Una casera que habla inglés”

Le molesta que le den lecciones sobre el respeto al Medio Ambiente cuando ella se siente tan comprometida como el resto. “El monte y los animales son lo primero. En más de una ocasión nos han dado las tres de la tarde tras la visita de los veterinarios a la cuadra. Uno de tantos momentos en los que el hambre aprieta y le digo a mi marido que ya es hora de comer. La respuesta de él suele ser tajante. Me dice que de eso nada, que primero se alimenta al ganado y después ya lo haremos nosotros”. Así lo viven los tres interlocutores que, acodados sobre la mesa, vuelven a mirarse.

Aprovechando la fecha, en la que la apertura de los pastos les convierte en protagonistas por un día, admiten que su trabajo sigue sin estar reconocido por buena parte de la sociedad. “Ni reconocido, ni entendido”, puntualizan.

Tan pronto como elabora los quesos, Iriondo baja al mercado, donde al hacer la venta directa se ha llevado más de una sorpresa: “¡Anda, pero si esta casera habla en inglés!”.

Expresiones de este tipo ha tenido que escuchar en más de una ocasión. Es cuando ella levanta el dedo índice de su mano derecha para reivindicarse. “Todavía hay quienes nos ven como a gente extraña. Pido un mayor reconocimiento”, y a continuación habla del futuro. “Siempre les decimos a nuestros hijos que estén orgullosos de lo que hacemos. No somos mecánicos ni ingenieros. Somos pastores, una profesión como otra cualquiera. Antes se animaba a los chavales a que se fueran del caserío. Se les decía que daba mucho trabajo y que debían buscarse la vida por otros lados. No estoy de acuerdo. Aquí hay futuro si se quiere. Apoyamos las nuevas tecnologías de manera que nos faciliten nuestra labor, pero somos conscientes de que siempre tendremos que implicarnos al máximo, dedicar mucho esfuerzo para sacar adelante el negocio. Mucho más tiempo que en una empresa. Esto no es una fábrica a la que vas ocho horas y te olvidas. Creo que eso lo tenemos todos claro, pero dentro de esas condiciones hace falta ir mejorando”, suscriben los tres.

Adur observa que la vida rural y la urbana están cada día más alejadas. Hay parámetros culturales, sostiene, que no coinciden en absoluto. “Viví al respecto una anécdota curiosa con un toro que nos dio ciertos problemas. No comía bien. Un día que le llevaba la hierba y se acercaron las vacas, me vio una mujer que paseaba por la zona y me empezó a llamar machista por no repartir el alimento entre todos los animales. En ese momento no supe reaccionar. Era una interpretación de la situación totalmente equivocada. Denotaba mucho desconocimiento. Si una vaca está mal me la puedo llevar a casa, pero a un toro no. Me sorprendió la reacción de aquella mujer que me demostró desconocer por completo la realidad de la vida rural. Sí, la verdad es que cada día estamos más alejados”.

Creen que se ha abierto una brecha con un futuro todavía incierto. “Quizá por eso algunos no entiendan que pidamos más pistas. Se trata de satisfacer una necesidad nada caprichosa para persistir”, defienden.

Mendizabal, la vecina de Zaldibia, reclama unas condiciones de trabajo mínimas. “No estamos exigiendo una autopista. No se puede andar como hace siglos. Hoy en día los trabajadores de cualquier empresa se quejan en cuanto tienen que levantar más de 20 kilos mientras que aquí soportamos condiciones mucho más duras”.

Defienden con vehemencia su negocio familiar. “Nuestro trabajo y nuestro oficio colaboran en el paisaje. Si nuestras vacas y nuestras ovejas no estuvieran pastando, no se conocería el paisaje tal y como lo tenemos hoy en día. La gente parece que no lo entiende. Cuando el monte está limpio es porque un ganadero se preocupa de que los animales hagan su trabajo. Pero si no se le ofrece un mínimo de condiciones, al final, acabamos perdiendo todos”.

las claves

Admiten que las disputas dialécticas con los ecologistas han sido una constante pero entienden que no contravienen la legislación

“Todavía hay quien nos ve como a gente extraña. Solo pedimos un mayor reconocimiento a nuestra labor”, afirman

Lamentan que la vida rural y la urbana estén cada vez más alejadas con unos parámetros culturales que no coinciden

“Somos las primeras en declararnos amantes del Medio Ambiente y de los animales”

inma iriondo

Pastora

“A partir de ahora con la apertura de los pastos empieza otra aventura, el desmadre”

adur gorostidi

Ganadero

“Quienes no quieren las pistas deberían venir durante seis meses con los pastores”

inma mendizabal

Criadora de yeguas


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