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Xabier Etxeberria Mauleon Filósofo y profesor de Ética

“¿Qué paz pretendemos? ¿Victoria, legalidad democrática o reconciliación cívica?”

Una entrevista de Javier Pagola - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Xabier Etxeberria Mauleon

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Xabier Etxeberria Mauleon

DONOSTIA - Unos pocos días antes de anunciar su disolución definitiva, ETA dio a conocer un comunicado sobre el daño que ha causado. Desde un punto de vista ético, ¿qué hay de nuevo en ese texto y qué cuestiones quedan pendientes?

-Pienso que en esa declaración de ETA, aunque tiene mucho de criticable, hay una novedad relevante a tener en cuenta: ETA habla de pedir perdón, de responsabilidades directas por el dolor que ha causado, de que nada de ello debió producirse jamás... Incluso en la hipótesis, muy plausible, de que eso se deba, no a la convicción, sino al clima social actual en el que tener presentes políticamente a las víctimas es insoslayable, el hecho de que lo diga públicamente puede ser un primer paso. Paso importante para los entornos sociales que la han apoyado y comprendido, y, ojalá, para la paz en su conjunto. Pero ese paso se borrará como primero y quedará falseado si no se afrontan sus graves limitaciones y no se dan otros pasos después, ya sea en el "cierre" que se proponen hacer el 4 de mayo próximo, o, posteriormente, a través de la izquierda abertzale. Que sean los hechos los que aclaren esto. Por ejemplo, el que siga habiendo homenajes a presos que salen de las cárceles sería una muy dura señal en negativo, mientras que el que dejara de haberlos sería otro paso en positivo.

En el último párrafo de su comunicado ETA dice textualmente: "De cara al futuro, la reconciliación es una de las tareas a llevar a cabo en Euskal Herria". La reconciliación exige mucho. ¿Asumirá ETA la verdad de lo sucedido?

-Se irá en la buena dirección en la medida en que ETA practique lo que dice: "Reconozcamos todos la responsabilidad contraída y el daño causado". Más allá de lo que esto obliga a otros, no parece que ETA sea consciente de todo lo que le obliga a ella, tanto en la clarificación del concepto de daño injusto como en el esclarecimiento del daño que ella ha causado, para que esa verdad se haga.

¿Es aceptable una petición de perdón en los términos de ese comunicado?

-Hay una petición de perdón, sí. Pero con una muy grave carencia: solo lo pide a las víctimas que considera colaterales (y con cierta exculpación: "lo hicimos obligados por las necesidades de la lucha armada"), y no a las víctimas "implicadas en el conflicto" (aquí su autoexculpación es plena), no lo pide en realidad a las víctimas como tales, todas inocentes en cuanto víctimas. Es normal que incluso víctimas del primer bloque quieran rechazar un modo de pedir perdón así. Y, desde luego, no reconocer como víctimas morales al segundo grupo es asumir que se las considera legítimamente asesinables;de la misma manera, con la misma lógica, aunque desde posturas políticas opuestas, se podría defender que los miembros de ETA deben ser considerados legítimamente torturables.

¿Qué le parece la alusión al bombardeo de Gernika, sucedido en la Guerra Civil?

-ETA enmarca su pasado violento de 50 años, en su mayor parte durante la democracia, en un relato, con su referente simbólico del bombardeo de Gernika -Guerra Civil y franquismo-, que lo tergiversa y que le permite una justificación, esto es, una colocación de los "implicados en el conflicto" a quienes dañó, no realmente entre las víctimas, sino entre los victimarios. Si ETA quiere la reconciliación, debe reconfigurar totalmente la expresión narrativo-memorial que hace.

Usted, desde una perspectiva ética y de Derechos Humanos, hace suya esa definición de víctima, como "persona en cuyo sufrimiento ha mediado injustamente una iniciativa humana", e insiste en lo antiético de "revictimar a las víctimas". ¿Hay algo en el comunicado que revictime?

-Lo hay. Hay pasajes en los que parece querer reasumirse la dimensión emocional de la reconciliación, el cultivo de sentimientos empáticos hacia el otro, en concreto hacia quienes ETA hizo sufrir, por ejemplo, hacia las víctimas colaterales. Pero, dejando de lado que su conducta y sus declaraciones pasadas hacen dudar de su autenticidad, en el propio texto hay elementos que van en la dirección opuesta. Por ejemplo, cuando en el "sufrimiento desmedido" incluye todos los sufrimientos, sin proyectar sobre ellos la variable de injustos/no injustos. O cuando a quienes dañó, estando según ETA implicados en el conflicto, les dice que les respeta y que lo siente: hay aquí una disonancia que hace muy hiriente para los implicados, que hace revictimadora, esa expresión de respeto.

En su comunicado, ETA incluye en el horizonte de reconciliación "la solución democrática del conflicto político" ¿Tiene alguna legitimidad para decirlo?

-No debería hacer referencia a él. La reconciliación ético-políticamente lograda, aunque sea de modo parcial e imperfecto, crea un clima social positivo para abordarlo democráticamente;pero ese abordaje, y más aún su "resolución" queda fuera de ella, no debería incluirse como condición;incluirlo es algo que lo falsea todo.

Pello Salaburu, exrector de la Universidad del País Vasco, ha objetado incluso que ETA pretenda la reconciliación, y se ha preguntado: "¿Con quién se tiene que reconciliar la viuda de un asesinado? ¿Con su asesino?"

-La reconciliación, en este caso pública, siempre voluntaria, apunta a que quienes dañaron y quienes han sido dañados, restauren la ruptura cívica creada, "en procesos asimétricos" según las culpabilidades que tengan o no tengan. Ahora bien, cuando un sujeto, con contundente culpabilidad cívico-jurídica como ETA, propone el camino de la reconciliación, tiene que mostrar de arranque, con total nitidez, que él ya está embarcado incondicionalmente en ese proceso asimétrico, asumiendo coherentemente su culpabilidad, como ha sido el caso de los exetarras implicados en la vía Nanclares, a los que se puede tener como referencia para esta cuestión.

¿Qué papel tienen las víctimas, de violencias injustas de todo origen, en la construcción de la paz?

-Todas las víctimas, aquí las de la violencia de intencionalidad política en sus diversas causaciones -víctimas del terrorismo de ETA, víctimas del terrorismo frente a ETA, víctimas de los abusos judiciales y de las fuerzas de seguridad- tienen un importante papel. Ante todo tienen una autoridad moral especial como referencia para que aprendamos "encarnadamente" lo que es la violencia, los fundamentos de su deslegitimación, y los retos ético-políticos básicos que nos plantea. Por supuesto, hay que respetar su derecho a optar o no por un compromiso público. Este compromiso puede ser, legítimamente, solo prepartidario o además, si ellas lo desean, partidario, pero en este caso esto debe quedar claro para evitar confusiones;su autoridad especial la tienen cuando se sitúan en lo prepartidario. Además, todos debemos hacernos cargo de que quienes deciden sobre las dinámicas de justicia penal son las instituciones públicas democráticas.

¿Cuál debe ser la actitud ética de la ciudadanía hacia las víctimas?

-Comenzar aplicando de manera imparcial el criterio de víctima en sentido ético: "Víctima es toda aquella persona ha sufrido daño injusto y grave de parte de otros". Luego reconocer de modo efectivo a todas y respetar sus derechos. Lo que pide desbordar la distinción entre víctimas "de los nuestros" y "de los otros", porque aunque en la empatía emocional espontánea sintamos diferencias, en la solidaridad, todas las víctimas son de todos, y en la apropiación, ninguna es de nadie. A este respecto, son importantes los aprendizajes que podemos recibir de las propias víctimas. Se han hecho experiencias importantes, promovidas por la Dirección de Atención a Víctimas del Gobierno Vasco que lideró Maixabel Lasa, en concreto, los Encuentros de Glencree y la de "víctimas educadoras", en las que víctimas de victimadores diferentes han empatizado entre ellas en cuanto víctimas y han llegado a conclusiones compartidas.

¿Tiene sentido hacer diferencias entre víctimas?

-Hay una igualdad ética fundamental entre ellas, de cara a la justicia que se les debe y a la solidaridad social. Después está el delicado tema de quien es a la vez victimario y víctima, por ejemplo, quien ha asesinado y es torturado. Hay que hacerse cargo de que, en cuanto víctima, es, como toda víctima, inocente, "no se merecía serlo", aunque eso no borre el que también sea víctimario: él debe reconocerlo y la justicia hacerse cargo de ello.

En la vida diaria nos enquistarnos en polémicas y divisiones cívicas entre ciudadanos, e incluso a veces entre víctimas, y el diálogo resulta imposible ¿Cómo abordar esas situaciones?

-Eso se debe a identificaciones desmesuradas con lo partidario que invaden lo que tendría que ser prepartidario compartido, sobre lo público-cívico, en torno a los derechos humanos que están en juego. Situarse en lo prepartidario en temas de paz significa dos cosas: Ser capaz de poner entre paréntesis el "nosotros/ellos" partidario e ideológico legítimo, por ejemplo en torno a las identidades nacionales;y tener un horizonte sobre derechos humanos compartido, en lo que hace a derechos de las víctimas, trato a victimarios, y deslegitimación de la violencia. Es bueno comenzar preguntándonos: ¿cuáles son los derechos del que percibo espontáneamente como "el otro"? Luego, expresar en nuestros círculos de influencia que no hemos de mirar para otro lado y que estas cuestiones son importantes y nos atañen, colaborar con las instituciones que trabajan por la paz, y mantener activa nuestra participación cívico-política.

Usted distingue entre lo que se puede exigir a través de la coacción legal a quienes han actuado con violencia, y lo que cabe reclamarles éticamente mediante la interpelación y la argumentación dialogada. ¿Qué cosas en cada caso?

-Hay dos exigencias jurídicas claras al victimario: cumplir el castigo penal acorde con la legalidad sustentada en los derechos humanos, y resarcir en lo posible el daño causado. Las exigencias éticas serían: reconocer como injusto el daño causado, reconociendo así a la víctima, manifestar arrepentimiento expreso -aun sabiendo que su autenticidad no se puede verificar- y colaborar en el esclarecimiento de la verdad sobre los atentados. Mi opinión personal es que no se trata de entrar en una espiral de endurecimiento de la penalidad, sino de potenciar socialmente el impacto de las exigencias éticas.

¿Los ciudadanos que exigen una u otra cosa deben ser coherentes con lo que piden?

-Por supuesto. Quien quiera situarse únicamente en las exigencias jurídicas, tiene que aceptar que cuando el victimario las cumple, no puede reclamarle nada más en relación con su violencia. Él ya "ha pagado su deuda" a la sociedad. Y si se quiere influir en cambiar las leyes hacia más penalidad, su lucha está en otro lugar. Pero, quien se propone reclamar al victimario o a quienes le apoyan exigencias éticas, debe ser coherente;por ejemplo, estar en disposición de acoger su arrepentimiento en el perdón, si es que se lo ha pedido.

Nuestros mayores hablaban, a menudo y en plural, de "hacer las paces". ¿La paz es algo muy complicado?

-Yo diría que la paz es algo complejo. Porque, ¿qué paz pretendemos? ¿La paz de la victoria? ¿La paz de la legalidad democrática? ¿O la paz que aspira a la reconciliación cívica? En el tercer caso pretendemos una paz lo más inclusiva posible, que trata de vencer al mal y de integrar, sin impunidad, a quien lo hace. Para deslegitimar la violencia, debe haber, además, una "paz memorial" que comienza recogiendo, mediante testimonios orales e imágenes, la verdad empírica de los hechos, sobre la que construye un relato moral cargado de vida y sentimientos. La ciudadanía puede compartir razones y experiencias, abiertas a argumentaciones diferenciadas en algunos aspectos, que comparten lo fundamental de la verdad en la que se hace justicia a las víctimas. Hay, por último, una "paz sentimental" que inhibe el odio, el resentimiento y el menosprecio, y sabe alegrarse y dolerse por lo debido, como es debido, y cuando es debido.

¿Cómo hay que construir la memoria social? ¿Qué tipo de relatos pueden contribuir a la paz?

-Hay que tener honestidad moral al configurarlos y no intención de instrumentalizarlos para fines partidarios. Eso se logra asumiendo la perspectiva de todas las víctimas, acogiendo los testimonios morales de las vivas y los que nos llegan del impactante silencio de las asesinadas. Tienen que expresar la verdad plena de lo que pasó;no solo los hechos brutos, sino también su evaluación moral. Es intolerable que los victimarios aparezcan en los relatos como héroes o con justificaciones de sus conductas. Es inaceptable, por contrario a la verdad, presentar el pasado violento de ETA, en la que se personaliza indebidamente a un pueblo vasco supuestamente unitario, como reacción defensiva frente a la opresión del Estado español. Los relatos no deben construirse de modo tal que equilibren violencias y víctimas, para desactivarlas;y en modo alguno hay que hacer que la relevancia social, fáctica, de la violencia de ETA margine a las víctimas no causadas por ella. Ante la violencia todos los relatos tendrían que expresar, como juicio moral global: "¡no debería haber sucedido!";y a la vez: "¡pero sucedió!". No lo podemos olvidar;ni de cara a las víctimas a las que hay que hacer justicia, ni de cara a nuestra convivencia. ¿Cuántos son los que quieren el no relato, el no saber, el olvido? ¿Tenemos la pretensión éticamente tramposa y en el fondo ilusa de que olvidar nos hace más felices?

El juicio a los jóvenes de Alsasua y la humanización de la política penitenciaria son cuestiones que mueven a la ciudadanía y hacen pensar.

-Hay una tendencia a tipificaciones jurídicas y a aplicaciones penales desmesuradas de los delitos que aquí consideramos. En el caso de Altsasu: ¿cómo expresar, en el crispado clima mediático-social actual, que se está en contra, por sólidas razones ético-jurídicas, de la tipificación de terrorismo, siendo a la vez empático con las víctimas que desvele la clarificación jurídica imparcial? Y respecto al bloqueo del acercamiento de los presos de ETA, podemos preguntarnos ¿en qué medida hay solo razones partidistas, por tanto, inadecuadas?

las claves

DONOSTIA- Unos pocos días antes de anunciar su disolución definitiva, ETA dio a conocer un comunicado sobre el daño que ha causado. Desde un punto de vista ético, ¿qué hay de nuevo en ese texto y qué cuestiones quedan pendientes?

-Pienso que en esa declaración de ETA, aunque tiene mucho de criticable, hay una novedad relevante a tener en cuenta: ETA habla de pedir perdón, de responsabilidades directas por el dolor que ha causado, de que nada de ello debió producirse jamás… Incluso en la hipótesis, muy plausible, de que eso se deba, no a la convicción, sino al clima social actual en el que tener presentes políticamente a las víctimas es insoslayable, el hecho de que lo diga públicamente puede ser un primer paso. Paso importante para los entornos sociales que la han apoyado y comprendido, y, ojalá, para la paz en su conjunto. Pero ese paso se borrará como primero y quedará falseado si no se afrontan sus graves limitaciones y no se dan otros pasos después, ya sea en el “cierre” que se proponen hacer el 4 de mayo próximo, o, posteriormente, a través de la izquierda abertzale. Que sean los hechos los que aclaren esto. Por ejemplo, el que siga habiendo homenajes a presos que salen de las cárceles sería una muy dura señal en negativo, mientras que el que dejara de haberlos sería otro paso en positivo.

En el último párrafo de su comunicado ETA dice textualmente: “De cara al futuro, la reconciliación es una de las tareas a llevar a cabo en Euskal Herria”. La reconciliación exige mucho. ¿Asumirá ETA la verdad de lo sucedido?

-Se irá en la buena dirección en la medida en que ETA practique lo que dice: “Reconozcamos todos la responsabilidad contraída y el daño causado”. Más allá de lo que esto obliga a otros, no parece que ETA sea consciente de todo lo que le obliga a ella, tanto en la clarificación del concepto de daño injusto como en el esclarecimiento del daño que ella ha causado, para que esa verdad se haga.

¿Es aceptable una petición de perdón en los términos de ese comunicado?

-Hay una petición de perdón, sí. Pero con una muy grave carencia: solo lo pide a las víctimas que considera colaterales (y con cierta exculpación: “lo hicimos obligados por las necesidades de la lucha armada”), y no a las víctimas “implicadas en el conflicto” (aquí su autoexculpación es plena), no lo pide en realidad a las víctimas como tales, todas inocentes en cuanto víctimas. Es normal que incluso víctimas del primer bloque quieran rechazar un modo de pedir perdón así. Y, desde luego, no reconocer como víctimas morales al segundo grupo es asumir que se las considera legítimamente asesinables;de la misma manera, con la misma lógica, aunque desde posturas políticas opuestas, se podría defender que los miembros de ETA deben ser considerados legítimamente torturables.

¿Qué le parece la alusión al bombardeo de Gernika, sucedido en la Guerra Civil?

-ETA enmarca su pasado violento de 50 años, en su mayor parte durante la democracia, en un relato, con su referente simbólico del bombardeo de Gernika -Guerra Civil y franquismo-, que lo tergiversa y que le permite una justificación, esto es, una colocación de los “implicados en el conflicto” a quienes dañó, no realmente entre las víctimas, sino entre los victimarios. Si ETA quiere la reconciliación, debe reconfigurar totalmente la expresión narrativo-memorial que hace.

Usted, desde una perspectiva ética y de Derechos Humanos, hace suya esa definición de víctima, como “persona en cuyo sufrimiento ha mediado injustamente una iniciativa humana”, e insiste en lo antiético de “revictimar a las víctimas”. ¿Hay algo en el comunicado que revictime?

-Lo hay. Hay pasajes en los que parece querer reasumirse la dimensión emocional de la reconciliación, el cultivo de sentimientos empáticos hacia el otro, en concreto hacia quienes ETA hizo sufrir, por ejemplo, hacia las víctimas colaterales. Pero, dejando de lado que su conducta y sus declaraciones pasadas hacen dudar de su autenticidad, en el propio texto hay elementos que van en la dirección opuesta. Por ejemplo, cuando en el “sufrimiento desmedido” incluye todos los sufrimientos, sin proyectar sobre ellos la variable de injustos/no injustos. O cuando a quienes dañó, estando según ETA implicados en el conflicto, les dice que les respeta y que lo siente: hay aquí una disonancia que hace muy hiriente para los implicados, que hace revictimadora, esa expresión de respeto.

En su comunicado, ETA incluye en el horizonte de reconciliación “la solución democrática del conflicto político” ¿Tiene alguna legitimidad para decirlo?

-No debería hacer referencia a él. La reconciliación ético-políticamente lograda, aunque sea de modo parcial e imperfecto, crea un clima social positivo para abordarlo democráticamente;pero ese abordaje, y más aún su “resolución” queda fuera de ella, no debería incluirse como condición;incluirlo es algo que lo falsea todo.

Pello Salaburu, exrector de la Universidad del País Vasco, ha objetado incluso que ETA pretenda la reconciliación, y se ha preguntado: “¿Con quién se tiene que reconciliar la viuda de un asesinado? ¿Con su asesino?”

-La reconciliación, en este caso pública, siempre voluntaria, apunta a que quienes dañaron y quienes han sido dañados, restauren la ruptura cívica creada, “en procesos asimétricos” según las culpabilidades que tengan o no tengan. Ahora bien, cuando un sujeto, con contundente culpabilidad cívico-jurídica como ETA, propone el camino de la reconciliación, tiene que mostrar de arranque, con total nitidez, que él ya está embarcado incondicionalmente en ese proceso asimétrico, asumiendo coherentemente su culpabilidad, como ha sido el caso de los exetarras implicados en la vía Nanclares, a los que se puede tener como referencia para esta cuestión.

¿Qué papel tienen las víctimas, de violencias injustas de todo origen, en la construcción de la paz?

-Todas las víctimas, aquí las de la violencia de intencionalidad política en sus diversas causaciones -víctimas del terrorismo de ETA, víctimas del terrorismo frente a ETA, víctimas de los abusos judiciales y de las fuerzas de seguridad- tienen un importante papel. Ante todo tienen una autoridad moral especial como referencia para que aprendamos “encarnadamente” lo que es la violencia, los fundamentos de su deslegitimación, y los retos ético-políticos básicos que nos plantea. Por supuesto, hay que respetar su derecho a optar o no por un compromiso público. Este compromiso puede ser, legítimamente, solo prepartidario o además, si ellas lo desean, partidario, pero en este caso esto debe quedar claro para evitar confusiones;su autoridad especial la tienen cuando se sitúan en lo prepartidario. Además, todos debemos hacernos cargo de que quienes deciden sobre las dinámicas de justicia penal son las instituciones públicas democráticas.

¿Cuál debe ser la actitud ética de la ciudadanía hacia las víctimas?

-Comenzar aplicando de manera imparcial el criterio de víctima en sentido ético: “Víctima es toda aquella persona ha sufrido daño injusto y grave de parte de otros”. Luego reconocer de modo efectivo a todas y respetar sus derechos. Lo que pide desbordar la distinción entre víctimas “de los nuestros” y “de los otros”, porque aunque en la empatía emocional espontánea sintamos diferencias, en la solidaridad, todas las víctimas son de todos, y en la apropiación, ninguna es de nadie. A este respecto, son importantes los aprendizajes que podemos recibir de las propias víctimas. Se han hecho experiencias importantes, promovidas por la Dirección de Atención a Víctimas del Gobierno Vasco que lideró Maixabel Lasa, en concreto, los Encuentros de Glencree y la de “víctimas educadoras”, en las que víctimas de victimadores diferentes han empatizado entre ellas en cuanto víctimas y han llegado a conclusiones compartidas.

¿Tiene sentido hacer diferencias entre víctimas?

-Hay una igualdad ética fundamental entre ellas, de cara a la justicia que se les debe y a la solidaridad social. Después está el delicado tema de quien es a la vez victimario y víctima, por ejemplo, quien ha asesinado y es torturado. Hay que hacerse cargo de que, en cuanto víctima, es, como toda víctima, inocente, “no se merecía serlo”, aunque eso no borre el que también sea víctimario: él debe reconocerlo y la justicia hacerse cargo de ello.

En la vida diaria nos enquistarnos en polémicas y divisiones cívicas entre ciudadanos, e incluso a veces entre víctimas, y el diálogo resulta imposible ¿Cómo abordar esas situaciones?

-Eso se debe a identificaciones desmesuradas con lo partidario que invaden lo que tendría que ser prepartidario compartido, sobre lo público-cívico, en torno a los derechos humanos que están en juego. Situarse en lo prepartidario en temas de paz significa dos cosas: Ser capaz de poner entre paréntesis el “nosotros/ellos” partidario e ideológico legítimo, por ejemplo en torno a las identidades nacionales;y tener un horizonte sobre derechos humanos compartido, en lo que hace a derechos de las víctimas, trato a victimarios, y deslegitimación de la violencia. Es bueno comenzar preguntándonos: ¿cuáles son los derechos del que percibo espontáneamente como “el otro”? Luego, expresar en nuestros círculos de influencia que no hemos de mirar para otro lado y que estas cuestiones son importantes y nos atañen, colaborar con las instituciones que trabajan por la paz, y mantener activa nuestra participación cívico-política.

Usted distingue entre lo que se puede exigir a través de la coacción legal a quienes han actuado con violencia, y lo que cabe reclamarles éticamente mediante la interpelación y la argumentación dialogada. ¿Qué cosas en cada caso?

-Hay dos exigencias jurídicas claras al victimario: cumplir el castigo penal acorde con la legalidad sustentada en los derechos humanos, y resarcir en lo posible el daño causado. Las exigencias éticas serían: reconocer como injusto el daño causado, reconociendo así a la víctima, manifestar arrepentimiento expreso -aun sabiendo que su autenticidad no se puede verificar- y colaborar en el esclarecimiento de la verdad sobre los atentados. Mi opinión personal es que no se trata de entrar en una espiral de endurecimiento de la penalidad, sino de potenciar socialmente el impacto de las exigencias éticas.

¿Los ciudadanos que exigen una u otra cosa deben ser coherentes con lo que piden?

-Por supuesto. Quien quiera situarse únicamente en las exigencias jurídicas, tiene que aceptar que cuando el victimario las cumple, no puede reclamarle nada más en relación con su violencia. Él ya “ha pagado su deuda” a la sociedad. Y si se quiere influir en cambiar las leyes hacia más penalidad, su lucha está en otro lugar. Pero, quien se propone reclamar al victimario o a quienes le apoyan exigencias éticas, debe ser coherente;por ejemplo, estar en disposición de acoger su arrepentimiento en el perdón, si es que se lo ha pedido.

Nuestros mayores hablaban, a menudo y en plural, de “hacer las paces”. ¿La paz es algo muy complicado?

-Yo diría que la paz es algo complejo. Porque, ¿qué paz pretendemos? ¿La paz de la victoria? ¿La paz de la legalidad democrática? ¿O la paz que aspira a la reconciliación cívica? En el tercer caso pretendemos una paz lo más inclusiva posible, que trata de vencer al mal y de integrar, sin impunidad, a quien lo hace. Para deslegitimar la violencia, debe haber, además, una “paz memorial” que comienza recogiendo, mediante testimonios orales e imágenes, la verdad empírica de los hechos, sobre la que construye un relato moral cargado de vida y sentimientos. La ciudadanía puede compartir razones y experiencias, abiertas a argumentaciones diferenciadas en algunos aspectos, que comparten lo fundamental de la verdad en la que se hace justicia a las víctimas. Hay, por último, una “paz sentimental” que inhibe el odio, el resentimiento y el menosprecio, y sabe alegrarse y dolerse por lo debido, como es debido, y cuando es debido.

¿Cómo hay que construir la memoria social? ¿Qué tipo de relatos pueden contribuir a la paz?

-Hay que tener honestidad moral al configurarlos y no intención de instrumentalizarlos para fines partidarios. Eso se logra asumiendo la perspectiva de todas las víctimas, acogiendo los testimonios morales de las vivas y los que nos llegan del impactante silencio de las asesinadas. Tienen que expresar la verdad plena de lo que pasó;no solo los hechos brutos, sino también su evaluación moral. Es intolerable que los victimarios aparezcan en los relatos como héroes o con justificaciones de sus conductas. Es inaceptable, por contrario a la verdad, presentar el pasado violento de ETA, en la que se personaliza indebidamente a un pueblo vasco supuestamente unitario, como reacción defensiva frente a la opresión del Estado español. Los relatos no deben construirse de modo tal que equilibren violencias y víctimas, para desactivarlas;y en modo alguno hay que hacer que la relevancia social, fáctica, de la violencia de ETA margine a las víctimas no causadas por ella. Ante la violencia todos los relatos tendrían que expresar, como juicio moral global: “¡no debería haber sucedido!”;y a la vez: “¡pero sucedió!”. No lo podemos olvidar;ni de cara a las víctimas a las que hay que hacer justicia, ni de cara a nuestra convivencia. ¿Cuántos son los que quieren el no relato, el no saber, el olvido? ¿Tenemos la pretensión éticamente tramposa y en el fondo ilusa de que olvidar nos hace más felices?

El juicio a los jóvenes de Alsasua y la humanización de la política penitenciaria son cuestiones que mueven a la ciudadanía y hacen pensar.

-Hay una tendencia a tipificaciones jurídicas y a aplicaciones penales desmesuradas de los delitos que aquí consideramos. En el caso de Altsasu: ¿cómo expresar, en el crispado clima mediático-social actual, que se está en contra, por sólidas razones ético-jurídicas, de la tipificación de terrorismo, siendo a la vez empático con las víctimas que desvele la clarificación jurídica imparcial? Y respecto al bloqueo del acercamiento de los presos de ETA, podemos preguntarnos ¿en qué medida hay solo razones partidistas, por tanto, inadecuadas?

El Institut Català Internacional per la Pau acaba de publicar, esta semana, el último libro de Xabier Etxeberria Mauleón: ‘El perdón y la reconciliación en la convivencia cívica’. Se puede descargar gratuitamente en dos versiones (epub y pdf) desde la dirección de Internet http://icip.gencat.cat/es/que-fem/publicacions/llibres/Eines023

“Los hechos han de aclarar la verdadera voluntad de ETA y su entorno”

“No reconocer como víctimas ‘a las implicadas en el conflicto’ es considerarlas legítimamente asesinables. Según esa lógica, los miembros de ETA serían legítimamente torturables”

“En la solidaridad, todas las víctimas son de todos, y en la apropiación,

ninguna es de nadie”

“No basta con un relato empírico, es preciso un relato ético de todas

las violaciones de

derechos humanos”


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