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Espíritu emprendedor

Por Carlos Etxeberri - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

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de vez en cuando, desde alguna patronal vasca se hace una apelación a la falta de emprendedores y a una insuficiente creación de nuevas empresas en Euskadi, poniendo de relieve que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esta vez le ha tocado al presidente de la patronal vizcaina Cebek, Iñaki Garcinuño, que no solo se ha quejado de la escasez de pulso emprendedor de Euskadi, sino que ha situado como una de las causas de esta falta de inquietud a la “desigual competencia” que hace la Administración pública con las Ofertas Públicas de Empleo (OPE) que ha convocado simplemente para asegurar el relevo generacional y cubrir las vacantes que se están produciendo en el sector público por jubilación.

Tratar de justificar esa afirmación desde el argumento de que el sector público ofrece mejores salarios en los primeros años de incorporación y horarios laborales que el privado, es tratar de colocar en los demás una responsabilidad que en gran parte recae sobre los propios empresarios a la hora de trasladar a los jóvenes la ilusión por la puesta en marcha de nuevos proyectos empresariales desde un planteamiento de realización personal y profesional con futuro.

No hay que volver la vista atrás a la hora de comparar el espíritu emprendedor que se produjo en este país en el pasado, que respondía a unas necesidades muy concretas como consecuencia de la época histórica que se estaba viviendo, sino que hay que adaptar ese emprendizaje a las circunstancias actuales. Los jóvenes de hace varias décadas montaban en cualquier bajo un taller porque había trabajo, en algunos casos externalizado de las empresas donde antes estaban empleados, y una necesidad de progresar económicamente ante una situación de necesidad y precariedad colectiva.

Hoy los jóvenes, evidentemente, han cambiado de paradigma, ya no buscan el progreso económico sino el desarrollo personal y profesional en un proyecto empresarial en el que se sientan concernidos e involucrados. Por eso el nuevo modelo vasco de empresa, que proclama la participación de los empleados de una compañía en la gestión, los resultados y el capital de las compañías está teniendo los resultados positivos que se constatan en los programas de apoyo que está desarrollando la Diputación Foral de Gipuzkoa o la iniciativa, aunque incompleta, que en este terreno impulsa la patronal Adegi.

Quizás la razón por la que los jóvenes quieran opositar para acceder a la Administración pública esté más en la seguridad que supone tener un puesto de trabajo en la función pública, aún sufriendo recortes y congelaciones salariales, que la incertidumbre en el empleo y en los salarios que presenta el sector privado, tal y como acabamos de ver cuando la crisis económica golpeaba de manera brutal a nuestras empresas.

Desde esa perspectiva es innegable que el sector privado no puede competir con el público -a pesar de que alguno de sus gestores haría lo indecible por incorporar funcionarios con mayor sentido de la innovación y desarrollo de nuevas iniciativas-, con lo que desde el mundo de los empresarios se tiene que actuar de una manera más decidida a la hora de hacer atractivo tanto en lo personal como en lo profesional el esfuerzo que supone poner en marcha un nuevo proyecto empresarial.

Pero no todo el sector público es igual porque si nos referimos al de salud, la oferta en cuanto a perspectivas profesionales, al margen de las salariales y de seguridad, que presenta la iniciativa privada está muy distante de la que existe en Osakidetza, a pesar de las situaciones de tensión y estrés laboral por falta de recursos humanos que se registran en algunos servicios hospitalarios. En este campo, salvo contadas excepciones, el sector privado ha hecho dejación de su función y ha sucumbido ante el público con lo que se obliga al profesional sanitario a optar solo en una dirección.

De la misma manera habrá que preguntarse por qué tantos jóvenes vascos -profesionalmente bien formados que tuvieron que salir de este país por la falta de empleo en nuestras empresas-, todavía se encuentran trabajando en compañías en el extranjero, cuando parece que aquí existen problemas para cubrir puestos de trabajo cualificados. Qué responsabilidad como sociedad tenemos cuando 250 jóvenes residentes en el extranjero se presentaran en el último Gipuzkoa Talent, impulsado por la Diputación de Gipuzkoa y celebrado a finales del pasado año, para ver la posibilidad de optar a un empleo cualificado y de esta forma volver a casa.

Es un lujo que como país no nos podemos permitir, no ya por la frustración que supone no poder retener a nuestros jóvenes y el conocimiento que disponen como activo de futuro de gran importancia, sino por lo que supone de dilapidar un esfuerzo económico colectivo importante que en términos cuantitativos se traduce en 5.000 euros anuales. Este es el coste estimativo anual de media que representa un alumno de un curso de grado en la universidad pública.

De la misma manera no solo hay que atraer talento, sino también generarlo a través del intraemprendimiento, es decir, desde la generación en el seno de nuestras empresas de nuevas firmas que desarrollen nuevas líneas de actividad y de producto susceptibles de tener actividad propia.

En este sentido, la percepción de la falta de pulso emprendedor denunciado por el presidente de Cebek podría circunscribirse a Bizkaia -cuyo tejido empresarial no es el mismo que el de Gipuzkoa, y donde se están produciendo situaciones delicadas en algunas compañías importantes-, y no a los otros dos territorios vascos si se tiene en cuenta el nivel de emprendimiento que existe aquí.

En este sentido, los datos que ofrece Bic Gipuzkoa, que presta asesoramiento en los procesos de creación de nuevas empresas innovadoras de base tecnológica, son bastante elocuentes al constatar que la actividad emprendedora registra un constante aumento a tenor de los proyectos que está apoyando la entidad de la que forman parte el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Gipuzkoa al 50%, respectivamente.

En concreto, en lo que llevamos de año, es decir, hasta el pasado mes de marzo, Bic Gipuzkoa ha apoyado un total de 27 nuevos proyectos empresariales. Una cantidad muy importante si tenemos en cuenta que en todo el año pasado los proyectos empresariales que contaron con el asesoramiento de esta entidad fueron 64 de los que 21 tuvieron su origen en el intraemprendimiento en las empresas.

Hay que destacar que los 64 proyectos empresariales aprobados es la resultante de la presentación de 250 iniciativas presentadas por emprendedores del territorio, lo que supuso un incremento del 20% respecto al año anterior.

En lo que se refiere a la creación de start-ups impulsadas por BIC Gipuzkoa, las nuevas empresas que se pusieron en marcha en el territorio en 2017 alcanzó la cifra de 35, es decir, un 29% más que el año anterior. La actividad de estas empresas se desarrolla en las tecnologías digitales (26%), biosalud (20%), industria 4.0 (17%) e industria con un 14%.

Estos datos ponen de manifiesto que el espíritu emprendedor sigue existiendo e incluso la apuesta por la creación de nuevas empresas está aumentando, con lo que habrá que llegar a la conclusión de que puede existir algún déficit en la existencia de un ecosistema propio y unas herramientas que ayuden a los emprendedores a la hora de llevar a cabo sus proyectos y que son fundamentales en la regeneración del tejido empresarial.

Y en este terreno la herramienta financiera se convierte en un aliado fundamental a la hora de apoyar a los emprendedores y acompañarles en la creación de sus empresas. Por eso pareció oportuna la intervención del vicepresidente de MásMovil, José Poza, en el Encuentro Empresarial de Elkargi SGR que se celebró el pasado miércoles en Donostia, a la hora de alertar sobre la necesidad de contar con los instrumentos financieros necesarios para que surjan nuevas empresas y crezcan las ya existentes y evitar que este país se convierta en un escenario de adquisición de compañías por parte de firmas extranjeras, con todo lo que ello significa de incertidumbre y malos presagios para el futuro.

La tesis de Poza es absolutamente clara porque, si contamos con todo aquello que ofrece una sociedad avanzada como es la generación de confianza hacia el exterior y la bondad de sus proyectos empresariales y gestores, es necesario disponer de una “industria inversora potente”, que sea complementaria a las vías de financiación más tradicionales.

De momento, Poza ya ha dado el primer paso y a título personal, junto con otros inversores guipuzcoanos tanto institucionales como privados, ha creado Easo Ventures, la primera sociedad de capital riesgo privada de Euskadi, que cuenta con un fondo de 20 millones de euros con el objetivo de invertir en el capital de alrededor de 50 empresas. De momento, ya han empezado a analizar la posibilidad de entrar en 15 compañías. A pesar de que sale de media a un total de 400.000 euros de inversión por empresa y que no es mucho dinero para las necesidades que se tienen, sin embargo no está mal para empezar.


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