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Un oasis en el desierto del Fast food

El Victoria Eugenia proyectará esta tarde el documental ‘Food Coop’ sobre un supermercado cooperativo con más de 16.000 socios que lleva funcionando desde 1973 en el barrio neoyorquino de Brooklyn.

Un reportaje de Harri Fernández. Fotografía Ruben Plaza - Miércoles, 25 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Philippe Baudry, responsable del supermercado cooperativo parisino La Louve, ayer, en Donostia.

Philippe Baudry, responsable del supermercado cooperativo parisino La Louve, ayer, en Donostia.

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Philippe Baudry, responsable del supermercado cooperativo parisino La Louve, ayer, en Donostia.

En el imaginario colectivo no tienen muy buena fama los hábitos de consumo alimenticios de la población estadounidense. No hablamos solo desde una perspectiva europea, la propia sociedad de EEUU también es consciente de ello. O, por lo menos, algunos sí lo son. Es lo que muestra el filme documental Food Coop, que esta tarde se podrá ver en el Victoria Eugenia, en el marco de la 16ª edición del Festival de Cine y Derechos Humanos. La película recoge el día a día de un supermercado cooperativo en Brooklyn llamado Park Slope, que cuenta con más de 17.000 socios que buscan productos de primera calidad, de proximidad y a un precio competitivo.

¿Y en qué consiste un supermercado cooperativo como este? En este establecimiento, que funciona desde 1973, los asociados pueden comprar productos locales, provenientes de un radio inferior a 500 kilómetros, pero para hacerlo deben colaborar con el propio supermercado. Se trata de productos de primera calidad y más baratos que en un comercio de delicatessen. Cada socio-cliente debe invertir dos horas y 45 minutos de su tiempo en trabajar en el local. Lo pueden hacer atendiendo en caja, reponiendo alimentos, acompañando a otros asociados a sus coches, hogares o a la entrada del metro, y limpiando Park Slope, entre otras labores. Quien no cumple con su obligación entra en un “periodo de gracia” en el que debe hacer no una sino dos jornadas en el supermercado para recuperar sus privilegios.

Park Slope es una organización sin ánimo de lucro “muy rentable”, que reinvierte todos sus beneficios en el propio supermercado. “Han comprado los frigoríficos más ecológicos posibles, todo es nuevo. Piensan en bajar los precios de los productos y están invirtiendo en otros lugares. Por ejemplo, han creado un fondo que presta dinero a pequeñas cooperativas con su mismo modelo, pero solo en Estados Unidos”, explica el director del documental, Tom Boothe.

El cineasta es un neoyorquino afincado en París que pudo superar las reticencias de los socios para rodar debido a que él mismo tenía el proyecto de crear un supermercado parecido en la capital francesa -comenzó a investigar para la película hace una década-. Ese mercado se llama La Louve y abrió sus puertas en el año 2016.

la versión francesaEl responsable de la versión gala del Park Slope, Philippe Baudry, estuvo ayer en Donostia presentando el documental que se proyectará hoy en el Victoria Eugenia y explicando las diferencias y similitudes del supermercado cooperativo de EEUU y el La Louve.

Baudry se mostró agradecido porque desde Park Slope han compartido toda la información necesaria para crear su comercio de proximidad y han mantenido reuniones vía Skype cada semana.

La Louve cuenta ya con 6.000 socios y cada mes crece en 200. Según comentó Baudry, cuando abrieron hace año y medio, de forma inmediata consiguieron 2.500 socios y seis meses después llegaron a los 5.000.

No obstante, apuntó que uno de los problemas principales que han tenido es que tienen muchos socios “militantes” a los que les cuesta comprender que un supermercado de este tipo debe tener una oferta amplia para poder llegar a todos los públicos posibles y no centrarse solo en productos “más puros”. “Si queremos ser un supermercado para todo el mundo tenemos que tener productos para todo el mundo”, afirmó el francés que, además, hizo una analogía más precisa: “Si queremos crear una biblioteca publica tenemos que tener también novelas populares, no solo de grandes pensadores”.

El supermercado cooperativo parisino cuenta con una “oferta en construcción”. Ahora mismo disponen de 4.500 referencias, quieren llegar hasta las 8.000 y a diferencia de las tiendas de productos biológicos y ecológicos apuestan no solo por productos sanos, sino también “con sabor”.

En este sentido, comentó que el perfil de gente que es socia se encuentra mayoritariamente entre los 25 y los 45 años. “Es gente con estudios”, pese a que el rango salarial es “muy amplio”. Aun y todo, comentó que tienen un hándicap: no llegar aún a “públicos populares”. La Louve pretende ser un “proyecto pedagógico” en el que el precio no “puede ser una barrera”. “El precio es un criterio ético”, afirmó.

Baudry explicó que en Europa es mucho más fácil crear un espacio de consumo cooperativo de este tipo, dado que en EEUU algo así suena a “progresista y de izquierdas”, lo que conlleva que la gente sea reticente, “nadie te alquile un local” y que “los bancos no faciliten créditos”.


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