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Con once Xabi Prietos y 40.000 de estos, ganamos la Champions

La peña realista musti taldea ha homenajeado a los siete vecinos de Urretxu y Zumarraga que han cumplido 25 años como socios de la Real. Aficionados como ellos son los que hacen grande al club

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Martes, 24 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Los siete zumarragarras y urretxuarras que han cumplido 25 años como socios de la Real.

Los siete zumarragarras y urretxuarras que han cumplido 25 años como socios de la Real.

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Los siete zumarragarras y urretxuarras que han cumplido 25 años como socios de la Real.

En la rueda de prensa que ofreció Xabi Prieto para anunciar su despedida, Jokin Aperribay dijo que con once Xabi Prietos la Real aspiraría a ganar la Liga. Pues si a esos once Xabi Prietos les sumáramos 40.000 como los que homenajeó la peña realista Musti Taldea el viernes, la Real ganaría la Champions de calle.

Musti Taldea homenajea todos los años a los vecinos que cumplen 25 años como socios de la Real. Los homenajeados de este año son siete forofos con pedigrí. Siete vecinos muy conocidos que han estado a las duras y a las maduras. Se trata de Juanjo Aranburu, Antonio Aranzadi, Iñigo Cantero, Felipe Elgarresta, Txomin Gartziandia, José Antonio Mendizabal y Juan Luis Romero.

Cuando se les pregunta qué es la Real para ellos, dicen que la sienten como algo suyo y destacan el sentimiento de pertenencia. “Es un orgullo. Yo estoy muy orgulloso de mi familia, de mi cuadrilla y de la Real”, resume Mendizabal. Varios de ellos coinciden en que el fútbol les gusta por la Real. Algunos incluso van más lejos: no les gusta el fútbol, sino la Real. “Es algo que nos une con los amigos y con los de alrededor y, encima, de aquí”, comenta Elgarresta. “La Real es lo que sientes cuando celebras un gol importante”, añade Aranburu.

Por la Real han hecho muchas locuras. Como dice Aranzadi, la mayor de todas, ser tan constantes. Cantero recuerda que se aficionó siendo niño, cuando iba a Donostia a visitar a su abuela. “Para mí, ir a Donostia, además de ir adonde mi abuela, era ir a Atotxa”.

A Aranburu fue López Ufarte el que le inoculó el veneno. “De niño, estaba viendo un partido por la tele, y pitaron una falta a favor de la Real. Empecé a decir la va a meter, la va a meter... y la metió”. Aquel conjuro le unió para siempre con la Real. Y Gartziandia se hizo de la Real aunque su padre era del Athletic. Como bien dice Elgarresta, ser de la Real es un sentimiento y, por lo tanto, no es algo racional.

Mendizabal se aficionó de la mano de su padre. Siempre le estará agradecido por haberle llevado a la final de Zaragoza. Su lealtad es tal, que los años en los que vivió en Madrid siguió siendo socio de la Real. “Nunca dejaré de ser socio. Los años en los que viví en Madrid, mi carné solía estar en el bar Avenida, a disposición de los de mi cuadrilla”.

Es más, tal y como recuerda su amigo Aranburu, estuvo a punto de quedarse sin viaje de novios por culpa de la Real. “La semana anterior a que se casara Josean, estuvimos en Vigo. La semana de la boda, la Real jugó en casa contra el Atlético de Madrid. El viernes fuimos a Madrid a la boda de Josean y volvimos para el partido del domingo. Jamás he vuelto en tan poco tiempo de Madrid”, recuerda. “Si la Real llega a ganar en Vigo, bastaba con ganar al Atlético para ser campeones de Liga. Hubiese ido a Anoeta y el viaje de novios lo hubiésemos hecho en otra fecha”, añade Mendizabal.

Todos guardan alguna locura relacionada con la Real. Cantero recuerda que su primera nómina se la gastó en comprar una cama más grande y la segunda, en sacarse el carné de la Real.

Han visto en vivo y en directo los partidos más importantes de estas últimas décadas: el segundo título de Liga, la final de Copa de Zaragoza, el 5-0 al Athletic, la última clasificación a la Champions... “Antes de la final de Copa, fuimos al hotel de la Real. Musti se acercó a nosotros, me dio un abrazo, y me dijo El galés no me ha puesto titular, pero la Copa la vamos a ganar”, recuerda Mendizabal.

Aranzadi siempre tendrá una espina clavada: no haber estado en Valencia el día en el que su amigo Musti debutó con el primer equipo. “Tito Urdangarin y yo estuvimos a punto de ir, pero al final nos rajamos”.

Cantero añade que la Real les debe una final a todos los que eran demasiado jóvenes o no habían nacido cuando ganó los títulos. La gente que estuvo en Mendizorro-tza el 8 de junio de 2008 se lo merece. “Estábamos ya celebrando el ascenso y en un minuto todo se vino abajo. Aquello fue llorar, llorar y llorar”, recuerda.

Por no hablar del día en el que asesinaron a Aitor Zabaleta. “El ambiente era nauseabundo. Hacía frío y Tito se compró un gorro con el dibujo de un perrito porque no se atrevía a ponerse el gorro de la Real. Era terrorífico ver cómo ondeaban las banderas de las gallinas”, comenta Aranzadi.

La Real es lo que es, gracias a aficionados como Zabaleta y como ellos.


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