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Desde la Avenida de Tolosa

Pitos y decibelios

Por Adolfo Roldán - Domingo, 22 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Era un 14 de junio de 1925, y se jugaba en el campo de Las Corts un partido amistoso entre el Barça y el Club Esportiu Júpiter, como homenaje a los éxitos obtenidos en Europa por el Orfeó Catalá. El árbitro señaló el descanso, momento que aprovechó la banda de la marina británica para interpretar el himno nacional español, que fue pitado y abucheado por una gran mayoría de las 14.000 personas que asistían al encuentro, expresando su repulsa contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Los músicos ingleses desconcertados por lo ocurrido, tocaron seguidamente el Good save the King que ahora sí fue recibido con un respetuoso silencio. Aquella fue la primera pitada al himno, que fue severamente castigada por la dictadura con la suspensión de toda actividad del club durante seis meses. Además el presidente Joan Gamper tuvo que dimitir y marchar al exilio en Suiza donde vivió los últimos cinco años de su vida antes de suicidarse, al parecer debido a una serie de depresiones y problemas económicos. Desde entonces, la pugna entre los pitos y los decibelios de la televisión se ha convertido en un clásico de las finales de Copa, donde participe el Barça y/o equipos vascos. A medida que se acerca la fecha, los medios de comunicación y la clase política española se va calentando, mostrando su lado más intransigente, exigiendo castigos ejemplares para los pitolaris, que contra argumentan con el derecho fundamental a la libertad de expresión. Así lo recogió también la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional en septiembre de 2009 al archivar la querella por supuestos ultrajes a España en la pitada de aquel año durante la final de Copa estimando que no constituía delito. Criterio amparado por el artículo 20.1 de la Constitución, y por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Resulta ridículo que las televisiones pretendan tapar la realidad, multiplicando los decibelios con que se emite el himno. El enojo de la ciudadanía tiene motivación política, y su solución no es la represión, ni los jueces, ni la censura.


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