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Januzaj despega el cohete de Imanol

En racha La Real también golea al Atlético en su mejor partido de la temporada y pone patas arriba Anoeta guiada por la exhibición de calidad del extremo belga

MIKEL RECALDE - Viernes, 20 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Los suplentes de la Real celebran con Juanmi su primer gol durante el partido de ayer en Anoeta.

Los suplentes de la Real celebran con Juanmi su primer gol durante el partido de ayer en Anoeta. (efe)

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Los suplentes de la Real celebran con Juanmi su primer gol durante el partido de ayer en Anoeta.

Acabó siendo apoteósico. Con Anoeta rendido a sus pies acompañando con olés sus pases, los blanquiazules casi derrumban las gradas que quedan del viejo estadio y el fondo sur que están levantando con una jugada antológica que finalizó con un cabezazo de Juanmi a la escuadra, a centro de De la Bella. Era el 3-0, que llegó en pleno delirio de un público entregado a la reacción y el buen juego de su equipo, que dio un auténtico baño al segundo clasificado del campeonato. Esta vez, en una noche tan perfecta, no merece la pena recordar lo que podía haber sido toda la temporada si este equipo hubiese jugado y rendido de esta manera. Cada campaña, la Real protagoniza una actuación de este calibre y demuestra que puede competir y derrotar a cualquiera. Eso tampoco nos puede sorprender. Pero es que la llegada de Imanol ha supuesto un cambio de rumbo espectacular. Son ya 10 puntos de 12 posibles y si se gana al ya descendido Málaga el domingo, la Real se pondrá a dos puntos del séptimo clasificado, que es el Sevilla, al que tiene que visitar, y que si vio su exhibición de ayer mientras prepara la final de Copa lo lógico es que comience a preocuparse por la opción de perder su silla.

El técnico oriotarra ha dado con la tecla a la primera. Cuando le subieron, algunas voces mostraban su inquietud porque “no conoce a la primera plantilla”. “Pero si he entrenado a casi todos y les veo trabajar y jugar”, se defendió en privado con su gente de confianza. Se le podrán comentar muchas cosas y elogiar su personalidad y decisiones, pero su verdadero mérito reside en su acreditada capacidad para diagnosticar lo que no estaba haciendo bien el equipo con su antecesor en el puesto y lo que podía explotar mucho más. La Real ha recobrado sus señas de identidad de siempre. Está bien jugar como el Barcelona durante un periodo, pero lo que siempre ha imperado en este club ha sido este juego de lucha, agresividad, de constante ataque y defensa ordenada con las líneas juntas, además de contar con futbolistas de clase y calidad para hacer daño al que se ponga por delante. ¿La consecuencia? Una Real mucho más competitiva, que muerde en cada acción, que no da un balón por perdido y que enciende igual a la grada cuando Januzaj hace un caño que cuando Aritz se parte la cara por el escudo en plan Tarzán en mitad del campo. Este último componente es el que quizá no supo medir bien Eusebio. Muchos de los que estuvieron en Lyon en aquella previa de Champions celebraron como si fuera un gol una pelea aérea de Carlos Martínez en un descomunal salto con un adversario. Así somos.

Todo eso y más. Mucho más. Porque, además de lograr cerrar la puerta (no ha encajado un tanto en los cuatro partidos), lo que confirma que era un problema estructural, ha encontrado una fórmula ofensiva de mucho talento y que destroza las zagas de los adversarios. A Oyarzabal y Januzaj les sobra calidad para marcar la diferencia al más puro estilo Vela en sus mejores noches. Ayer el canterano se sacrificó más y no brilló tanto, mientras el belga destapaba el tarro de las esencias con un show que tardará en olvidarse mucho tiempo. Esta vez sí, su rendimiento estuvo a la altura de su clase, como venimos exigiéndole, levantó Anoeta con sus carreras por la banda plenas de adornos, regates, piruetas y caños y acabó sacando de quicio a los madrileños, que incluso le increparon acusándole de estar vacilándoles. ¡Pero si juega siempre así! No habría estado de más que le hubiesen estudiado tanto como lo hicieron en la ida con Odriozola, a quien esperaban en el lateral tal y como estuvo probando Simeone en la víspera. Parte de la culpa no es suya, porque seguro que nadie le preguntó, pero es que en su rueda de prensa casi ni mencionó la palabra Real. Ni qué decir que tampoco el nombre de Imanol. Ahí tiene el resultado. El baño más grande que han recibido en la Liga y su cuarta derrota de la temporada, la primera de ellas por más de un gol de diferencia. No, ayer no estaba un cualquiera enfrente para los agoreros a los que les encanta restar mérito a los realistas. Era el Atlético de Simeone.

Imanol volvió a sorprender con cuatro cambios en el equipo. El técnico mantuvo la misma idea de juego, pero dio entrada a Rulli, Héctor Moreno, De la Bella y Pardo. Lo más reseñable, sin duda, la titularidad del argentino, en lo que es el enésimo giro de tuerca en la disparatada portería txuri-urdin de esta temporada. Nadie duda de que el argentino es mejor portero que Toño Ramírez, pero luego, en un equipo que se entrena todos los días, sin duda está el hecho de merecerlo o no. Se supone que si no lo tenía decidido ya, el riojano no querrá pasar ni un minuto más de su carrera aquí. El hecho de no haber hecho méritos suficientes para continuar no significa que a un canterano se le pueda menospreciar de todos los modos habidos y por haber. Del resto de variantes, destaca que apostara de nuevo por Pardo, sobre todo en un partido de pie fuerte y un listón alto de agresividad y competitividad con el siempre hercúleo Atlético enfrente. No, Imanol no se traga la leyenda de blando que persigue al de Rincón de Soto.

Con PardoLa primera parte discurrió por los cauces previstos. La Real llevando el peso del partido mientras el Atlético, cómodo sin balón y asfixiante en la presión, trataba de forzar el fallo para penalizarlo. Nadie lo hace mejor que los atléticos en la Liga. Esto provocaba que los blanquiazules tuvieran que tener mucho cuidado con los pases, sobre todo en el origen de sus jugadas. Probablemente, este fue el motivo por el que Imanol se decantó por Pardo.

Con los dos equipos dificultando la salida de balón del otro y sin cometer errores, lo lógico es que no generaran demasiadas ocasiones de gol. Era un partido cerrado y, si conquistar cada metro costaba sangre, sudor y lágrimas, un gol era un tesoro de incalculable valor. Como así fue. La mejor noticia es que la Real vuelve a competir con y sin balón. Su despliegue físico fue absolutamente heroico, poniéndose a la altura de uno de los actuales grandes de Europa.

Willian José, sin llegar a chutar a puerta, y Godín, en un cabezazo, fueron los primeros en generar peligro. Pero, antes del descanso, los locales lograron ponerse por delante gracias a una jugada de Januzaj con gran asistencia del brasileño, que la cruzó a la red tras pegar en el palo. El propio belga dispuso de otro disparo desde fuera del área y el Atlético protestó con razón un fuera de juego mal pitado a Gameiro en una acción con sabor a gol.

En la reanudación, tras un toma y daca intenso y emocionante, los atléticos se decidieron a arriesgar adelantando sus líneas y, como suelen hacer ellos, se encontraron con un rival temible y pleno de confianza que no frenó tras oler la sangre en los metros que dejó a sus espaldas. Januzaj, Canales (es justo volver a replantearse su renovación si aún no ha firmado por el Betis), Oyarzabal y Willian reventaron a la zaga visitante. Sin olvidar el impresionante trabajo de contención de un Illarra tan heroico como Aritz. Después de dos sustos de cabeza de Torres y de Vrsaljko, arrancó el vendaval txuri-urdin con una contra sublime casi al primer toque que Willian culminó con un chut fuera;con un caño memorable de Januzaj a Koke para no encontrar rematador a su centro;y con un disparo de Canales rozando el palo antes de que saliera el especialista para hacer un trabajo limpio. Juanmi cerró el encuentro con un doblete al transformar dos combinaciones precisas y eléctricas de los realistas.

3-0 al segundo. La Real de Imanol es un cohete que ha emprendido un vuelo del que aún se desconoce su alcance. Pero el estado de optimismo quedó definitivamente instalado en la afición tras su apoteósica actuación de ayer. Volvieron los olés, las ovaciones de pie a los jugadores, la presión al rival y al árbitro y los claxons al final del choque. En una palabra, la felicidad. No digas que no fue una noche perfecta. Nos lo merecíamos, ¿no?


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