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Fallece Mari Ábrego, el montañero que hizo historia en 1986 en el K-2

adiós el navarro, que junto a josema casimiro fue el primer alpinista del estado en hollar la segunda montaña más alta de la tierra, muere a los 73 años víctima de un cáncer

Beatriz Equísoain Iraizoz Javier Bergasa - Viernes, 20 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Ábrego, a la izquierda, junto a Josema Casimiro, en el 25º aniversario de su ascensión al K-2.

Ábrego, a la izquierda, junto a Josema Casimiro, en el 25º aniversario de su ascensión al K-2.

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Ábrego, a la izquierda, junto a Josema Casimiro, en el 25º aniversario de su ascensión al K-2.

pamplona- El montañismo vasco se tiñe estos días de luto. Mari Ábrego Santesteban, leyenda del himalayismo y del alpinismo, falleció ayer en la localidad navarra de Urdaitz a los 73 años, debido a un cáncer de estómago que sufría desde hace un tiempo. Su pérdida deja huérfano a un deporte que lo admiraba y del que fue referencia, ya que en el verano de 1986 se convirtió, junto al también navarro Josema Casimiro, en el primer montañeros del Estado español en hollar el K2, la segunda cima más alta del planeta. Toda una hazaña.

Ábrego, nacido en Los Arcos el 4 de julio de 1944, fraguó una dilatada trayectoria dentro del alpinismo que le permitió conocer y disfrutar de los picos más espectaculares del mundo. Nunca exentas de peligro, sus expediciones supusieron todo un reto para el navarro, quien supo siempre acompañarse de los mejores en cada uno de sus viajes a lo más recóndito.

Su primera nacional a la Cassin del Denali, sus 25 veces a lo más alto del Aconcagua, sus cinco ochomiles-Makalu, K2, Nanga Parbat, Broad Peak y Cho Oyu-, sus cuatro intentos al mítico Everest, además del Jannu y el Kangchutse, conforman uno de los historiales más completos dentro del alpinismo y, sobre todo, del himalayismo. Y es que su amplia carrera dentro del montañismo no se entendía sin el Himalaya. Allí hizo historia. Allí se erigió como uno de los mejores de este deporte a nivel estatal. Y allí unió su destino, por primera vez, a una cordillera que le acompañaría el resto de su vida.

una ascensión históricaBuena parte de las reacciones a su muerte que se sucedieron durante todo el día de ayer incluían, como es lógico, el recuerdo de su histórica ascensión al K2 junto a su compañero y amigo Josema Casimiro. El 23 de junio de 1986, los dos montañeros navarros alcanzaron su cima (8.611 metros), la segunda más alta del mundo. El mérito era incuestionable. No solo porque el K2 está considerada como una de las más difíciles de escalar, sino también por el añadido de que ambos lo hicieran en estilo alpino. O lo que es lo mismo, a la manera tradicional. Sin la ayuda de la tecnología, sin apoyo externo, sin sherpas, sin oxígeno y sin cuerdas fijas. Solos con su voluntad, con su pasión, con su brío aventurero. Ábrego y Casimiro lograron su objetivo, la anhelada cima, y, con él, escribieron sus nombres en la historia. Ambos se convirtieron en los dos primeros alpinistas del Estado español en hollar el K2. Un hito.

el everest se le resistióMari Ábrego alcanzó el sueño del K2 en 1986, después de que ya lo hubiera intentado con anterioridad. En concreto, en 1983, cuando llegó hasta los 8.450 metros junto a Roger Baxter-Jones. Lejos de tirar la toalla, siguió empecinado en su propósito y tres años después lo consiguió. No así en lo que se refiere a otra mítica montaña: el Everest.

El navarro lo intentó en cuatro ocasiones. La primera en 1985, cuando llegó a 7.600 metros en una expedición vasca a la cara norte e hizo cumbre en el Rapü Peak (6.862 metros) por la cara sur;la segunda, en 1987, con Josema Casimiro, con quien alcanzó los 8.500 metros en el Corredor Norton en estilo alpino, además de repetir el Rapü Peak;su tercera tentativa se produjo en 1989, de nuevo acompañado de Casimiro y con Lorenzo Ortas, con quienes subió hasta los 8.500 m de nuevo;y, la cuarta y última, en 1990 con la expedición vasca a la pared SO (8.300 m), con su inseparable Casimiro, Zuloaga y otro compañero.

No obstante, Mari Ábrego, con o sin Everest, permanecerá en la memoria del montañismo vasco. Coronó, con enorme éxito, cinco ochomiles. El primero de ellos, cuando contaba con 40 años, en 1984. Se trató del Makalu, la quinta montaña más alta del mundo. A esta cumbre le siguieron el ya mencionado K2 en 1986;el Nanga Parbat, en 1992;el Broad Peak, en 1995;y el Cho Oyu, en 1999. Sin olvidar, por supuesto, que antes de todos ellos su incursión fue el Jannu, en 1981, acompañado por otros montañeros como Josema Casimiro, Xabier Garaioa, Iñaki Aldaya, Muru y Patxi Senosiain.

una labor reconocidaLa labor de Mari Ábrego, referente del montañismo en los años 80 y 90, no pasó desapercibida por las instituciones a la hora de premiarle. El alpinista acumuló numerosos reconocimientos, como el galardón al mejor deportista navarro;la Medalla de Oro al Mérito Deportivo del Gobierno de Navarra;o la Medalla de Plata del CSD.

Su conocimiento de la montaña, de los rincones más recónditos y peligrosos, de su buen hacer como alpinista, le llevó a participar también en labores de rescate de otros compañeros, como el de la montañera tafallesa Miriam García.

Asimismo, Ábrego trasladó su pasión por la montaña al ámbito empresarial con la tienda Mendi Kirolak. Un establecimiento que abrió sus puertas por primera vez en la travesía Pico de Ori de Pamplona y, tras pasar también por Paulino Caballero y San Antón, su última ubicación fue en Castillo de Maya.

Ahora, tras varios años sufriendo una cruel enfermedad, Mari Ábrego dice adiós a sus 73 años. En julio, hubiese cumplido los 74. Se despide como una gran leyenda del alpinismo. Como un valiente que se enfrentó a todo tipo de vicisitudes en los picos más maravillosos y peligrosos del mundo. Siempre de cara. Hoy, por la mañana, se producirá la conducción desde el tanatorio Irache de Burlada hasta el crematorio del cementerio de Pamplona a las 10.30 horas. Allí su familia, amigos y allegados podrán despedirse de este enorme deportista. Las montañas que acogieron sus pasos ya le dijeron adiós hace unos cuantos años, aunque seguro que hoy se sienten mucho más tristes.


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