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Jokin Lizeaga | corredor de montaña

“En el agujero pienso que dejo a mis tres hijos sin padre, me despido de ellos;qué puta muerte”

Jokin Lizeaga (Urnieta, 1979) revive con una entereza increíble, aunque con la voz quebrada, el terrible accidente que tuvo el sábado pasado en Asturias del que salió milagrosamente vivo

Una entrevista de Néstor Rodríguez Fotografía Gorka Estrada - Viernes, 13 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Jokin Lizeaga, corredor de montaña.

Jokin Lizeaga, corredor de montaña.

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Jokin Lizeaga, corredor de montaña.

urnieta- El urnietarra, uno de los mejores atletas del panorama vasco y estatal de trail -además de profesor de Educación Física en Elizondo-, participaba el sábado en el Maratón de los Pastores de Portudera cuando cayó a un agujero de unos quince metros de profundidad. Pese a tener un hombro roto, fuertes golpes y mucho frío, mantuvo la lucidez y las fuerzas y fue capaz de escalar diez metros, ponerse a gritar y conseguir que le escucharan otros atletas. Después de tres horas de agonía, en los que no perdió la consciencia, fue rescatado. Unos días después, en una sociedad de Urnieta, cuenta a NOTICIAS DE GIPUZKOA cómo sucedió, lo que se le pasó por la cabeza, sus reflexiones sobre cómo evitar situaciones así en el futuro... Su narración, con los ojos llorosos por momentos, emociona y sobrecoge por su sinceridad y por el infierno que vivió. “Es un milagro que esté vivo”, reconoce. La suya es una de las historias del año.

¿Cuál es el parte de guerra?

-Tengo una fractura de hombro, que se me luxó y se me fracturó en la caída, una costilla rota, esguinces en los dos tobillos, un escafoides fisurado y magulladuras varias. Ahora mismo, nada. Chapa y pintura. No me preocupa, soy una afortunado.

¿Cómo sucede?

“Cuando caigo, soy consciente de que en pocas horas probablemente fallezca;mi única opción es llamar la atención de otros corredores”

-Fue algo heavy. Cojo la cabeza de carrera en el kilómetro 17 o así, que es justo subiendo el kilómetro vertical más duro del mundo, según dicen. Voy bien, voy fresco, sin apretar mucho. Había bastante nieve, y corría por encima de las huellas para intentar no hundirme mucho porque los días anteriores había hecho 20 grados y la nieve estaba muy pocha. En el kilómetro 23 o 24, en uno de esos neveros, en lugar de hundirme hasta las rodillas, me hundo hasta el pecho. Soy consciente y abro los brazos para no hundirme más, pero me voy. Desaparezco. No sé cuántos segundos son, cinco o seis, quince o veinte metros de caída libre por un tubo vertical. Durante la caída tengo muchísimos pensamientos, lo relaciono con que esa caída me va a llevar hasta el mar, no sé por qué, igual porque caía agua. Lo relaciono con la muerte, adiós. En cuanto caigo, sé que el hombro está roto porque me cuelga, miro para arriba y veo el agujerito estrecho arriba, muy lejos y pequeño. Uf.

Sobrevive al golpe. ¿Qué piensa?

Pienso en las posibilidades que me quedan y en la estrategia. Soy consciente de que en pocas horas probablemente fallezca. Estaríamos a 1.300 metros o así, haría en el exterior seis o siete grados, en el agujero igual menos, hacía frío, caía muchísima agua, era como una cascada por el deshielo. Pensé que para cuando el segundo clasificado llegara al punto de control, se dieran cuenta de que yo no había pasado y empezaran a buscarme, no iba a haber un cuerpo suficientemente resistente como para aguantar tantas horas, así que había que buscar una solución para que me oyeran desde arriba. La única posibilidad de vida es que sé que van a pasar por encima mío y que tengo que llamar la atención de los corredores. Me visto el chubasquero y como una barrita energética y un gel, había cogido varios en el punto de control anterior. Llevaba cinco minutos o así de ventaja, así que al principio estoy callado, pensando más en la muerte que en la vida, pero no pierdo energías. Luego empiezo a chillar. No me escuchaba nadie, había mucho ruido por la caída del agua, que bajaba más, el agujero era más profundo. Estaba oscuro. Empiezo a palpar la pared, veo que es roca y hay agarres, y no sé cómo, empiezo a escalar un poco con una mano. El tubo era estrecho. Gano un par de metros, me motivo, y en una de esas llego a una repisa de unos 30 centímetros para apoyar los dos pies, y a partir de ahí ya se complicaba para subir.

La única opción era que le escucharan desde arriba...

Ahí me acojono porque pienso que me voy a caer de nuevo, así que decido quedarme. Soy capaz de sostenerme con la mano derecha contra la pared y estoy de pie todo el rato. Ahí de nuevo como una barrita y un gel. Recuerdo que llevábamos manta térmica y silbato, saco la manta del bolsillo y se me cae el silbato. Me pongo la manta a la espera de corredores. Empiezo a pasar ya frío y pienso incluso en que caiga algún otro corredor y que los dos acurrucados podríamos mantener la temperatura. Me acuerdo de mi pareja, no estamos casados ni somos pareja de hecho, vamos a casarnos en septiembre. Me acuerdo de eso que teníamos pendiente, qué puta muerte, con tres niños de siete, cuatro y un años. Soy consciente de que dejo eso sin atar, sin viudedad, sin orfandad, sin padre. Qué puto inútil, pienso. Me despido ya de los peques y pienso que la despedida es cutre. Sé que me buscarán, pero ese momento es duro. Me pongo a la espera de que pase alguien. En una de esas pasa uno, veo sus pies pasar por encima, me pongo a chillar como un loco: ¡Eh, eh, socorro! El tío se da la vuelta, me ve o me oye, le digo que soy Jokin, que necesito cuerdas y que pida socorro. El tío vuelve a irse, me entra un bajón de la hostia, para cuando vuelva igual no aguanto, estoy frío, temblando. Pero tengo esperanza. Veo más pies, grito, se para y le grito: ¡No me dejes solo! Y al instante escucho voces conocidas, la de Javi Domínguez y Sergio Aramendia. Les digo que soy Jokin. Ahí me tranquilizo, porque sé que me van a sacar. Me dicen que han llamado al helicóptero, me animan. En ese momento lloro porque pienso que igual salgo de esta.

“Palpo la pared, veo que hay agarres y, no sé cómo, empiezo a escalar con una mano, hasta llegar a una repisa donde me quedo de pie”

En ningún momento perdió la consciencia.

-No. De la tibia sangraba bastante, y el dolor del hombro era muy fuerte. Tenía frío, pero estaba muy lúcido, la estrategia que utilicé era la única que podía salvarme. Ponerme el chubasquero, comer y escalar, porque no me hubieran escuchado desde abajo. Escalaría diez metros o así.

Le salvó estar en un estado de forma tan bueno.

-Iba con bastante fuerza, había comido bien en carrera, creo que eso me ayudó. La manta térmica me la eché por encima de la cabeza y echaba la respiración dentro de la manta para aguantar la temperatura. Llega el helicóptero y me dicen que van a hacer unos anclajes. Ahí empiezo a marearme, pero ya pienso en la vida, en que me sacará el bombero. Tenía mucho frío, temblaba a saco, mantenerme de pie me costaba, me había quedado sin fuerzas. Baja el bombero, le pido que me saque rápido. Es mucho más lento de lo que yo quería, sufro mucho para ponerme el arnés, un minuto o así chillando. Quería salir. ¡Sácame!, le grito.

Tenía un principio de hipotermia.

“Cuando oigo las voces de Javi Domínguez y Sergio Aramendia, me tranquilizo;ahí lloro porque pienso que igual salgo de esta”

-Arriba me ponen mantas. En el helicóptero dicen que estaba con 32 grados, al hospital ya llego con 34. Pienso que me he librado de la muerte. La caída se me hizo muy larga. Abajo despidiéndome de los peques, la mierda esa de no haberme casado... me acuerdo de pensar todo eso en los primeros minutos. Y luego escalar, ser consciente de que los atletas iban a pasar. Tampoco quiero que se insista en que los banderines pasaban justo por encima de la puta sima. Sé que organizar es difícil, no tengo ningún interés en remover esta historia.

Pero se puso en riesgo su vida. ¿Hasta qué punto es fallo de organización o es mala suerte? ¿Se debe suspender una carrera por la nieve? Habrá reflexionado sobre todo esto.

-He hecho una reflexión, sí. Yo me he librado, pero creo que va a pasar algo gordo algún día. Organizar una carrera no es fácil, hay poca gente para hacerlo y por desgracia va a pasar algo a los corredores. Hay mucha industria y mucha economía ya en las carreras de montaña: publicidad, marcas, speakers, prensa deportiva de trail... mucha gente que está ganando dinero con esto, y no los corredores, y los que van a acabar mal somos nosotros. Si tengo fuerzas y ganas, igual me centro más en buscar soluciones a esos errores que en seguir corriendo. Sin haberlo analizado aún mucho, pienso que habría que correr con GPS y localizadores y que haya una centralita que vea, por ejemplo, que un GPS lleva parado diez minutos y dar la voz de alarma. No creo que sea complicado. Soy conocido en este mundo, soy respetado y sé que mi voz tiene fuerza. Igual me adentro en ese camino.

¿Suele llevar móvil en las carreras?

-Normalmente el móvil no es material obligatorio. Igual no hubiera tenido cobertura, al 112 no sé si hubiera podido llamar. El 112 funciona con todas las coberturas, pero hay lugares donde no hay ninguna cobertura.

“Es muy complicado caer quince metros y que el cuerpo aguante, no quedarme inconsciente;me parece increíble, igual no era mi momento”

¿Hasta qué punto se pueden señalizar y tener controlados 40 kilómetros de carrera?

-Es complicado, y más con nieve. Por desgracia creo que esa sima está marcada en los planos. Pero no quiero que se hable mucho de esto porque no gano nada. Es difícil organizar 40 kilómetros de alta montaña con poca gente. Igual no se deberían meter 700 tíos en ese estado, pero como da dinero... hay mucha pasta, muchos interesados: hoteles, comercios, restaurantes, la gente que está alrededor de las carreras. Menos el que corre. Es un deporte muy nuevo, la montaña tiene sus riesgos y todos los asumimos. Me gusta correr en ese tipo de terrenos, pero lo que no piensas es que vas a caerte por una sima dentro del itinerario marcado. Hay muchas cosas que mejorar para que no vuelva a pasar, porque va a pasar.

¿Con quién fue a la carrera?

-Con la familia. Sufrirían más que yo seguramente. Están en meta y ven al organizador llorando, gente nerviosa. Les informan rápido de que he tenido un accidente y que me van a llevar en helicóptero, le dicen a mi pareja que tengo algo en el hombro. Ve a la gente fuera de sus casillas y pregunta si le están ocultando algo, pero nadie sabía nada. En cuanto llega al hospital ella pregunta si hablo o muevo los pies y le responden que sí. La niña mayor es consciente de lo que está pasando, acaba con fiebre ese día, y el de cuatro años dice que estoy en un agujero en el monte, no es consciente. Es una putada que yo haga sufrir a mi entorno. Que yo me lo pase bien y que los demás estén sufriendo me da que pensar. ¿Merece la pena? ¿Soy egoísta?

¿Cómo se va a tomar a partir de ahora las carreras?

“Yo me he librado, pero creo que va a pasar algo gordo algún día;hay muchos intereses y dinero alrededor, y organizar una carrera no es fácil”

-No lo sé. Sé que voy a correr, ir al monte, seguro que me volveré a vestir un dorsal. Me gusta el monte, sufrir, competir, no me cuesta mucho esfuerzo ganar, y eso es bonito, el ego se infla con las victorias. Igual las competiciones de tanto riesgo o de alta montaña empiezo a dejarlas. No sé si lo conseguiré.

Está abrumado por el interés de la gente.

-Sí. Agradecido. No tengo redes sociales, menos mal, pero igual he recibido 2.000 wasaps, no sé ni cuantos. He respondido a todos o a muchos. Estoy sobrepasado. Me ha venido bien, porque durante las horas de observación he contestado diciendo que estoy jodido pero contento. Me gusta contarlo, necesito sacarlo. Las noches están siendo duras. El domingo dormí en casa y tuve un pequeño ataque de ansiedad. Me estoy despertando muchas veces con la caída y sigo pensando que me va a llevar al mar, que no sé dónde acaba este embudo. Pero creo que estoy bien (se ríe). Igual alguno dice que ya se me ha ido la olla. Soy consciente de que tengo una suerte del copón. Igual no era mi momento porque sigo teniendo cosas que aportar a la vida. Es muy complicado caer quince metros y que el cuerpo aguante, que no haya habido una fractura abierta y m e quedara inconsciente. El bombero me dijo: Has caído de una quinta planta.

¿No fue chocando contra las paredes en la caída?

-No sé, tiré nieve, igual cayó y amortiguó algo. Igual el músculo, como iba en carrera, estaba preparado para impactos. Sé que es un milagro caer de un quinto piso de pie y no tener nada en las vértebras, no partirme los tobillos. Me parece increíble. Será que me ha tocado seguir vivo. Soy un afortunado. Estoy agradecido a la gente por el apoyo que me ha dado. Los cinco corredores que se quedaron conmigo sufrieron la hostia, pensaban que igual no salía de ahí.


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