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La familia de ‘Naparra’ pide seguir buscando el cuerpo un año después del infructuoso rastreo en Francia

La Gendarmería desechó excavar en el paraje de Brocas en el que el forense Paco Etxeberria veía más posibilidades

Ahora intentan también que la fuente declare en la Audiencia Nacional

Andoni Irisarri - Lunes, 9 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Eneko Etxeberria, hermano de Naparra, posa en el paseo de Ronda de Pamplona.

Eneko Etxeberria, hermano de Naparra, posa en el paseo de Ronda de Pamplona. (Iñaki Porto)

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Eneko Etxeberria, hermano de Naparra, posa en el paseo de Ronda de Pamplona.

Iruñea- El último año no ha sido muy diferente a los anteriores para la familia Etxeberria Álvarez. De hecho, las ocupaciones han sido prácticamente las mismas: el trabajo como profesor de matemáticas de Eneko, el hijo pequeño;la lucha contra los achaques de la edad de Celes Álvarez, la madre ya octogenaria;y la búsqueda impenitente de Joxe Miguel, Naparra, el hermano mayor e hijo secuestrado y asesinado en 1980 y cuyo cuerpo sigue sin aparecer. De hecho, esta última actividad es la que más esfuerzos infructuosos ha deparado a la familia desde hace 38 años. Y del último revés se cumplió, la semana pasada, un año. El que ha pasado desde que Francia, tras una petición de la familia en los tribunales, accediese a rastrear los restos de Naparra en las cercanías de Mont-de-Marsan, siguiendo las indicaciones de un exagente del Cesid. La búsqueda no dio resultados, pero lejos de paralizar a la familia, Eneko, su hermana Camino y Celes han pedido un nuevo rastreo con base en los trabajos periciales que llevó a cabo el forense Paco Etxeberria, y con los que esperan agotar todas las posibilidades de encontrar los restos.

Estos trámites se han llevado todo un último año que venía precedido por un descubrimiento excepcional que hizo pensar a Eneko, su madre y su hermana que el hallazgo de Naparra podía estar más cerca que nunca. Se produjo gracias a la confesión de un exagente de los servicios secretos españoles al periodista Iñaki Errazkin. El exespía se presentó a Errazkin como una “fuente confidencial española” residente en Brasil, y “al corriente de las operaciones del Estado” en plena guerra sucia. Entonces Naparra, que no tenía ninguna causa abierta en la Audiencia Nacional, permanecía oculto en Iparralde por ser dirigente de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. En junio de aquel año y cuando tenía 22 años, fue abordado por el Batallón Vasco Español, que a los días asumió el secuestro y asesinato de Naparra.

Son casi las únicas certezas que ha tenido la familia hasta la confesión del exagente del Cesid, que en su declaración ofreció detalles concretos sobre la posible localización del cuerpo en un paraje de Mont-de-Marsan, apenas a una hora en coche de Ziburu, donde encontraron el Simca 1100 de Naparra. Una vez que Íñigo Iruin, abogado de la familia, comprobó la veracidad del relato, confeccionó un informe que contó con el sustento pericial del forense Paco Etxeberria, y que permitió la reapertura del caso en el Juzgado de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional, bajo la tutela del juez Ismael Moreno.

dos posibilidadesDe allí es de donde partió, en octubre de 2016, la comisión rogatoria a la justicia francesa que autorizó los trabajos sobre el terreno del mes de abril. Paco Etxeberria, en su estudio pericial, planteaba dos posibles localizaciones en un paraje de Brocas, localidad de Las Landas. Pero la justicia francesa, con base en un estudio de la Gendarmería Nacional, desechó de inicio una de las localizaciones propuestas, precisamente en la que el forense creía que había más posibilidades. Así, la investigación cambió su rumbo con un resultado conocido: al explorar el paraje propuesto por las autoridades francesas no se encontró ningún rastro. “No nos hemos quedado satisfechos porque vemos ciertas incoherencias en el relato de la Gendarmería”, argumenta Eneko Etxeberria para justificar la decisión de volver a pedir a la justicia gala que, ahora sí, se examine la localización propuesta por Paco Etxeberria tras haber estudiado el terreno. Es una petición que está tramitándose y de la que todavía no tienen respuesta. Como tampoco saben si podrán hacer declarar en la Audiencia Nacional al confidente del Cesid, otra de las reclamaciones que ha cursado la familia a través de Iruin a lo largo del último año. Lo que tienen claro es que luchan contra el tiempo. Tanto el de las instituciones, con unos plazos apretados, como con el de las personas, con unas fuerzas cada vez más menguantes tras casi 40 años de búsqueda. “Mi madre está que no se tiene de la impotencia que siente, de ver tanta impunidad”, lamenta Eneko Etxeberria. “Ve que pasa el tiempo y que su hijo no aparece, y teme irsesin encontrar a Joxe Miguel”, como le pasó a su esposo, Patxi, fallecido en 2006 tras otra vida dedicada a la búsqueda. “Incluso me ha llegado a decir oye, vamos a coger un pico y una pala si hace falta. Una madre es una madre”, lamenta.


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