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Mirar hacia otro lado

‘La llamada de la tribu’ de Vargas Llosa

Por Mikel Mancisidor - Sábado, 7 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Mikel Mancisidor

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Mikel Mancisidor

Hace unos días visité Lima para dar unas clases y me pareció el sitio adecuado para comprarme el último libro de Mario Vargas Llosa. Tras picar un poco en el largo vuelo de vuelta, la Semana Santa me ha regalado un tiempo precioso para terminarlo. El libro se titula La llamada de la tribu.

Vargas Llosa presenta en este libro a siete pensadores que han sido claves en su evolución intelectual y política, en su transformación desde el joven comunista á la Sartre que fue en Lima, hasta el liberal de Madrid que es hoy. Por eso, el autor reconoce que “no lo parece, pero se trata de un libro autobiográfico”.

Lo mejor del libro quizá sea su prólogo, donde cuenta esa evolución desde “la identificación con la Revolución cubana que duró buena parte de los años sesenta, y a la que defendí con manifiestos, artículos u actos públicos”. Recuerda sus años parisinos en que gusta de leer autores que le retan intelectualmente, precisamente por defender posiciones ideológicas muy diferentes. Impagable es ese párrafo en que confiesa que “una vez a la semana compraba a escondidas el periódico réprobo de la izquierda, Le Figaro, para leer el artículo de Raymond Aron, cuyos penetrantes análisis de la actualidad me incomodaban a la vez que me seducían”. Reconozco en esa atracción que ejerce el pensador ideológicamente lejano, pero al que se reconoce inteligencia, honestidad y saber, la semilla de la maravillosa aparente traición a uno mismo que supone evolucionar y cambiar para ser así aún más uno mismo siendo distinto. No pocas veces leí yo a mis veintitantos algunos ensayos del propio Mario Vargas Llosa, no a escondidas pero sí con esa mezcla de incomodidad y seducción de la que él habla, como practicando un vicio un tanto impuro.

Evoluciona Vargas Llosa a un liberalismo cada vez más clásico pero también abierto y tolerante, como el de sus maestros, y en todo caso basado en la igualdad de oportunidades que sólo puede partir, eso lo defiende con claridad, de una educación universal de calidad para todos.

El último libro del Nobel de Literatura, “no lo parece, pero es autobiográfico”

Tras el prólogo vienen siete ensayos breves que presenta a los grandes pensadores que han marcado, acompañado o incluso provocado ese periplo ideológico: Adam Smith, Ortega y Gasset, von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel.

Estos ensayos no son una obra de investigación académica, ni lo pretenden. Están escritos por un hombre apasionado que a estas alturas no vamos a descubrir que es inteligente, incisivo, culto y que escribe maravillosamente bien. De modo que se leen con mucho agrado y provecho.

Yo me reconozco en su repaso a tres autores que también han sido importantes en mi propia evolución intelectual: Popper, Aron y, sobre todo, Berlin.

El ensayo sobre Berlin me ha conmovido especialmente, no sólo por leer ideas que he pensado yo en ocasiones creyéndome original, sino por descubrir que las circunstancias biográficas en que Vargas Llosa descubre a Berlin, su forma de ir entrando en este autor y las razones de su estima son casi calcadas a las mías.

Muy pertinente resulta su interés por aclarar la diferencia entre el liberalismo y el conservadurismo o la derecha, conceptos tan confundidos en nuestro entorno. El ejemplo de Trump, tan de derechas y tan antiliberal, sirve de ayuda.

Dos reproches le puedo hacer al libro. El primero es que para Vargas Llosa el liberalismo político va necesariamente unido al liberalismo económico, cosa que yo no tengo por tan cierta. Creo compatibles diversas relaciones de liberalismo político y socialdemocracia económica, por ejemplo, en diferentes equilibrios posibles. El otro asunto es menos teórico y más visceral. El autor se muestra duro con los intelectuales de izquierda que fueron insensibles al sufrimiento humano, que fueron ciegos a la represión cuando se vestía de rojo esperanza, que apoyaban regímenes totalitarios si el discurso prometía con suficiente pasión el asalto a las puertas del paraíso. Me sorprende verle sin embargo más comprensivo con alguno de sus autores preferidos cuando apoyaba regímenes igualmente violentos y liberticidas pero de otro color distinto, del tono, por ejemplo, de las gafas de sol de Pinochet.


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