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Jean-Noël ‘Txetx’ Etcheverry ‘artesano’ de la paz

“La gente que pide un cambio de política penitenciaria al Gobierno español se puede apoyar en lo que hace el francés”

‘Txetx’ Etcheverry (Donibane Garazi, 1964) recibe a este medio a días del foro que desde hoy evalúa el año transcurrido desde el 8-A, en el que se abordará, entre otros, la situación de unos presos que para él, precisarán de nuevas “decisiones políticas”

Una entrevista de Jurdan Arretxe Fotografía Javi Colmenero - Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Jean-Noël 'Txetx'Etcheverry, 'Artesano de la paz'

Jean-Noël 'Txetx'Etcheverry, 'Artesano de la paz'

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Jean-Noël 'Txetx'Etcheverry, 'Artesano de la paz'

Baiona- Un año después del desarme, ¿qué fue el 8-A?

-Un día muy importante, con mucha tensión y emoción, en el que aquí todos nos alegramos del resultado: los Artesanos de la paz, los electos y también el propio Gobierno, que expresó su satisfacción. Hace unos días acudí a París a una reunión sobre clima y transición energética, y estuve con Jean-Marc Ayrault, entonces ministro de Exteriores. Hablamos de este tema y expresó su satisfacción por lo que pasó. Fue el sentimiento de hacer algo positivo que ha permitido desbloquear una situación que parecía bloqueada y que alimentaba tensiones inútiles. Hemos acelerado el tiempo, que llevaba bloqueado cinco o seis años. En pocos meses se han movido muchas cosas. Evidentemente, el desarme, pero también cierta toma de iniciativa por parte del Gobierno francés por primera vez con respecto al Estado español, además de la participación de la sociedad civil y sus electos, con consecuencias que hoy perduran.

Al 8-A le siguió el 9-D, la manifestación en París. ¿Qué papel ha tenido durante este año la sociedad civil?

-Decisivo, pero además de la sociedad civil, también diría que los electos y la nueva Mancomunidad de la Algomeración del País Vasco. Cuando nos detienen en Luhuso (diciembre de 2016), hay una movilización inmediata, masiva y plural, muy plural, con gente que dice que lo que habíamos hecho era lo que tenía que haber hecho el Gobierno hace tiempo: ir a hablar con ETA y desmantelar su arsenal. Si no llega a haber esa movilización que hubo en la calle, también con gente que llamó a ministros, al primer ministro y al presidente de la República (François Hollande) diciéndoles que no éramos terroristas ni éramos de ETA, sino que trabajábamos por la paz, hoy no estaríamos en la calle, el Gobierno francés no hubiera cambiado su postura un mes más tarde ni el 8-A se hubiera celebrado. Tampoco lo que ha venido después. Cuando el 9-D se celebra la marcha de París no es solo la manifestación, sino que se muestra una dinámica de meses apoyada por una mayoría muy transversal de la población partidaria de poner fin al régimen de excepción de los presos. Todas las sensibilidades van sumándose a la manifestación y hasta el Consejo de París, por unanimidad, se suma a esta dinámica, lo que facilita al Gobierno tomar ciertas decisiones que corresponden a una voluntad mayoritaria y plural. No toma decisiones en contra de la opinión pública, sino al revés.

En las declaraciones en juicios que se han celebrado este año en París algunos policías franceses han insistido en que las del 8-A no son todas las armas de ETA. ¿Cómo lo entiende?

-Siempre hemos sido muy claros en eso. Cuando hablamos con las autoridades francesas decimos que el 8-A se desmantelaría lo que ETA tenía bajo control, y que en todos esos años de proceso había cosas que se habían perdido. Es justo esta una de las razones por las que decidimos entrar en esta historia. Cuando durante cinco o seis años tienes a una organización que no practica la lucha armada, pero tiene presión policial diaria mientras algunos militantes hacen inventario del arsenal y son detenidos, hay cosas que se pierden o caen en malas manos. Por eso sentimos la responsabilidad de acelerarlo todo. El 8-A pasamos un balance del desarme que precisaba lo que se había incautado, y como pregunté después de leer algún periódico que decía que no;las autoridades francesas confirmaron que encontraron todo lo que había en las listas. Presentamos el balance del 8-A, lo que había en Luhuso y una evaluación de lo que podía faltar, con el compromiso de seguir investigando para encontrar lo que faltaba. Se dijo de manera clara. No hay ni problema ni duda al respecto por nuestra parte y por parte de las autoridades francesas, tampoco.

¿Han recabado nueva información?

-Bueno, como hicimos antes y después del 8-A, tenemos una confidencialidad sobre todo esto. Es cierto que hay mecanismos para que, si hay material que se encuentra, sea devuelto a las autoridades francesas, pero no puedo entrar en más detalles.

Un año después del 8-A, ¿cuál es la situación?

-Entre el viernes (por hoy) y el domingo organizaremos en Baiona un foro para hacer balance de este año y ver cómo seguiremos. Ahí entraremos en valoraciones. Sí es público que justo después de la entrada del nuevo Gobierno -el 21 de junio tras las elecciones legislativas-, fuimos recibidos el 10 de julio y se constituyó un espacio de trabajo y diálogo con el Ministerio de Justicia. Este enero, la propia ministra de Justicia, Nicole Belloubet, declaró que por primera vez en el dossier vasco había un cuadro claro donde trabajar y que, gracias a este cuadro, se procedería a los primeros acercamientos de presos. Valoraremos en el foro dónde estamos exactamente.

¿Qué incidencia tiene que en París no gobierne ni la derecha tradicional ni el Partido Socialista?

-Quizá ayude, pero no creo que sea lo esencial. Lo esencial fue lo que ocurrió entre Luhuso y el 8-A, cuando por primera vez el Gobierno francés decide actuar de manera propia en el tema de ETA, dejar hacer y facilitar el desarme, pidiendo al Gobierno español que no pusiera trabas. Cuando ve que eso da resultados buenos y respaldados por la mayoría política y social del lado francés, el Gobierno ve bien seguir este camino propio. Algo que pocos saben, al menos en Hegoalde, es que el primer ministro actual, Édouard Philippe, y el anterior, Bernard Cazeneuve, se conocen muy bien y se tienen en mutua estima.

Algunos presos han sido retirados del fichero de peligrosos DPS, otros han sido acercados. ¿Confía en que todos los presos que cumplen condena en Francia sean acercados a Mont-de-Marsan?

-Espero que se ponga fin al régimen de excepción. La situación de alejamiento no es nada normal y hay que aplicar el derecho común, los derechos normales de los presos. El objetivo, además, no será quedarse en eso, sino ver cómo solucionar después la situación global de los presos. Hay que hablar con lucidez y coraje político. Hoy en día, pensemos lo que pensemos de lo ocurrido con la violencia y el sufrimiento, si realmente queremos construir una paz irreversible y una convivencia, ¿quién puede imaginar que, siguiendo la situación actual, con la que el último preso saldrá de prisión en 2057, se construirá ese vivir juntos? Sería mantener un factor de tensión terrible. Habrá que tener coraje político de abordar lo que se aborda en todos los conflictos del mundo cuando acaban. Pienso también en las víctimas y sé que es complicado. También digo que hay que tener la misma visión para todos los problemas. De la gente del GAL condenada a 70-75 años y que salió en tres o cuatro años nadie ha dicho nada. Hubo decisiones políticas para que esa gente saliera de la cárcel, aunque fuera por razones médicas. Hoy se necesitan decisiones políticas para resolver el tema de los presos y exiliados. Sin tocar la actual situación jurídica, sería casi imposible construir una paz duradera, convivencia y reconciliación.

¿Lo ve posible a ambos lados del Bidasoa?

-Lo veo muy complicado en el Estado español, donde se encarcela a dirigentes y parlamentarios catalanes. No hay ambiente para el diálogo ni para el sentimiento democrático, al contrario. Lo veo difícil, por eso veo muy importante que en Hegoalde haya un trabajo de movilización y unidad de acción sobre el conflicto. El camino que está mostrando el Estado francés puede tener su utilidad en el otro lado, porque la gente que pide un cambio de política penitenciaria al Gobierno español se puede apoyar sobre lo que hace el Estado francés.

¿Cuál es su situación judicial tras ser arrestados en Luhuso en diciembre de 2016?

-Un poco extraña. Fuimos imputados y cuando eres imputado el juez te convoca para declarar sobre los hechos. Hasta hoy no nos han llamado a declarar y queremos hacerlo. Mientras tanto, los imputados no podemos hablar entre nosotros. Por ejemplo, no puedo hablar con Mixel Berhokoirigoin. Queremos declarar, porque asumimos lo que hemos hecho en Luhuso, el 8-A y después, y porque queremos que nos quiten la prohibición de vernos entre nosotros. Tenemos mucho trabajo que hacer y nos lo dificulta. No es nada habitual que no nos convoquen. Pienso que el tema molesta, no saben qué hacer exactamente con nosotros, porque es complicado perseguir a gente que ha participado o ha permitido el desarme de una organización armada, y lo ha hecho con el apoyo de la sociedad.

¿Qué lección de estos doce meses extrae de cara al futuro?

-En Iparralde al menos lo que pasó entre Luhuso y el 9-D en París no solo ha permitido cosas positivas en el desarme y el proceso de paz, sino que ha creado un ambiente positivo en la sociedad. Hay cierta alegría en la gente. Es increíble la cantidad de gente qu e te cruzas en la calle, no conoces y te dice milesker. La activación de una sociedad que empieza a moverse para resolver temas complicados, como el 8-A, tiene consecuencias positivas a otros niveles cuando sale bien. Ha permitido abrir una vía de diálogo con el Gobierno francés que es positiva y que puede tener otras consecuencias futuras.


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