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Una afición “congénita” en los vascos

José Antonio Azpiazu ha rastreado la importancia de los “Juegos y apuestas en la historia de Euskal Herria” desde el siglo XVI hasta el xx

Un reportaje de Iker Andonegi - Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Imagen de la apuesta entre los aizkolaris Xabier Zaldua y Joxean Etxeberria el pasado diciembre en Tolosa.

Imagen de la apuesta entre los aizkolaris Xabier Zaldua y Joxean Etxeberria el pasado diciembre en Tolosa. (Iker Azurmendi)

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Imagen de la apuesta entre los aizkolaris Xabier Zaldua y Joxean Etxeberria el pasado diciembre en Tolosa.

Apostar es una práctica habitual en la sociedad vasca. En el caso concreto de los herri kirolak, los desafíos entre dos rivales están en el origen de algunas de las gestas deportivas que han despertado mayor expectación en las diferentes modalidades. Pero ¿desde cuándo existe esta afición por jugarse los cuartos? El historiador legazpiarra José Antonio Azpiazu ha indagado en esta cuestión en su libro Juegos y apuestas en la historia de Euskal Herria. En esta amena obra, Azpiazu relata varios sucesos situados entre el siglo XVI y el comienzo del XX que ayudan a comprender la arraigada implantación del hábito de apostar y su relevancia en las tierras vascas durante este periodo. En sus páginas se recogen varios curiosos episodios sobre apuestas relacionadas con la vida cotidiana y con los juegos de cartas, billar o bolos, pero, además, el autor también rastrea las primeras noticias sobre posturas y desafíos en pruebas de bueyes, korrikalaris, regatas de traineras, peleas de carneros o duelos entre aizkolaris.

Azpiazu sostiene que las apuestas en Euskal Herria tienen algunos matices que las diferencian de las de otros países. “Aquí, en cuanto empezamos a decir si va a llover o no hacemos una apuesta. En otras partes también se jugaba mucho, pero aquí el juego estaba vinculado a la honra. Si tú defiendes una postura, debes apostar dinero para demostrar que tienes razón. Es un poco congénito al País Vasco. Era un juego en el que se mezclaban el dinero y el sentido del honor”. Incluso “la enciclopedia Auñamendi dice que el hombre vasco es por definición apustulari”.

El autor comenzó a interesarse por las apuestas “cuando estudiaba el mundo de los mercaderes vascos. Me encontré que tanto los mercaderes de aquí como los de fuera, cuando tenían dinero, jugaban apuestas, como un señor que en 1556 pretendió ir desde Amberes a Jerusalén y volver en siete meses, y ahí se metió un tal Martín de Echeverría, vasco, invirtiendo su dinero en la apuesta”.

Entre las posturas más curiosas que ha reunido, Azpiazu se queda con una que sucedió “en Zubieta, en Donostia, a principios del siglo XVII. Un grupo de hombres están jugando a las cartas en un bar, salen y, al ver que se había hecho de noche, uno dice que no podrían irse a casa. Eso ya es un desafío. Otro le respondió que sería capaz de volver a su casa incluso con los ojos vendados. Y hacen la apuesta”. Y es que era habitual hacer posturas sobre los aspectos más cotidianos: “En Azkoitia y Azpeitia la apuesta ha sido como una pequeña religión. Antes los funerales se hacían en diferentes altares, cada cura celebraba su propia misa, y se apostaba incluso qué cura iba a terminar primero. En un partido de pelota se llegó a apostar en qué tanto iba a empezar a llover. A veces la apuesta importaba más que el propio espectáculo”.

Idi demak, traineras, aizkolaris...En ámbitos más deportivos, Azpiazu narra, por ejemplo, cómo las idi demak eran auténticos acontecimientos de masas: “Las apuestas de bueyes del siglo XVII llevaban una enorme cantidad de gente. En proporción, creo que más incluso que los espectáculos de ahora. Mucha gente se desplazaba de un pueblo a otro para acudir a las apuestas, ver el espectáculo y jugar. Cosa que a las autoridades les costaba admitir, porque pensaban que si la gente se lanzaba a las apuestas abandonaría el campo y la familia, y pondría en riesgo la economía familiar. Ha habido pérdidas de caseríos, de haciendas familiares, de mulos... Era bastante habitual”. Estas situaciones motivaron varios intentos de las autoridades de prohibir estos desafíos, pero “probablemente, eran más fuertes las ganas de mantener la palabra y de hacer la apuesta que las prohibiciones”.

Las distancias para los bueyes eran más exigentes que en la actualidad, y los animales a veces tenían que cubrir la distancia entre dos pueblos.

Azpiazu recoge en su obra que ya en 1802 había desafíos entre aizkolaris, aunque las apuestas “casi no aparecen en la documentación” hasta finales del siglo XIX. Esta omisión “no quiere decir que antes no las hubiera o no fueran populares, pero como trabajaban en el monte, pocos aizkolaris bajarían a los pueblos. Cuando bajaron a los sitios urbanos es cuando crecieron las apuestas”.

Entre los primeros desafíos registrados, uno de 1881 resulta sorprendente por su exhaustiva lista de condiciones y requisitos. “Si hay tantas normas, es que ha habido una tradición de muchos años. Estaba muy estudiado y muy tecnificado”.

Las apuestas en torno a las traineras, a su vez, “eran una cosa normal” ya en el siglo XVII. Azpiazu señala que “vienen vinculadas a las carreras que hacían las chalupas cuando se avistaba una ballena. El primero que le pegaba un arponazo era el que cobraba más dinero, y eso también implicaba la honra, el dinero o el prestigio del pueblo”. En 1761 ya hubo un desafío entre tripulaciones de Zarautz y Getaria, con once remeros por embarcación. La obra también cita como origen de las regatas el duelo entre San Juan y San Pedro de 1854, o el histórico desafío de 1890 entre Donostia y Ondarroa que llevó a la ruina a muchos ondarrutarras. Las peleas entre chalupas, que escandalizaron a algunas autoridades del siglo XVII, también están en el origen del remo actual.

Azpiazu considera que las apuestas han ayudado a perpetuar algunos deportes rurales: “Antes jugaban obreros, era una forma de vida convertida en una apuesta. Muchos de los deportes vascos actualmente no tienen sentido y creo que algunos hubieran desaparecido. Por ejemplo, con los métodos modernos para cortar madera la aizkora estaría pasada de moda, pero ya se le ha dado una popularidad”. Eso sí, “antes en los herri kirolak estaba en juego la honrilla de un pueblo o de un caserío contra otro. Hoy en día es puramente una apuesta”.

ficha libro

Juegos y apuestas en la historia de euskal Herria

Autor: José Antonio Azpiazu.

Editorial: Txertoa.

Páginas: 162.


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