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El beaterio: El cambio de ciclo

Por Iñaki de Mujika - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 08:02h

Willian José pide el balón entre varios jugadores del Eibar, en una jugada a balón parado. Foto: Ruben Plaza

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Willian José pide el balón entre varios jugadores del Eibar, en una jugada a balón parado. Foto: Ruben Plaza

Han pasado dos semanas desde que la Real eligió y decidió un camino diferente al que había recorrido deportivamente en los últimos años. Prescindió del entrenador y resolvió el contrato de su director deportivo, el que se llevó los palos durante muchos años, el capacico de las hostias que dirían los navarros. No voy a entrar a valorar la gestión de Loren en el área de sus obligaciones. Si escribo lo que pienso, manifiesto mi decepción por la forma en que concluyó su ejercicio. Respeto a los que piensan lo contrario. No pretendo convencer a nadie de nada. Cada uno expresa lo que siente y hay un sector silencioso del entorno realista que no se explica lo sucedido. Dentro y fuera de la entidad. Y como quiera que por mucho que hablemos la decisión está tomada y no hay marcha atrás, gracias por todo. Por los aciertos y los desaciertos, porque estos también pertenecen a la trayectoria.
Es decir que aquel día de las mil batallas descabezó el área deportiva del club. Dejaron al equipo en manos de Imanol y trataron de recuperar el terreno perdido con Roberto Olabe, cuya última salida dejó un reguero de confusión que nadie explicó (ni explicará). Su llegada se produce en un escenario diferente, porque ahora está solo, sin otros técnicos con los que gestionar recursos, planes y personas. Solo ante el peligro y ante las miradas atentas que seguirán sus pasos y decisiones. Diseñará a su gusto. Confieso haber levantado el teléfono varias veces en los últimos días, con llamadas a varios puntos distantes de la geografía, tratando de encontrar luz en la penumbra. Buscaba, con nula respuesta, perfiles de futuros técnicos. No saben, no contestan.
Vivimos algo así como una situación agazapada, ojo avizor. No tardará en sentarse en la mesa, reunirse con quien haga falta mañana, tarde, noche y madrugada, porque para el nuevo director deportivo cada día cuenta con más de veinticuatro horas y es una máquina con enorme capacidad de trabajo. Si creemos que llega la panacea, será equivocarse desde el principio. Acertará y cometerá errores, como quienes le precedieron y los que lleguen en su día. Habrá decisiones que se entiendan y aplaudan, lo mismo que lo contrario. Pertenece al guion.
Se vende un cambio de ciclo. Para ello deberemos contar con nuevo entrenador, nuevos jugadores, nuevos planes de trabajo, nuevos gestores de los mismos, optimización y mejora de los recursos y, sobre todo, un plan que entender desde la humildad y con el que hacerse solidarios. No es fácil. Las señas de identidad deben estar claras para todos. Si no, correremos el riesgo de convertir esto en una movida como aquella en la que se juntaban Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Se ha pagado demasiada factura profesional y humana.
En este horizonte llegaba el partido de ayer. No sé si de fútbol o de gladiadores. Que si entrenadores con látigo, que si más batalla, que si ardor guerrero, que si... Imagino los nervios de Imanol, la tensión interior y las ganas de sumar tres puntos haciendo bueno el debut y el trabajo de los últimos días. Fiel a su estilo, trata de que el equipo se parezca lo más posible a lo que quiere, aunque esto difiera mucho de lo que la plantilla venía haciendo en los últimos meses. Adaptarse o condenarse. A los jugadores no les queda otra.
No era una jornada fácil para él. Debía adoptar decisiones. Elegir unos y prescindir de otros. Cambio de papeles y protagonismos. Para empezar, cambio en el flanco derecho con Elustondo y Odriozola dueños de la banda derecha, dos carrileros largos y un diseño diferente de la raya para adelante. Es decir, las espaldas cubiertas, tonterías las justas y regalos para Navidad. También Mendilibar movió alguna pieza, sin conocimiento de lo que el técnico contrario podría plantearle de salida. Partida interesante antes de que el balón comenzase a rodar.
Luego, un partido de los de echarse a temblar. Balón, posesión y escasas oportunidades para los armeros, en tanto que salvo, una de Willian José, la Real no se asomó a los dominios de Dmitrovic. Un saque de esquina en todo el encuentro. Falló inexplicablemente en la salida del balón, errando pases claros de contraataque cuando el encuentro acumulaba cansancios en las dos partes.
Seguro que para Imanol no fue el debut soñado, porque le hubiera gustado ganar. Lo positivo se relaciona con la portería a cero, con la solidaridad defensiva del grupo en las ayudas. Tercer empate sin goles, los tres fuera de casa (Athletic, Betis y Eibar) y una semana por delante para preparar el partido ante el Girona, equipo incómodo donde los haya. No podrá contar con Illarramendi (acumulación de tarjetas), pero seguro que diseña un plan para mantener vivo al equipo y hacerle competitivo. No es fácil pelear por objetivos tan cutres como quedarnos donde estamos. En zona de nadie.
Al Eibar le hubiera gustado también ganar para seguir la estela de quienes aspiran a puestos europeos. Se encontró con un equipo sólido y férreo, con la lección aprendida de las visitas precedentes en las que siempre, hasta ayer, salió de vacío.
La presentación de Olabe esta semana, lo que nos puedan decir unos y otros romperá el tedio instalado. Se anuncia un cambio de ciclo o de triciclo, que vayan ustedes a saber en qué hacemos el recorrido.


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