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Los otros marcos incomparables

Donostia cuenta con numerosos rincones dignos de ser visitados, aunque no protagonicen las guías turísticas

Un reportaje de Carolina Alonso. Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 1 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Ruinas del fuerte de Ametzagaina.

Ruinas del fuerte de Ametzagaina.

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Ruinas del fuerte de Ametzagaina.

Los visitantes son numerosos estos días en Donostia y quien más quien menos echará mano de alguno de los mapas que edita Donostia Turismoa. En ellos, la bahía de La Concha preside el papel y las indicaciones llevan al visitante hacia los lugares más reconocibles de la ciudad por su belleza natural y arquitectónica. Sin embargo, la capital guipuzcoana tiene 60 kilómetros cuadrados y, si el visitante dispone de tiempo, merece la pena reservar parte para conocer algunos rincones alejados del centro de la ciudad, que también ofrecen paisajes y espacios dignos de descubrir.

Y no solo los turistas. Los propios donostiarras y guipuzcoanos pueden quedar sorprendidos al redescubrir zonas de la ciudad que solo conocen sus vecinos más cercanos y no se publicitan. Algunas se han incluido en el nuevo mapa turístico de barrios dado a conocer recientemente, que ofrece un recorrido por determinadas áreas, pero no todos.

Una de las visitas alternativas al San Sebastián más clásico es la que da a otra bahía, en este caso a la de Pasaia. Desde el paseo de Berra y desde la curva de Oleta del barrio de Altza se puede disfrutar de una amplia vista de la desembocadura del río Oiar-tzun, transformada en zona portuaria y rodeada de los antiguos pueblos de pescadores de Donibane y San Pedro, así como de Trintxerpe.

El antiguo pueblo de Altza, anexionado a la capital guipuzcoana en 1940, tiene otros espacios naturales dignos de ser recorridos como, por ejemplo, el paseo desde el caserío Lau Haizeta hacia los fuertes de Txoritokieta, en los lindes entre Donostia y Astigarraga, y San Marcos, ya en el término municipal de Errenteria. Al igual que en el caso de las vistas sobre la bahía de Pasaia, para acercarse hasta Lau Haizeta, la línea 13 de Dbus lleva al visitante hasta las inmediaciones de estos puntos turísticos alternativos, que en los días de buen tiempo pueden estar tan transitados como las zonas costeras de la capital guipuzcoana.

Cerca de Altza se encuentra el barrio de Intxaurrondo, junto al que están los parques de Otxoki y Ame-tzagaina. Ambas zonas verdes merecen un paseo y la segunda, además, oculta las ruinas del fuerte del mismo nombre, una construcción de la segunda guerra carlista envuelta en vegetación. Solo quedan las ruinas, rodeadas de lo que fue un foso y protegía el conjunto de edificaciones, que estuvieron en manos de los liberales. Los restos del fuerte han sido utilizados como escenario en alguna película.

Las vistas a la bahía de Pasaia desde algunos miradores de Altza bien merecen una visita de donostiarras y foráneos

En el mismo barrio de Intxaurrondo, aunque esta vez en su zona más baja, junto a las vías del tren entre Ategorrieta y Herrera, se encuentra el paseo de Txaparrene, un camino que ha ido transformándose en los últimos años y es ahora un agradable espacio para pasear o para transitar en bicicleta. El antiguo camino surgido junto al trayecto ferroviario permite contemplar algunas de las antiguas villas de Ategorrieta, símbolo de la arquitectura de una época que va desapareciendo. Muchas han sido transformadas ahora en equipamientos para mayores. El paseo de Txaparrene permite llegar hasta Herrera, tras pasar bajo el viejo túnel del tranvía, dejando a un lado el parque de Harrobitxulo. El bar del kiosco permite tomar fuerzas si se pretende hacer un alto en el camino.

Al otro lado de la carretera se encuentra el monte Ulia, al que se puede acceder tanto desde Sagüés, como desde la avenida de Navarra, la avenida de Ategorrieta y el barrio de Bidebieta. El monte Ulia, ahora profusamente cruzado por peregrinos del camino de Santiago durante todo el año, acoge senderos naturales de gran belleza y acantilados que bien valen reservarles una mañana. Además, las vistas a la bahía de La Concha que se aprecian desde la terraza del renovado albergue no tienen mucho que envidiar a las del “marco incomparable” del parque de atracciones de Igeldo. Muy cerca se encuentra el merendero de Ulia, copia de la desaparecida sede de la sociedad Basollua, un espacio hostelero surgido en medio de la tranquilidad. Desde su terraza se contempla el horizonte. Para acudir a este lugar es necesario dejar el coche en el aparcamiento de la rotonda y caminar unos veinte minutos, aunque se puede acordar por teléfono la apertura de la barrera en caso de necesidad.

Paseos

Las zonas naturales de Donostia tienen otros enclaves agradables como, por ejemplo, el paseo del Urumea, que comienza en la desembocadura del río y puede llegar hasta los confines del municipio junto a Astigarraga. Además de las áreas más conocidas como Ramón María Lilí y el paseo de los Fueros, Árbol de Gernika y Bizkaia, el río donostiarra acompaña algunos de los más recientes paseos de la ciudad, como el surgido junto a Riberas de Loiola, que conecta con el barrio de Loiola, un conjunto que ahora mira también hacia el cauce desde su nuevo paseo peatonal.

En Riberas de Loiola se encuentra también una de las construcciones que numerosos aficionados a la arquitectura acuden a conocer a pesar de estar fuera de los circuitos. La parroquia de Iesu, obra de Rafael Moneo, llama la atención especialmente en su interior, por la simpleza de las líneas y la iluminación que llega desde los huecos en forma de cruz.

Los aficionados al fútbol tienen también el estadio de Anoeta para contemplar, aunque está en obras, y el museo de la Real Sociedad que forma parte de las instalaciones. El edificio deportivo está en plena remodelación por lo que su cara definitiva, tanto exterior como interior, no estará lista hasta que terminen las obras. Los aficionados al deporte pueden aprovechar también para conocer el complejo deportivo de Anoeta, con piscinas, canchas, frontones, velódromo y espacios de artes marciales.

Muy cerca de la zona deportiva de Anoeta, subiendo por la carretera e Illunbe, se sitúa una de las entradas al denominado Bosque de Miramon, una zona verde cuyos senderos han sido rehabilitados recientemente con el fin de hacer su recorrido más practicable. Una parada en el denominado pueblo de Igeldo con su pequeño casco urbano, que incluye en probadero de bueyes, también ofrece otra postal original de Donostia, al igual que Zubieta, dividida con su frontón de rebote.


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