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La Pippi Calzaslargas de Zumarraga

LA ZUMARRAGARRA | Mila Osinalde tiene mucho en común con el personaje creado por la sueca Astrid lindgren

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Mila Osinalde, sentada al órgano de la parroquia de Zumarraga.

Mila Osinalde, sentada al órgano de la parroquia de Zumarraga.

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Mila Osinalde, sentada al órgano de la parroquia de Zumarraga.

Pippi Calzaslargas es uno de los personajes más entrañables que ha dado la literatura infantil. 73 años después de su creación, sus valores siguen teniendo vigencia y es un buen ejemplo para los niños, pues se ha convertido en un símbolo de la libertad y del feminismo. Los zumarragarras tienen la suerte de contar con una vecina que podría ser la mismísima Pippi Calzaslargas. Es alegre, creativa, rebelde, vive en su propia casita... y tiene más o menos la edad que tendría Pippi hoy en día. Se trata de Mila Osinalde.

Esta mujer parece sacada de un cuento. Su familia tenía una chocolatería, su padre abrió el cine Zelai Arizti y su madre se empeñó en que estudiara música. Aprovechó la oportunidad que le brindaron y consiguió dedicarse profesionalmente a ello.

En aquella época la mujer debía quedarse en casa, pero ella era “bastante liberal” y decidió dar clases por su cuenta. Llegó a contar con más de 100 alumnos. Tras los exámenes de Donostia, se iba a comer con los niños y volvían a casa en el tren cantando.

Al igual que la pelirroja de los cuentos y la televisión, siempre se ha rebelado contra las injusticias. Sufría “más que ellos” cuando sus alumnos no aprobaban los exámenes de Donostia y, si creía que merecían el aprobado, se enfrentaba al tribunal. También plantó cara al franquismo. La Sección Femenina de la Falange le pidió que diera clases de música en el instituto y accedió, pero cuando le solicitaron que se afiliara, se plantó. Tampoco el machismo le ha amilanado nunca. “Mi madre consideraba que los hombres estaban por encima de las mujeres. Era de Azpeitia y a veces le llevaba allí en mi coche. Cuando adelantaba a algún hombre, me decía que era una desvergonzada”, recordaba en una entrevista concedida a la revista local Otamotz.

Además de en su casa y en el instituto, dio clases en la escuela de música. De hecho, fue una de sus impulsoras. Hoy en día, sigue dando clases a unos pocos alumnos. Todos destacan su carácter alegre y desenfadado. Sus clases eran tan divertidas, que en el instituto los chicos solicitaron poder acudir a ellas, a pesar de que estaban dirigidas a las chicas. Y con la profesora Marta Cárdenas, unió pintura y música.

Siempre ha estado abierta a experimentar. A probar cosas nuevas. No hay más que ver su casa. Es una oda a la alegría y a las ganas de vivir. Una casa de cuento. Ha conseguido llenar de color una de las calles más sombrías de Zumarraga y atraer las miradas a un lugar que pasaba desapercibido. ¿Cómo? Pintando su casa de lila. En su día, la pintó de naranja. Ella, con la naturalidad que le caracteriza, le quita importancia. No lo hace para llamar la atención, sino porque le gustan los colores alegres. “Somos tristes, ¿eh? ¿Por qué no hacer algo así? Estas cosas no te traen enfermedades. Al contrario, ¡te las quitan!”, comentó en un reportaje sobre su casa. El interior de la vivienda también rezuma vitalidad, gracias a las flores y los peluches.

Osinalde derrocha vitalidad. “No sé cómo me definiría a mí misma. Gris no soy, desde luego. Me gustan las cosas alegres y la luz. No me gusta estar a oscuras. Y no tengo complejos. Se trata de una actitud ante la vida. Yo creo que se nace así”.

organista Esta mujer no para. Además de seguir dando clases a unos pocos alumnos, ofrece conciertos de órgano. El sábado tocó en la parroquia de Zumarraga, acompañada por la coral Goiargi, con motivo del 150ª aniversario del nacimiento del organista y compositor zumarragarra Ignacio Busca Sagastizabal. “Fue el organista Esteban Elizondo el que me habló del aniversario y me propuso organizar un concierto en Zumarraga. Busca Sagastizabal compuso obras muy conocidas y alegres. Su misa es como para bailar”.

Recomienda bailar la vida sin complejos. Sobre todo a las mujeres mayores. Recuerda que cuando se reinauguró el órgano de Zumarraga, fue a tocar con unos pantalones blancos y hubo quien le criticó. Ella cree que no hay motivos para no vestir como uno quiera, tenga la edad que tenga. Si algún día graban nuevos capítulos de la serie Pippi Calzaslargas y quieren incluir en la historia a su abuela, en Zumarraga tienen a la candidata perfecta.


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