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Tribuna abierta

¿Euskadistan y Eurabia en el horizonte?

Por Javier Elzo - Sábado, 24 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Javier Elzo

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Javier Elzo

¿Quién, en su genealogía, no tiene una rama que viene de otra parte? Hemos devenido pluriculturales y debemos tener capacidad de vivir juntos, entre nosotros, aun siendo diferentes.

El artículo que publiqué en estas mismas páginas el pasado 3 de febrero sobre la baja tasa de natalidad en Euskadi y la pregunta –alarmista, lo admito, para llamar la atención– de si desaparecería Euskadi falto de vascos, suscitó un numero de comentarios –¡ay!, casi todos anónimos– como creo que ningún otro artículo mío ha suscitado. Había varias ideas repetidas, pero una se llevaba la palma: el riesgo de la posible islamización de Euskadi. De ahí el título de este artículo, que reproduzco, aunque yo entre interrogantes, de un comentario afirmativo, al que añado “Eurabia” (Europa arabizada), pues el tema no se limita, en absoluto, a Euskadi.

Comentarios de lectores. Decía así un comentarista de mi artículo: “Euskadistan en el horizonte. Eskerrik asko Urkullu Jauna por seguir islamizando Euskadi. Niños blanquitos solo el 50% de los nacidos en Cruces en 2017. (….). ¿Plan de fomento de natalidad? ¡Menudo chiste! Para que se lleven las ayudas los de Siempre. Urkullu el día de mañana tu nieta o biznieta te preguntaran ¿aitite por qué tengo que ir tapada? (o con el pañuelo)”. Y otro: “Los musulmanes que residen en Alemania se aprovechan de las ventajas del sistema de seguridad social de manera rutinaria”.

También: “Estocolmo, la primera capital europea donde se impone la sharia”. “La policía sueca pidió asistencia en 62 zonas de la ciudad que ya no controla y en las que se aplica la ley islámica”. O “Suecia ya está desapareciendo con la ola musulmana que tiene. De las miles de violaciones a suecas estos tres últimos años no dicen nada los medios”.

Hubo también de otro estilo. Como “Los vascos son una minoría étnica. Lo que la idiotez del nacionalismo ahora gobernante no ha previsto a la hora de llenar el País Vasco de inmigrantes pobres, es que éstos demandarán protagonismo y lo harán con su cultura y religión, especialmente la islámica. La solución para ello era no traerlos, pero los muy tontolabas han hecho lo contrario. Y ahora es ya tarde”. O más directos: “La raza vasca se está diluyendo tanto que a lo sumo nos quedan 5 décadas. Por 2070 todos se llamarán Mohamed, Ali, Hussein, Tarik etc. Ellos se reproducen en progresión geométrica”.

La gran tentación identitaria Estamos, en efecto, ante una gran tentación identitaria. En gran parte de Europa. Lo ilustra muy bien Robert Ménard, alcalde de Béziers, una ciudad occitana de más de 70.000 habitantes, cuando, en el registro religioso, afirma que “los cristianos esperan del Papa que él defienda la cristiandad, no su sumersión por la inmigración”.

No tengo tiempo ni espacio en estas líneas para contestar a cada afirmación de los textos de los comentaristas a mi artículo. Ahora es una cuestión central en Europa. Alemania, donde Merkel es cuestionada por su política migratoria, Francia, con el Front National y Le Pen, sin olvidar a Holanda (¡ay, la Holanda de Erasmus!), Bélgica, Austria, Hungría...

Una buena novela, a menudo, describe mejor que unos informes cuál es el estado de ánimo de una población o de una de sus partes. Les sugiero la lectura de Sumisión (Anagrama 2015), novela de Michel Houellebecq que describe lo que sucede en Francia cuando, en el año 2022, un líder islamista, tras conquistar en las urnas el poder en Francia, transforma de punta a cabo la sociedad: la Sorbona es una universidad islámica, se instaura la poligamia, las mujeres van cubiertas… Tuvo un éxito fulgurante en Francia. También en España. Yo la he leído en su quinta edición en castellano. Muy bien escrita y traducida. Algunos la comparan con Un mundo feliz de Huxley y 1984 de Orwell. Pero creo que exageran. Volvamos a Euskadi.

Los musulmantes vascos ¿Cuántos musulmanes hay en Euskadi? Centrado en nuestro tema, según la Unión de Comunidades Islámicas de España, en base al padrón municipal de 2016, en el País Vasco residen 51.654 musulmanes (a no confundir con los inmigrantes de África o Asia): 10.359 son españoles;41.295, extranjeros. Por territorios históricos, Bizkaia es el que más musulmanes acoge, un total de 19.539;en Gipuzkoa residen 16.345 y en Álava, 15.770. Entre los extranjeros, por nacionalidades, en Euskadi destaca la presencia de musulmanes provenientes de Marruecos (18.885), Argelia (5.476), Pakistán (4.911), Senegal (3.798) y Nigeria (3.684). En porcentajes sobre el total de 2.100.000 habitantes de la CAV, los musulmanes son del orden 2,5% de la población vasca. De los que la inmensa mayoría no son en nada radicales. En fin, en 2014, los colegios vascos atendieron a 6.065 niños musulmanes sobre un total de 300.000 escolares en enseñanzas iniciales y secundaria obligatoria. Las cifras, como se ve, no son precisamente alarmantes. Pero la población musulmana no está homogéneamente repartida. Lo dice, hasta con rabia, otro comentarista a mi artículo anterior: “Intelectuales con filiación, que nos quieren mantener como una ciudad experimento, con los bilbainos, vitorianos o donostiarras como rehenes de su buenismo que no les afecta en la convivencia diaria, porque viven, o lejos de aquí (los que vivimos en los barrios periféricos de las grandes ciudades vascas) o sin ese mestizaje que tanto añoran para los demás. Muchos de ellos, auténticos pijitos aburguesados (forrados por la gestión de las ayudas) que jamás se relacionarán con aquellos a los que supuestamente defienden (los multiculturales del RGI), ni sus hijos van a los mismos colegios que los beneficiarios de la RGI, ni compiten en recursos del sistema público”.

Habría mucho que hablar sobre esto. La concentración de inmigrantes en determinados lugares es evidente, como la habitación del espacio físico por razones económicas. Sin ser emigrante. Un piso en la Gran Vía cuesta más que en determinadas zonas de la periferia de Bilbao. Pero también hay concentraciones de inmigrantes por otras razones. Así, los casi 1.000 rumanos en Ordizia, que tiene una población de 9.500 habitantes. Es otro efecto llamada.

¿Quién no? Voy a cerrar estas líneas con dos ideas que, estas también, requerirían más espacio. La primera, para decir que necesitamos a los inmigrantes. Hay trabajos que los autóctonos no queremos hacer. Miremos cuántos inmigrantes pasean a nuestros mayores, trabajan en la construcción, en la hostelería…

La segunda, para subrayar, como concluía un artículo en Hermes (número 55, mayo 2017), que “no podemos pensar la identidad como algo cerrado, inmutable, que todo el mundo habría compartido en el pasado, como si los movimientos de personas no hubieran existido siempre. ¿Quién, en su genealogía, no tiene una rama que viene de otra parte? Hemos devenido pluriculturales y debemos tener capacidad de vivir juntos, entre nosotros, aun siendo diferentes, y amar a este país. Pero, además, es preciso que las personas que acojamos amen también nuestro país. Si les ofrecemos una visión negativa, no pueden amarle. Sin embargo, si los vemos como personas que nos pueden aportar algo, lograremos crecer juntos y que, ellos también digan “ni euskalduna naiz”. Me gusta recordar la frase de Kennedy, aplicada a Euskadi: “No preguntes qué puede hacer Euskadi por ti, sino qué puedes hacer tú por Euskadi”. Nos va en ello el futuro de la nación vasca. l
javierelzo@telefonica.net


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