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Entrevista a Rafa Diez Usabiaga

“La izquierda abertzale está dispuesta a dar estabilidad política al país para ponerlo rumbo hacia un marco de soberanía”

Una entrevista de Carlos Etxeberri/Jurdan Arretxe - Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

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Rafa Diez Usabiaga.

Rafa Diez Usabiaga. (Ruben Plaza)

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  • Rafa Diez Usabiaga.

Donostia - Ayer se cumplieron siete meses desde que salió de prisión. ¿Qué sociedad se ha encontrado?
-Una sociedad bastante distensionada en términos políticos. Me da la impresión de que la ola conservadora y neoliberal que se ha extendido a nivel global está teniendo efectos en los comportamientos sociales. Esa ola conservadora, con la competitividad, la estabilidad, el consumo y el crecimiento como mantras de culto político y económico, ha hecho perder perspectiva al país a la hora de responder dónde estamos y a dónde vamos como proceso político.


¿Esa ‘despolitización', contradictoria en una sociedad que ha estado tan politizada, es generacional?
-Tenemos un grave problema de liderazgo político en esta sociedad, faltan tractores políticos que tiren de la sociedad hacia un horizonte colectivo como país. Si falta ese liderazgo, la tendencia es al estancamiento. Cuando se ha producido la descompresión social ante la nueva etapa tras el fin de la actividad armada de ETA, se da una falta de liderazgo colectivo para pasar de una estación autonómica a un marco de soberanía que demandamos desde muchos ámbitos políticos, sindicales y sociales.


¿Es una sociedad ‘zombie'?

-No ha habido un gobierno en términos políticos que responda a unos horizontes de cambio, de transformación de la sociedad. Desde este ámbito -y la responsabilidad del PNV es importante-, se han introducido unos ansiolíticos políticos para dejar a la sociedad en cierto nivel de adormecimiento. Falta liderazgo político ante esta tendencia.


¿Qué autocrítica deben hacer los partidos y los sindicatos?
-Hoy es evidente la mayoría a favor del derecho a decidir, el unionismo es la cuarta y quinta fuerza política, el sindicalismo abertzale tiene una posición mucho más consistente... Pero, la pregunta, con cambio de contexto en Euskal Herria con la desaparición de la violencia, es:¿qué hemos hecho estos años para que el tren del proceso político siga sin moverse? Eso nos lleva a la autocrítica a todo el espectro político.


¿A la izquierda abertzale?

-Puede hablar de un grado de responsabilidad ante la dificultad de responder a la estrategia del PP de secuestrar el proceso político secuestrando la situación de los presos para tener un elemento de fuerza en el tête à tête con Euskal Herria, un tema que afectaba al corazón del proceso político. La izquierda aber-tzale tardó en adaptarse a esa situación. Creímos que podía desarrollarse un proceso de paz clásico, donde todas las partes entraran a todas las consecuencias del conflicto. Esto no se da y en la izquierda abertzale se genera una situación de cierto desconcierto.


¿Cómo valora el papel del PNV?

-Tiene una responsabilidad fundamental. En un contexto positivo en la correlación de fuerzas favorables al derecho a decidir, se produce una doble involución. Por un lado, sobre lo que significaba el Plan Ibarretxe como referencia a la hora de continuar un proceso de cambio político;y por otro lado, se desarrolla un nivel de alianzas con fuerzas unionistas cuando más débil está el Estado en cuanto al modelo territorial, con la crisis de Catalunya abierta e intentando evitar la contaminación del procés.


Sin embargo, este PNV recibe un amplio respaldo en las urnas.

-Diferenciaría la situación del país y la evolución de los partidos en cuanto a representación y peso, donde el PNV tiene una mayoría importante consolidando su posición a costa de unas políticas que generan la atracción de determinados caladeros sociales. No podemos abordar la situación del país y su evolución, única y exclusivamente, con la situación y evolución de cada fuerza política en términos partidarios.


¿En cuáles propone?
-En los últimos cinco o seis años se produce el cambio del mapa institucional en la CAVy en Nafarroa: hay una mayoría teóricamente favorable al cambio del marco de soberanía, pero esa mayoría no está operativa. Jugando a cortoplacismos que me parecen muy peligrosos, la interlocución política como país ante el Estado se ha debilitado. Llega el momento de terminar con cierto egocentrismo político a la hora de valorar cómo estamos y de que cada uno valore la situación no según cómo le va. Tenemos que abordar nuestra posición política más en clave de articular una mayoría de cambio, en cómo poner el país en marcha y sacar el tren del proceso de la estación autonómica. Si nos conformamos con análisis focalizados en mi evolución político-partidaria y en estrategias cortoplacistas, es posible que como país hagamos un gran fraude colectivo.


¿Mantiene la idea de un Txiberta II?
-En los últimos meses han pasado cosas importantes para situar con mayor necesidad ese Txiberta II. El choque del procés con el Estado y el 155, con lo que conlleva, nos lleva a una reflexión: el Estado no plantea el 155 como terapia exclusiva para Catalunya. Si el 23-F provocó la LOAPA, el 155 provoca una auténtica LOAPA global al modelo territorial. El Estado, como algo diferenciado del poder político, ha decidido que el modelo vigente ha llegado demasiado lejos, que hay que acabar con los procesos cíclicos con los que el soberanismo cuestiona el actual modelo constitucional. El Estado pone sus peones en marcha, desde el Ibex 35 al ámbito mediático, fortaleciendo un espíritu emocional en el nacionalismo español que provoca corrimientos sociales importantes que garantizan a esos poderes que mueven las teclas desde atrás una mayoría política de derecha o ultraderecha para poner en marcha esa reforma-contrarreforma.


¿Cuál es la respuesta?

-Desde el soberanismo no podemos verlo como una película que se desarrolla en el Estado o Catalunya, y que no nos afecta. Hay que hacer una reflexión de fondo: de dónde y cómo viene el Estado. Estamos ante una encrucijada histórica muy similar a la preconstitucional, de ahí ese Txiberta II. El movimiento abertzale y los sectores democráticos de este país pueden articular no solo la defensa de lo que tenemos, sino una propuesta referente para el proceso a la soberanía. Nos jugamos mucho. El movimiento abertzale tiene que situar un mojón político claro de referencia para la sociedad, que signifique una sacudida colectiva, con músculo social capaz de incentivar un debate político de fondo, no solo ver las cosas desde la gestión diaria.


¿Ve condiciones?
-Sí, en la medida en que hay mayorías que pueden llevarnos a compromisos de carácter histórico. Apelamos a que en esta coyuntura seamos capaces de activarnos como país y como nación, poniendo mojones políticos que respondan a un consenso de que la fase autonómica está agotada, que hay que ir a un nuevo modelo de relaciones con el Estado desde la CAV y Nafarroa basado en cuatro elementos:el reconocimiento nacional, en el derecho a decidir, en otro fondo de poder y un sistema de garantías de bilateralidad efectiva.


¿Se puede recuperar 40 años después ese esquema de ruptura con lo como se proponía en Txiberta?

-No quiero hacer comparativas en las que pueda dar la impresión de que el contexto actual y el de entonces sean los mismos. Veo una encrucijada histórica con un Estado que viene con esa reforma-contrarreforma cuyos valores destrozan el Estado de Derecho. En una situación mediática de autocensura que no es comprensible ante el nivel de manipulación e instrumentalización del poder judicial, de la labor de la Guardia Civil como un estado dentro de otro Estado para descabezar el movimiento independentista... Desde Catalunya y Euskal Herria, con esa euskal demokrazia o escala democrática vasca, tenemos que poner mayorías democráticas. Esas dos mayorías deben tener como elementos centrales: el reconocimiento nacional, el derecho a decidir y el Estado plurinacional, junto a una estrategia para poner el déficit estructural democrático español en Europa.


Se refiere a Europa. ¿Ha llegado el ‘procés' tarde al continente?
-El proceso catalán ha sido ejemplar en muchas cosas, como la simbiosis social-institucional. Ha intentado llevar a Europa lo legítimo y democrático de lo que hacía teniendo en cuenta la posición cerrada a negociar del Estado, pero cuando el proceso catalán ha llegado al tope, la Europa de los Estados ha dado un primer apoyo claro a Rajoy, dejando al movimiento independentista en una situación de desprotección política. Las cosas hubieran sido y pueden ser muy diferentes, con independencia de la autonomía y la madurez de cada proceso, si tanto desde el País Vasco como desde Catalunya se hubiera planteado de manera coordinada una reformulación del modelo de Estado en clave de reconocimiento nacional, confederal, que se hubiera podido plantear como solución democrática en Europa.


¿Aún es posible?
-Creo que no es tarde. En Catalunya tendrá que existir una especie de segundo procés y nosotros tendremos que sacar el proceso de donde está estancado y situarnos en un nivel de demanda política que ponga al modelo territorial del Estado español en cuestionamiento tanto en el Estado como en Europa. Es una de las lecciones importantes del pulso catalán: la necesidad de interrelacionar, es el mismo problema político de fondo.


¿Ve posible que, como pasó en Catalunya, desde abajo se obligue a las formaciones políticas?

-La actividad de Gure Esku Dago y el plan que tiene articulado pueden ser un acicate importante para que la sociedad sitúe en su agenda el ámbito político. Es hora de que la sociedad civil sea capaz de incidir e influir en los partidos. Estos meses que llevo en libertad, con un nivel de relaciones muy amplio y plural, percibo un interés importante y convicciones sólidas en el sentido de hacer algo. Esta sociedad y sus líderes deben ponerse en marcha en una dirección.


¿En cuál?

-No tenemos que inventar grandes cosas. Las referencias las tenemos: Lizarra-Garazi, el Plan Ibarretxe y Loiola. Sabemos qué es el agotamiento del modelo autonómico y las bases de ese nuevo modelo de relación con elEstado, de un marco de soberanía entendido como uno de democracia política. Muchas veces se utiliza la palabra soberanía como patrimonio del abertzalismo, pero la soberanía política y económica supone un empoderamiento de la sociedad a escala vasca.


PNV y Podemos acogen estos conceptos. ¿Veremos consolidar estas cuestiones en la Ponencia de Autogobierno de Gasteiz?
-Así debería ser. La voluntad de EH Bildu es articularlo con bases sólidas en lo institucional y en lo social. Se ha querido contraponer la unilateralidad de la izquierda abertzale y la bilateralidad que plantea como cuestión central el PNV. La unilateralidad no es un capricho, sino la falta hoy de un interlocutor dispuesto a negociar lo que la mayoría de la sociedad vasca demanda. Si la sociedad tiene un proyecto mayoritario legitimado en una consulta habilitante, ¿cómo no voy a intentar la bilateralidad? Me gustaría un interlocutor en disposición de asumir la voluntad democrática de la sociedad vasca. Si no, tendré que plantear cómo, desde mi actividad institucional, social, política y de estrategia europea, condiciono a ese interlocutor. No es incompatible un grado de unilateralidad con la búsqueda de bilateralidad. Lo irreal es plantear una bilateralidad en la que al final el interlocutor tenga veto sobre la mayoría de la sociedad vasca.


¿La consulta habilitante es fundamental en ese esquema?

-Al ir a Madrid al desarrollo posible de la bilateralidad, me parece muy importante ir en nombre del conjunto del país, de la CAV o Nafarroa. Más allá de defender la consulta como un elemento de posición política, debe plantearse como una necesidad de legitimar democráticamente lo que una mayoría institucional haya planteado. En la hipótesis de que esa mayoría tenga un proyecto, la mejor forma de iniciar la negociación es con esa legitimidad.


¿El ‘tren' navarro hacia la soberanía debe esperar más que el de la CAV?

-No tenemos que funcionar con los mismos ritmos políticos. Entre las experiencias que tenemos, intentar uniformizar los ritmos políticos no es lo mejor para avanzar colectivamente. El cambio en Nafarroa está teniendo unos resultados positivos en lo que era un régimen cerrado a una parte importante de la sociedad navarra y se ha creado un contexto que tiene que consolidarse en el terreno político, social e incluso ser más ambicioso en ambos. Se demostrará que no solo responde a unas siglas, sino a las necesidades de la sociedad navarra. Sería necesario consolidar la actual mayoría para poner en marcha ese proceso hacia un nuevo estatus con el Estado.


¿Cómo plantea ese cambio?
-Primero, la sincronización interna. Con la nueva comunidad de Iparralde, tenemos una oportunidad histórica. Echo en falta una gran cumbre de Urkullu, Etchegaray y Barkos que sitúe al país ante Europa. Tenemos que plantear iniciativas que consoliden este sujeto nacional en Europa. Segundo, la sincronización externa del eje vasco-catalán hacia el Estado;y por último, la estrategia europea. Se dan condiciones de tener esas tres referencias en nuestra proyección política y podemos poner al país en otra dirección. Para eso hace falta una reflexión en la política de alianzas.


¿Qué reflexión?
-El unionismo está en otro perfil de actuación. El PSOE está sin margen en esta contrarreforma. Desde mi punto de vista, Pedro Sánchez es un accidente en la evolución del PSOE. La posición del PSOE la definen los barones socialistas y el Grupo Prisa. Es un PSOE que da soporte al 155, plantea revisar el Cupo, en algunos ámbitos cuestiona el Concierto Económico y no tiene una visión plurinacional del Estado. Si queremos abordar esta encrucijada histórica, tenemos que poner sobre la mesa la política de alianzas.


¿En su caso?

-Si se define un plan conjunto de sincronización interna y externa mirando a Europa, la izquierda abertzale está dispuesta a asumir todas las responsabilidades para dar estabilidad política al país hacia ese marco de soberanía. Significa que el PNV tiene que hacer una apuesta clara en el diagnóstico y a dónde ir. Tendría que cambiar su política de alianzas.


¿Lo ve factible?

-Estamos ante la obligación de hacer una reflexión de alcance, no preparar las siguientes elecciones sin más. Si el objetivo es ese, el PNV y nosotros podemos defender nuestro espacio con relativa tranquilidad. ¿Es el objetivo? Creo que tenemos que ponernos las pilas y el esfuerzo en otra dirección.

las claves

donostia- Ayer se cumplieron siete meses desde que salió de prisión. ¿Qué sociedad se ha encontrado?

-Una sociedad bastante distensionada en términos políticos. Me da la impresión de que la ola conservadora y neoliberal que se ha extendido a nivel global está teniendo efectos en los comportamientos sociales. Esa ola conservadora, con la competitividad, la estabilidad, el consumo y el crecimiento como mantras de culto político y económico, ha hecho perder perspectiva al país a la hora de responder dónde estamos y a dónde vamos como proceso político.

¿Esa ‘despolitización’, contradictoria en una sociedad que ha estado tan politizada, es generacional?

-Tenemos un grave problema de liderazgo político en esta sociedad, faltan tractores políticos que tiren de la sociedad hacia un horizonte colectivo como país. Si falta ese liderazgo, la tendencia es al estancamiento. Cuando se ha producido la descompresión social ante la nueva etapa tras el fin de la actividad armada de ETA, se da una falta de liderazgo colectivo para pasar de una estación autonómica a un marco de soberanía que demandamos desde muchos ámbitos políticos, sindicales y sociales.

¿Es una sociedad ‘zombie’?

-No ha habido un gobierno en términos políticos que responda a unos horizontes de cambio, de transformación de la sociedad. Desde este ámbito -y la responsabilidad del PNV es importante-, se han introducido unos ansiolíticos políticos para dejar a la sociedad en cierto nivel de adormecimiento. Falta liderazgo político ante esta tendencia.

¿Qué autocrítica deben hacer los partidos y los sindicatos?

-Hoy es evidente la mayoría a favor del derecho a decidir, el unionismo es la cuarta y quinta fuerza política, el sindicalismo abertzale tiene una posición mucho más consistente… Pero, la pregunta, con cambio de contexto en Euskal Herria con la desaparición de la violencia, es: ¿qué hemos hecho estos años para que el tren del proceso político siga sin moverse? Eso nos lleva a la autocrítica a todo el espectro político.

¿A la izquierda abertzale?

-Puede hablar de un grado de responsabilidad ante la dificultad de responder a la estrategia del PP de secuestrar el proceso político secuestrando la situación de los presos para tener un elemento de fuerza en el tête à tête con Euskal Herria, un tema que afectaba al corazón del proceso político. La izquierda aber-tzale tardó en adaptarse a esa situación. Creímos que podía desarrollarse un proceso de paz clásico, donde todas las partes entraran a todas las consecuencias del conflicto. Esto no se da y en la izquierda abertzale se genera una situación de cierto desconcierto.

¿Cómo valora el papel del PNV?

-Tiene una responsabilidad fundamental. En un contexto positivo en la correlación de fuerzas favorables al derecho a decidir, se produce una doble involución. Por un lado, sobre lo que significaba el Plan Ibarretxe como referencia a la hora de continuar un proceso de cambio político;y por otro lado, se desarrolla un nivel de alianzas con fuerzas unionistas cuando más débil está el Estado en cuanto al modelo territorial, con la crisis de Catalunya abierta e intentando evitar la contaminación del procés.

Sin embargo, este PNV recibe un amplio respaldo en las urnas.

-Diferenciaría la situación del país y la evolución de los partidos en cuanto a representación y peso, donde el PNV tiene una mayoría importante consolidando su posición a costa de unas políticas que generan la atracción de determinados caladeros sociales. No podemos abordar la situación del país y su evolución, única y exclusivamente, con la situación y evolución de cada fuerza política en términos partidarios.

¿En cuáles propone?

-En los últimos cinco o seis años se produce el cambio del mapa institucional en la CAV y en Nafarroa: hay una mayoría teóricamente favorable al cambio del marco de soberanía, pero esa mayoría no está operativa. Jugando a cortoplacismos que me parecen muy peligrosos, la interlocución política como país ante el Estado se ha debilitado. Llega el momento de terminar con cierto egocentrismo político a la hora de valorar cómo estamos y de que cada uno valore la situación no según cómo le va. Tenemos que abordar nuestra posición política más en clave de articular una mayoría de cambio, en cómo poner el país en marcha y sacar el tren del proceso de la estación autonómica. Si nos conformamos con análisis focalizados en mi evolución político-partidaria y en estrategias cortoplacistas, es posible que como país hagamos un gran fraude colectivo.

¿Mantiene la idea de un Txiberta II?

-En los últimos meses han pasado cosas importantes para situar con mayor necesidad ese Txiberta II. El choque del procés con el Estado y el 155, con lo que conlleva, nos lleva a una reflexión: el Estado no plantea el 155 como terapia exclusiva para Catalunya. Si el 23-F provocó la LOAPA, el 155 provoca una auténtica LOAPA global al modelo territorial. El Estado, como algo diferenciado del poder político, ha decidido que el modelo vigente ha llegado demasiado lejos, que hay que acabar con los procesos cíclicos con los que el soberanismo cuestiona el actual modelo constitucional. El Estado pone sus peones en marcha, desde el Ibex 35 al ámbito mediático, fortaleciendo un espíritu emocional en el nacionalismo español que provoca corrimientos sociales importantes que garantizan a esos poderes que mueven las teclas desde atrás una mayoría política de derecha o ultraderecha para poner en marcha esa reforma-contrarreforma.

¿Cuál es la respuesta?

-Desde el soberanismo no podemos verlo como una película que se desarrolla en el Estado o Catalunya, y que no nos afecta. Hay que hacer una reflexión de fondo: de dónde y cómo viene el Estado. Estamos ante una encrucijada histórica muy similar a la preconstitucional, de ahí ese Txiberta II. El movimiento abertzale y los sectores democráticos de este país pueden articular no solo la defensa de lo que tenemos, sino una propuesta referente para el proceso a la soberanía. Nos jugamos mucho. El movimiento abertzale tiene que situar un mojón político claro de referencia para la sociedad, que signifique una sacudida colectiva, con músculo social capaz de incentivar un debate político de fondo, no solo ver las cosas desde la gestión diaria.

¿Ve condiciones?

-Sí, en la medida en que hay mayorías que pueden llevarnos a compromisos de carácter histórico. Apelamos a que en esta coyuntura seamos capaces de activarnos como país y como nación, poniendo mojones políticos que respondan a un consenso de que la fase autonómica está agotada, que hay que ir a un nuevo modelo de relaciones con el Estado desde la CAV y Nafarroa basado en cuatro elementos: el reconocimiento nacional, en el derecho a decidir, en otro fondo de poder y un sistema de garantías de bilateralidad efectiva.

¿Se puede recuperar 40 años después ese esquema de ruptura con lo como se proponía en Txiberta?

-No quiero hacer comparativas en las que pueda dar la impresión de que el contexto actual y el de entonces sean los mismos. Veo una encrucijada histórica con un Estado que viene con esa reforma-contrarreforma cuyos valores destrozan el Estado de Derecho. En una situación mediática de autocensura que no es comprensible ante el nivel de manipulación e instrumentalización del poder judicial, de la labor de la Guardia Civil como un estado dentro de otro Estado para descabezar el movimiento independentista… Desde Catalunya y Euskal Herria, con esa euskal demokrazia o escala democrática vasca, tenemos que poner mayorías democráticas. Esas dos mayorías deben tener como elementos centrales: el reconocimiento nacional, el derecho a decidir y el Estado plurinacional, junto a una estrategia para poner el déficit estructural democrático español en Europa.

Se refiere a Europa. ¿Ha llegado el ‘procés’ tarde al continente?

-El proceso catalán ha sido ejemplar en muchas cosas, como la simbiosis social-institucional. Ha intentado llevar a Europa lo legítimo y democrático de lo que hacía teniendo en cuenta la posición cerrada a negociar del Estado, pero cuando el proceso catalán ha llegado al tope, la Europa de los Estados ha dado un primer apoyo claro a Rajoy, dejando al movimiento independentista en una situación de desprotección política. Las cosas hubieran sido y pueden ser muy diferentes, con independencia de la autonomía y la madurez de cada proceso, si tanto desde el País Vasco como desde Catalunya se hubiera planteado de manera coordinada una reformulación del modelo de Estado en clave de reconocimiento nacional, confederal, que se hubiera podido plantear como solución democrática en Europa.

¿Aún es posible?

-Creo que no es tarde. En Catalunya tendrá que existir una especie de segundo procés y nosotros tendremos que sacar el proceso de donde está estancado y situarnos en un nivel de demanda política que ponga al modelo territorial del Estado español en cuestionamiento tanto en el Estado como en Europa. Es una de las lecciones importantes del pulso catalán: la necesidad de interrelacionar, es el mismo problema político de fondo.

¿Ve posible que, como pasó en Catalunya, desde abajo se obligue a las formaciones políticas?

-La actividad de Gure Esku Dago y el plan que tiene articulado pueden ser un acicate importante para que la sociedad sitúe en su agenda el ámbito político. Es hora de que la sociedad civil sea capaz de incidir e influir en los partidos. Estos meses que llevo en libertad, con un nivel de relaciones muy amplio y plural, percibo un interés importante y convicciones sólidas en el sentido de hacer algo. Esta sociedad y sus líderes deben ponerse en marcha en una dirección.

¿En cuál?

-No tenemos que inventar grandes cosas. Las referencias las tenemos: Lizarra-Garazi, el Plan Ibarretxe y Loiola. Sabemos qué es el agotamiento del modelo autonómico y las bases de ese nuevo modelo de relación con el Estado, de un marco de soberanía entendido como uno de democracia política. Muchas veces se utiliza la palabra soberanía como patrimonio del abertzalismo, pero la soberanía política y económica supone un empoderamiento de la sociedad a escala vasca.

PNV y Podemos acogen estos conceptos. ¿Veremos consolidar estas cuestiones en la Ponencia de Autogobierno de Gasteiz?

-Así debería ser. La voluntad de EH Bildu es articularlo con bases sólidas en lo institucional y en lo social. Se ha querido contraponer la unilateralidad de la izquierda abertzale y la bilateralidad que plantea como cuestión central el PNV. La unilateralidad no es un capricho, sino la falta hoy de un interlocutor dispuesto a negociar lo que la mayoría de la sociedad vasca demanda. Si la sociedad tiene un proyecto mayoritario legitimado en una consulta habilitante, ¿cómo no voy a intentar la bilateralidad? Me gustaría un interlocutor en disposición de asumir la voluntad democrática de la sociedad vasca. Si no, tendré que plantear cómo, desde mi actividad institucional, social, política y de estrategia europea, condiciono a ese interlocutor. No es incompatible un grado de unilateralidad con la búsqueda de bilateralidad. Lo irreal es plantear una bilateralidad en la que al final el interlocutor tenga veto sobre la mayoría de la sociedad vasca.

¿La consulta habilitante es fundamental en ese esquema?

-Al ir a Madrid al desarrollo posible de la bilateralidad, me parece muy importante ir en nombre del conjunto del país, de la CAV o Nafarroa. Más allá de defender la consulta como un elemento de posición política, debe plantearse como una necesidad de legitimar democráticamente lo que una mayoría institucional haya planteado. En la hipótesis de que esa mayoría tenga un proyecto, la mejor forma de iniciar la negociación es con esa legitimidad.

¿El ‘tren’ navarro hacia la soberanía debe esperar más que el de la CAV?

-No tenemos que funcionar con los mismos ritmos políticos. Entre las experiencias que tenemos, intentar uniformizar los ritmos políticos no es lo mejor para avanzar colectivamente. El cambio en Nafarroa está teniendo unos resultados positivos en lo que era un régimen cerrado a una parte importante de la sociedad navarra y se ha creado un contexto que tiene que consolidarse en el terreno político, social e incluso ser más ambicioso en ambos. Se demostrará que no solo responde a unas siglas, sino a las necesidades de la sociedad navarra. Sería necesario consolidar la actual mayoría para poner en marcha ese proceso hacia un nuevo estatus con el Estado.

¿Cómo plantea ese cambio?

-Primero, la sincronización interna. Con la nueva comunidad de Iparralde, tenemos una oportunidad histórica. Echo en falta una gran cumbre de Urkullu, Etchegaray y Barkos que sitúe al país ante Europa. Tenemos que plantear iniciativas que consoliden este sujeto nacional en Europa. Segundo, la sincronización externa del eje vasco-catalán hacia el Estado;y por último, la estrategia europea. Se dan condiciones de tener esas tres referencias en nuestra proyección política y podemos poner al país en otra dirección. Para eso hace falta una reflexión en la política de alianzas.

¿Qué reflexión?

-El unionismo está en otro perfil de actuación. El PSOE está sin margen en esta contrarreforma. Desde mi punto de vista, Pedro Sánchez es un accidente en la evolución del PSOE. La posición del PSOE la definen los barones socialistas y el Grupo Prisa. Es un PSOE que da soporte al 155, plantea revisar el Cupo, en algunos ámbitos cuestiona el Concierto Económico y no tiene una visión plurinacional del Estado. Si queremos abordar esta encrucijada histórica, tenemos que poner sobre la mesa la política de alianzas.

¿En su caso?

-Si se define un plan conjunto de sincronización interna y externa mirando a Europa, la izquierda abertzale está dispuesta a asumir todas las responsabilidades para dar estabilidad política al país hacia ese marco de soberanía. Significa que el PNV tiene que hacer una apuesta clara en el diagnóstico y a dónde ir. Tendría que cambiar su política de alianzas.

¿Lo ve factible?

-Estamos ante la obligación de hacer una reflexión de alcance, no preparar las siguientes elecciones sin más. Si el objetivo es ese, el PNV y nosotros podemos defender nuestro espacio con relativa tranquilidad. ¿Es el objetivo? Creo que tenemos que ponernos las pilas y el esfuerzo en otra dirección.

“Tenemos un grave problema de liderazgo político, faltan tractores políticos para que tiren de la sociedad hacia un horizonte colectivo como país”

“Jugando a unos cortoplacismos muy peligrosos, la interlocución política como país ante el Estado se ha debilitado”

“Hay que hacer una reflexión de fondo: de dónde y cómo viene el Estado. Estamos ante una encrucijada histórica muy similar a la preconstitucional”

“En Catalunya tendrá que existir una especie de segundo ‘procés’ y nosotros tendremos que sacar nuestro proceso de donde está estancado”

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