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Moyá cierra la puerta

bonito empate la misma buena real de mestalla rescata un punto en el villamarín que pudieron ser tres o ninguno si no llega a ser por su meta

MIKEL RECALDE - Viernes, 2 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Moyá se dispone a despejar con su mano derecha el balón, en una clara oportunidad para marcar de Tello, en presencia de Diego Llorente y Zubeldia, ayer en el Villamarín.

Moyá se dispone a despejar con su mano derecha el balón, en una clara oportunidad para marcar de Tello, en presencia de Diego Llorente y Zubeldia, ayer en el Villamarín. (efe)

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Moyá se dispone a despejar con su mano derecha el balón, en una clara oportunidad para marcar de Tello, en presencia de Diego Llorente y Zubeldia, ayer en el Villamarín.Miguel Ángel Moyá se llevó un buen susto en este centro-chut de Tello que se marchó rozando el poste.

Se abre el debate: ¿Qué partido fue mejor, el empate 4-4 de la ida en Anoeta, con unos errores en defensa infantiles, o el 0-0 de la vuelta, con los dos equipos lanzados al ataque, aunque bastante más aplicados para no regalar goles? Se supone, que después del simulacro de encuentro de elite en el que se convirtió el de ida, que provocó que la afición txuri-urdin abandonara Anoeta cariacontecida, sin aplaudir a los suyos y temiendo que lo peor pudiese estar por llegar, como así ha sido, la mayoría se decante por el de ayer en el Villamarín. Aunque para gustos, los colores.

La misma buena Real de Mestalla esta vez sí rescató un punto en un estadio exigente y complicado. La realidad sentencia que pudieron ser tres, pese a que le faltó claramente pegada en posiciones adelantadas, pero que también estuvo cerca de ser ninguno, ya que los locales dispusieron de más oportunidades de verdadero peligro. La diferencia con lo sucedido el domingo en Valencia fue que, en esta ocasión, el equipo vasco sacó a un meta de primer nivel, que hizo cuatro paradas, sobre todo dos, de mucho mérito, y que transmitió una seguridad extraordinaria en todas sus intervenciones. Con un arquero así todo es más fácil. Al igual que con un 9 puro en punta también resulta más sencillo marcar y llevarse los tres puntos.

Finalmente, se consumó el portericidio y Eusebio, el mismo que siempre ha tratado de mantener la salud del vestuario a prueba de bombas siguiendo un criterio de respeto por el trabajo en Zubieta, alineó a Moyá, que solo se ejercitó una vez con el equipo y por la mañana, en una breve sesión de calentamiento. Casi con seguridad es el primer jugador que debuta en la Liga con su nuevo equipo sin haber pisado las instalaciones de su club ni la ciudad, aunque este curioso dato se diera por la nevada que tiñó de blanco Gipuzkoa el miércoles. Lo malo y grave es que se entiende su decisión, porque Moyá es mucho mejor portero que Toño (y probablemente que Rulli, al menos el de esta temporada) y además estaba preparado para jugar al haber entrenado hasta la misma mañana del martes con el Atlético. Pero todavía son muchos los que esperan de la Real un tratamiento mucho más humano con los jugadores que se han formado en la cantera. No hay derecho a lo que le han hecho a Toño y no vale la justificación de la lesión del argentino, como lo demuestra que si no llega a ser por la prórroga que le concedió el pago de la cláusula de Iñigo Martínez, no habrían tenido opción de traer otro portero. Si llevan toda la campaña manifestando que están encantados y tienen plena confianza en sus dos guardametas, hasta el punto de que renovaron al riojano hace menos de dos meses, no es de recibo que, tras fallar en Mestalla, se asustaran y, presos del pánico, decidieran contratar a otro. Toño debe ser consciente de que el que le señala, como a tantos otros antes, es la propia dirección deportiva. El responsable de su situación, aparte de él por sus groseros errores en Vila-real y Valencia, son Loren y Eusebio. Que no busque fantasmas fuera. Ahora a ver cómo nos explican su nueva situación y el futuro que le espera cuando le han enterrado en vida, aunque sea la deportiva.

El técnico apostó por el once que compitió bien en Valencia, con las únicas novedades en la portería y la entrada de Héctor Moreno en lugar de Aritz. Es decir, más de lo mismo. Mientras que Quique Setién cambió el planteamiento de Anoeta para actuar con tres centrales y dos carrileros largos. Como se esperaba, el partido fue un toma y daca para adueñarse de la posesión entre dos equipos con muy bien pie y calidad técnica, pero también con problemas defensivos al jugar muy expuestos con sus defensas casi en la medular y la presión adelantada. Al contrario de lo que sucedió en Anoeta, desde el primer momento se vio que ambos bandos hilvanaban buenas acciones, aunque con poca claridad de sus hombres clave para concretar los últimos pases. Más alarmante en el caso de la Real, que sin Willian José y sin ningún otro delantero centro nato, sigue viviendo muy lejos del gol.

Tras una buena salida con el pie de Moyá, al que no se le apreció ni el más mínimo nervio ni duda pese a que su examen tampoco era sencillo, Canales dispuso de una gran opción después de una buena carrera en la que le faltó olfato de gol para finalizarla, aunque fuese con un disparo forzado. Los donostiarras se acercaban a los aledaños de Adán, pero siempre sin veneno, hasta que el Betis comenzó a entonarse y Fabián, en un chut peligroso, probó la colocación de Moyá, que atajó en dos tiempos. Fue el preámbulo de la gran oportunidad local antes del entreacto, en un saque largo de Adán, que peinó Sergio Léon, Moreno prolongó, sin querer, aún más, lo que permitió a Tello quedarse solo ante el mallorquín, quien, muy a la argentina, se mantuvo en pie y sacó una mano espectacular. Se hizo extraño ver una acción así en un meta realista, porque Rulli lleva todo el año lanzándose en todas sus salidas. Casi en el último minuto, Oyarzabal dio un gran pase a Juanmi y su centro raso no lo pudo convertir en gol un valiente Zurutuza, que se llevó un peligroso golpe al chocar con Adán.

En la reanudación, no escatimaron ni energía ni precauciones, y, fieles a sus ofensivas señas de intensidad, se lanzaron en tumba abierta. Moyá sacó otra excelente mano a disparo de Tello y respondió con seguridad en todo lo que le llegó. Esta vez la Real aguantó el tipo y además fue creciendo hasta ser superior en los últimos minutos. Con un Canales omnipresente, un Oyarzabal que fue una pesadilla constante y un Odriozola emergente, a los realistas les faltó presencia, contundencia y pegada en el área para merecer los tres puntos. Un veloz Joaquín casi dejó el triunfo en casa después de recorrerse todo el campo.

La Real necesitaba victorias, pero estando en la UVI, antes de la evaluación de Anoeta tras el doloroso fracaso europeo y contra un rival de entidad en su guarida, el empate hay que darlo por bueno. Aunque para soñar con el improbable séptimo puesto, en un partido de ida y vuelta en el que pudo pasar de todo y acabó siendo superior, el bagaje es insuficiente. La culpa de esto no la tiene lo que pasó ayer, sino todo lo anterior.


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