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Gipuzkoa ficha tarde

La nevada que ayer colapsó el territorio pilló a miles de personas de camino al trabajo ,y tránsitos que a diario se completan en pocos minutos tardaron incluso horas en realizarse, lo que hizo que las empresas echaran a andar muy avanzada la mañana.

Un reportaje de Iraitz Astarloa. Fotografía Ruben Plaza/Gorka Estrada - Jueves, 1 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:03h

El barrio de Gros, cubierto por un manto de nieve que dificultó mucho la circulación.

El barrio de Gros, cubierto por un manto de nieve que dificultó mucho la circulación.

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El barrio de Gros, cubierto por un manto de nieve que dificultó mucho la circulación.Un operario limpia la calzada en el paseo de La Zurriola.Una mujer fotografía dos muñecos de nieve en el barrio donostiarra de Berio.Muchos conductores tuvieron que afanarse por limpiar su coche de nieve antes de lanzarse a la carretera rumbo al trabajo.
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La meteorología es caprichosa y ayer se dio la circunstancia de que la nevada arreció en hora punta, justo cuando miles de personas se disponían a acudir a sus puestos de trabajo. Algunos, como cada día, en coche;otros, siguiendo los consejos de las instituciones y los servicios de emergencias, utilizando el transporte público. Dio lo mismo. La nevada afectó a todos por igual. En Donostia, la empresa de transporte público Dbus tuvo muchos problemas para sacar adelante el servicio, que sufrió importantes retrasos, al igual que el Topo. Además, las hileras de coches en las calles eran interminables, avanzando apenas unos pocos metros en largos lapsos de tiempo, por lo que el panorama en las empresas era, a primera hora, de sillas vacías y ordenadores sin encender.

Llegar a trabajar fue una odisea para la gran mayoría. Borja Basante salió de su casa en Gros como cada mañana, con intención de montarse en el autobús de empresa que cada día le recoge en la plaza Cataluña y le lleva a Ibaeta. Eran las 8.25 horas y los termómetros marcaban menos dos grados. “Es un autobús súper puntual así que cuando a y 35 hemos visto que no venía, nos hemos ido a Gran Vía con intención de coger alguno de línea”, contó este trabajador de Kutxa. Sin embargo, el panorama no era mejor en el servicio público. “Veíamos que los autobuses no pasaban y la gente empezaba a comentar que si el 17 (Gros-Amara) no te subía a hospitales, que el 33 y el 40 no llegaban a Ibaeta…”, recordó. Así que tras 40 minutos de intenso frío, optó por acudir a la oficina de la calle Miracruz y comenzar su jornada laboral desde allí. Varias horas más tarde, cuando la situación se normalizó, logró llegar a su puesto de trabajo.

También optó por DBus, aunque con poco éxito, Itziar Zapirain, para quien llegar desde el barrio de Altza hasta Gros le ocupó largo rato. Eran las 7.30 horas y, tras esperar más de 20 minutos a que apareciera un autobús y con la única información por parte de la compañía de transporte de que “el servicio estaba parado a la espera de que mejorase el tiempo”, logró montar en un autocar. “Íbamos bajando muy despacio, pero a la altura de la bacaladera, dos coches se le han parado delante y, cuando el bus ha intentado reiniciar la marcha, no ha podido. Se le iba el vehículo todo el rato, así que ha decidido parar”, relata. Ante esta situación, el chófer les aconsejó tomar otro autobús en Herrera. “He ido allí, pero había muchísima cola, así que al final he decidido ir andando”, narró esta donostiarra que remarcó: “Creo que he acertado, porque de camino no he visto ningún autobús camino a Gros”. “Al final solo he llegado una hora tarde a trabajar”, bromeó.

Asier Moreno suele realizar el trayecto desde su casa, en Errotaburu, hasta su trabajo, en Intxaurrondo en coche, pero ayer decidió coger el Topo por precaución. La experiencia no fue nada positiva. En la estación de Lugaritz la gente esperaba y esperaba, pero los trenes no llegaban. “Yo llevo desde las ocho de la mañana, pero es que hay gente que dice que lleva desde las seis y media”, indicaba este joven donostiarra que no llegó a su puesto de trabajo hasta las once de la mañana.

Quienes optaron por el vehículo privado sí consiguieron llegar a su destino, aunque también con retrasos. Aitor Díaz de Cerio salió de su casa en Ulia a las 7.45 horas, con el objetivo de llegar al centro de formación Cebank, en el alto de Berio, sobre las 8.20 horas. Un trayecto que de normal recorre en “15 o 20 minutos” y para el que ayer necesitó 45. “Bajar de Ulia ha sido complicado, porque la nieve estaba sin pisar, resbalaba bastante. Para cuando he llegado a Ategorrieta y a Gros sí que estaba muy pisado, pero ahí había un atasco importante. También en La Concha y en la Avenida de Tolosa”, contó. “Desde luego los quitanieves no han pasado, porque en Ategorrieta, al menos, se estaba formando una capa de hielo bastante importante”, apuntó. Despacito, con paciencia y mucha destreza al volante, llegó a su destino casi en hora, aunque de poco le sirvió. “Ha sido llegar y nos han dicho que las clases se suspendían, así que vuelta para casa”, lamentó, al tiempo que subrayó: “La vuelta ha sido casi peor. He tardado una hora en llegar. Había muchísimo atasco”. “A mí no me importa conducir ni me da especial miedo hacerlo con nieve, pero pierdes dos horas y media, así que maldita la gracia”, lamentó.

Álvaro Buenechea suele tardar trece minutos para llegar a Hernani desde el barrio donostiarra de Gros. Ayer, necesitó más de 50. “Y me considero afortunado”, aseguraba este joven. “Mis compañeros que viven en el interior han tardado más de hora y media en llegar a trabajar”, afirmó. Aunque él no tuvo mayor problema que el sortear los atascos que se fue encontrando en el camino, se quejó de la ausencia de medios que percibió. “De Donostia a Hernani solo he visto un quitanieves y estaba en la cola detrás de mí. Menuda previsión”, censuró.

Mayor fortuna corrió su hermano Pedro, que salió a trabajar, rumbo a Tolosa, tres horas más tarde. Para entonces, la carretera estaba limpia, aunque quedaban vestigios de lo que había ocurrido a primera hora. “He tardado más o menos lo mismo que un día normal, porque aunque vas con más cuidado, no había nada de tráfico”, señaló este joven, que destacó que “aunque la carretera estaba limpia, sí que se veían coches en la cuneta que, tras la nevada, se habían quedado ahí”.

Este caos fue todavía más acuciante en sectores como la sanidad. En el Hospital Donostia, la nevada provocó que el cambio de turno no pudiera producirse con normalidad. “En la UCI, por ejemplo, a las ocho de la mañana, de quince enfermeras solo había llegado una y con las auxiliares ha pasado otro tanto”, relató Pilar Mendia, secretaria provincial del sindicato Satse. La situación se solventó gracias a la generosidad de las trabajadoras del turno de noche, que alargaron su jornada hasta que sus compañeras pudieron hacerles el relevo, hasta dos y tres horas más tarde. “Ni te lo planteas. Nos ha pasado a todos alguna vez. La gente que ha trabajado de noche estaba viendo cómo nevaba, así que ya se habían hecho a la idea de que iban a tener que quedarse buena parte de la mañana”, bromeó. “Incluso delegadas sindicales que han conseguido llegar al Hospital se han ofrecido a trabajar en el servicio asistencial, aunque desde dirección finalmente les han dicho que no hacía falta”, apuntó. Afortunadamente para quienes tuvieron que alargar sus turnos, Osakidetza les compensa como horas extra. “Aunque no las cobramos en dinero, sí en tiempo”, señaló la secretaria provincial del sindicato.

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