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Un desastre Real

EL EQUIPO TXURI-URDIN ABANDONA | Europa por la puerta de atrás tras otra actuación penosa ante el aliento de 2.000 héroes y caer derrotada por 2-1

MIKEL RECALDE, ENVIADO ESPECIAL A SALZBURGO - Viernes, 23 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Illarramendi y Odriozola, desconsolados, al término del partido de ayer en Salzburgo.

Illarramendi y Odriozola, desconsolados, al término del partido de ayer en Salzburgo. (EFE)

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Illarramendi y Odriozola, desconsolados, al término del partido de ayer en Salzburgo.

Se acabó. Seamos serios, esta Real no estaba para nada. Y menos aún para competir con los 16 mejores equipos de la Europa League. A este equipo le queda todo grande. Es una fuente inagotable de pérdida de ilusiones. No es que el globo se haya pinchado, es que se ha venido abajo y tiene rotos por todas partes. A día de hoy, la realidad de la obra de Aperribay, Loren y Eusebio es simple y llanamente esta. Hablaron de títulos y se marchan de la competición que más ilusionaba al club y a su gente por la puerta de atrás, sin casta, dignidad, alma ni orgullo. No pareció importarle que en la grada, a 1.700 kms. de casa, le acompañaran 2.000 aficionados. Bueno, quizá eso resultó contraproducente, porque, como sucedió la campaña del descenso cada vez que su afición se movilizaba, se la pegaba al ser incapaz de responder a las expectativas. Le superaba la presión y fracasaba. Eso les pasa a los cuadros flojos, sin carácter, que desaprovechan todas las oportunidades que se les presentan, por interesantes que sean, como esta.

Y es que los blanquiazules lo tuvieron en su mano después de firmar un mal encuentro en la ida, pero no lograron mantener una mínima ventaja que hubiera permitido encarar el choque de ayer de otra manera. La tontería esa de que a esta Real le venía mejor el empate para no especular era un simple cartucho de fogueo para tratar de alimentar las ya de por sí deterioradas opciones de clasificación. A las cosas por su nombre, los de Eusebio se bajan del tren europeo al ser eliminados por un rival menor, plagado de jóvenes proyectos de futuro, pero capaces de liarla en la zona de atrás casi tanto o más que los realistas. Y no hay nada más frustrante y doloroso en escenarios de este calibre que sucumbir ante adversarios que no acreditan ser mejores y que no tienen opciones de hacer nada reseñable en el torneo. Un desastre. Una campaña inaguantable, eso es lo que hay.

A la Real le están pasando muchas cosas esta temporada, en la que tampoco se puede discutir que le esté acompañando demasiado la suerte. Pero hay circunstancias que no son casualidad ni tienen ninguna relación con la siempre aleatoria diosa Fortuna. En el partido del año, el día que más se juega, el equipo en una prueba de máxima exigencia y responsabilidad por la abrumadora movilización de tu gente, resulta imperdonable lo que sucedió en los diez primeros minutos. Fue el fiel reflejo de lo que está ocurriendo a lo largo de todo el curso, en el que la plantilla muestra un déficit alarmante de competititividad. A los siete minutos, cuando todavía no había pasado nada en el duelo, Zurutuza recuperó un mal pase horizontal de la zaga del Salzburgo, tuvo la sangre fría de frenar, no precipitarse, mirar y poner un centro magnífico y pleno de calidad, porque la tiene, a Oyarzabal. El canterano, solo, con todo a su favor, optó por cabecear fuerte en lugar de picar la pelota como mandan los cánones y el balón se le escapó al botar en la parte alta del larguero.

A este nivel y cuando compareces en la vuelta de una eliminatoria con la obligación de marcar, no puedes dejar escapar una ocasión así. Y no son pocas las que ha dejado marchar la estrella de la Real, algo que debe tener en cuenta, porque la factura de la opción de ayer la pagó muy pronto. Solo dos minutos después, insisto, no es cuestión de mala suerte, en una jugada sin más alardes que una simple apertura a la banda izquierda, De la Bella no cerró bien y Lainer puso un centro raso al área que aprovechó Dabbur tras un despiste monumental de Aritz Elustondo. Grave y grosero error del canterano, que perdió de vista al israelí y cuando quiso darse cuenta le había robado la cartera. Con la zaga adelantada, quizá sea el defensa más solvente del plantel, pero si le exigen en el área, puede que se convierta en el menos seguro, al no ser un central puro y al haber actuado en tantas ocasiones de lateral.

La consecuencia grave de estas dos circunstancias fue que los dos, Aritz y Oyarzabal, desaparecieron por completo del duelo. Y eso, lamentablemente, es más grave que sus errores puntuales. No se puede cargar las tintas solo con ellos, porque la lista negra cuenta con más nombres ilustres, como el de Illarramendi, el más importante del equipo que no compareció en el día D, o Canales, que tras deslumbrar ante el Levante no hizo absolutamente nada cuando todos los focos y gran parte de las esperanzas estaban puestas en él. Este hecho habrá que tenerlo muy en cuenta a la hora de planificar la próxima campaña, en la que todo parece indicar que no seguirá en la Real. Por noches como la de ayer, no por otra cosa.

oportunidadSin que sucediera nada del otro mundo, con la sensación constante de que el Salzburgo era mejor, más rápido, más fuerte, más intenso, más trabajado tácticamente y más competitivo para llevarse el gato al agua, la Real se encontró con una segunda oportunidad. Raúl Navas, al segundo remate en sendos córners, anotó la igualada y la situación volvió a convertirse en esperanzadora. Otra diana abría las puertas del pasaporte a octavos. Cualquier equipo que se precie, se hubiera agrandado y hubiese mordido y agarrado a ella para no desaprovecharla. Pero ni eso. El tanto no hizo nada de daño a los austriacos, que no veían peligrar en ningún momento su clasificación. Desde el minuto 28, momento del empate, el único acercamiento reseñable de los realistas fue un disparo lejano de Agirretxe. El 9 todavía tiene que recorrer muchos kilómetros para soñar con volver a ser el que fue. Por el contrario, el ruso Karasev perdonó un penalti por mano de Illarra.

En la reanudación, Eusebio dio entrada a Diego Llorente para sentar a De la Bella y pasar a jugar con tres centrales y dos carrileros. El mismo invento que tan horrible resultado le dio en Vila-real. Solo el hombre se tropieza en la misma piedra. En el instante clave de la campaña, los realistas jugando sin lateral izquierdo, gracias a la incompetencia de su director deportivo, Loren. La segunda parte fue la enésima demostración de impotencia de una Real menor, que solo está para ganar a los de abajo y evitar sudores fríos. El coreano Hwang, tan tramposo como buen futbolista, destrozó a la Real. Sin ningún ataque txuri-urdin, cuando un gol le abría la puerta del paraíso, expulsó a Navas, que perdió la cabeza, y provocó un penalti en una acción en la que Rulli salió tarde y mal. No falla, siempre deja una gorda, pese a que antes había firmado un paradón a disparo de Schlager. El argentino adivinó la dirección del lanzamiento de Berisha, pero no lo paró. Tampoco es la primera vez que se le cuela por debajo del cuerpo. Además, se lesionó y entró Toño, un portero que no tiene culpa de nada, pero que probablemente actuará el domingo en Mestalla sin acreditar que atesora un nivel de Primera. Y renovado, para más inri. Por obra y gracia del director deportivo más longevo de la Liga. Lo cuentas y explicas a un espectador que no conoce nada de su historia y no se lo cree.

En los minutos finales, a la desesperada y con Januzaj como única arma ofensiva de peso, la Real no logró el tanto que le permitiese llegar a la prórroga. Tampoco lo mereció. El belga la tuvo en un disparo a la media vuelta que se encontró con el cuerpo de Walke.

Se acabó, punto final. La Real está fuera. Se cumplió la lógica y no logró cambiar la lamentable imagen y el penoso nivel competitivo que lleva mostrando a lo largo de todo el curso. ¿Y ahora qué?, se preguntarán. Ahora volverá a salir Aperribay para decir que no pasa nada, que lo han intentado, que no todos los años se va a Europa y que el director deportivo es el mejor del mundo mundial y goza de su confianza. Por ende, que para la Real es muy bueno e importante que Eusebio esté muchos años en el banquillo. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Eso sí, que empiecen a contar la de aficionados que se bajan del barco hasta final de la temporada por hastío y desesperación, cuando en realidad parece que es culpa suya por ser unos ilusos, soñar y creerse sus mentiras. En la hora D, ante 2.000 héroes, compareció la peor Real. Aquí ya nadie engaña a nadie. Es lo que hay, ya está todo el pescado vendido en este proyecto. La Real no es nadie. Pena, penita, pena…


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