Kanpolibrean

Todista

en agricultura y alimentación, si alguien opta por el ‘low cost’ permanente no debiera luego echarse las manos a la cabeza

Por Xabier Iraola - Domingo, 18 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:03h

dice Matías, Prats para más señas, que los clientes de la aseguradora que publicita son todistas, puesto que al contratar con la aseguradora del teléfono móvil lo obtienen todo, el mejor precio, o sea el más bajo y, además, el mejor de los servicios que integra en su póliza todas las coberturas posibles.

Cada vez que veo este anuncio televisivo me pregunto a mí mismo si Matías sabrá, o no, que millones de consumidores de alimentos, sin tanto anuncio y de forma sigilosa, son también todistas, puesto que con un precio irrisorio obtienen el mejor de los productos.

Los consumidores de huevos, por ejemplo, según apuntan diferentes voces autorizadas en la materia, quieren huevos de gallinas libres, sin jaula que les constriña el movimiento y todo apunta, no hace falta más que ver los sucesivos anuncios de cadenas de distribución informando de su negativa a comercializar huevos de jaula, que los huevos de jaula tienen los días contados y el sector productor, aún sin amortizar las inversiones obligatorias por la última normativa europea, se verá obligado a producir huevos en suelo (aunque ni vean la luz ni pisen tierra) o en el modelo campero. Eso sí, los consumidores quieren los huevos “libres” pero al precio del convencional, o sea, al precio del huevo de jaula.

No se crean que lo que ocurre en el sector avícola de puesta, popularmente sector del huevo, es algo aislado, puesto que algo similar ocurre en otros subsectores y así tenemos que nuestros consumidores todistas mientras desean carne proveniente de vacas felices y criadas en libertad total, después en un alarde de incoherencia, optan por la carne de vacuno barata que en muchos casos proviene de esos grandes cebaderos de la península que tanto rechazo le suscitan, o de megaexplotaciones ubicadas en países donde la legislación higiénico-sanitaria y las condiciones socio-laborales les pondría, a nuestrostodistas, los pelos de punta pero que, en un alarde de incoherencia, prefieren ignorar (conscientemente).

El sector porcino no escapa de esta dinámica y así tenemos a nuestrostodistas, enamorados de los cerditos rositas que ven en las películas infantiloides de Disney, donde el cerdito en cuestión habla, siente y padece como cualquiera de los humanos que mientras acude al hipermercado de referencia y echa mano a la bandeja de jamón york por el módico precio de un euro, se le antoja que el jamón de york de marras debiera proceder de cerdos felices criados en una idílica dehesa, campeando a saltitos y moviendo alegremente el rabito, eso sí, a mayor gloria del todista y, lamentablemente, a cuenta del ganadero.

En estas estamos cuando el siempre polémico Jordi Évole nos amargó la noche dominical cuando, tras dar de cenar al gato un plato de paté y acostar el perrito en su cama (tras haber metido en la lavadora la gabardina del can), nos ofreció un programa siniestro sobre el sector porcino conformado por dos ingredientes tan repulsivos como inquietantes. Por una parte, se exponen las deplorables condiciones laborales de un macromatadero de porcino y, por otra parte, se exponen unas imágenes de unos cerdos monstruosos, enfermos, insinuando en todo momento que esos cerdos, por falta de control administrativo y sanitario, acaban en la cadena alimentaria para el consumo humano, es decir, para consumo de los todistas en cuestión.

Lamento, desde la distancia pero sin quitarle una pizca de importancia al asunto, las pésimas condiciones laborales de los trabajadores del macromatadero pero sin olvidar que esos empleados, falsamente cooperativistas, son víctimas del mal uso, o abuso, de la legislación laboral aprobada por partidos apoyados, en gran parte, por los indignados consumidores todistas y asimismo, les animaría a que, por unos segundos, pensasen sobre las condiciones socio-laborales, principalmente en su faceta económica, de los miles de productores de los alimentos que consumen, nuevamente, los todistas.

Las imágenes de los cerdos, enfermos, deformes, monstruosos y todos los adjetivos horrorosos que le vengan a la mente, fueron realmente impactantes y soy consciente de que, precisamente, ese era el objetivo de dicho programa: valerse de un mal ejemplo para denigrar todo un sector productor y a todo un sector económico (granjas, mataderos, industria elaboradora, logística, etc.) que supone uno de los pilares del sector primario estatal y satisfacer las ansias de algunos que tienen puesto en su objetivo particular, todo sector productor intensivo, que no cumpla los parámetros que ellos consideran como el mínimo exigible.

Te podrá gustar más o menos este tipo de granjas y hasta podría llegar a entender que los consumidores todistas se alarmasen ante las imágenes salvadoras de Évole, si esos mismos todistasfuesen coherentes y consecuentes, se preocupasen menos y se ocupasen más de su alimentación, si invirtiesen más en su salud a través de la alimentación (el gasto medio familiar en alimentación ronda el 10%), si procurasen consumir producto local, de proximidad y lo más sostenible pero, créanme, en agricultura y alimentación no hay milagros y, si alguien opta por la oferta y el low cost permanente y a costa de casi todo, no debiera, cuando menos, luego, echarse las manos a la cabeza.

Ya lo decía mi padre, que era un sabio aunque no culto, que la bondad está en la conformidad y, si usted lo quiere todo, ya sabe, sea coherente y tire de cartera.


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