pianista bilbaino

Achúcarro: "Cada día disfruto más interpretando el jeroglífico de la partitura"

Mañana ingresará como académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

EFE - Sábado, 17 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 19:41h

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Joaquín Achúcarro:"Todavía hoy, cada vez me gusta más tocar el piano"ReproducirAchúcarro junto a su mujer Emma

El reconocido pianista bilbaino Joaquín Achúcarro, que mañana ingresará como académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, asegura que cada día le gusta más tocar el piano para interpretar "el jeroglífico que es la partitura" y lo que quieren transmitir los grandes compositores de música clásica.

LEIOA. Mañana pronunciará en Madrid su discurso de toma de posesión como miembro honorario de la Academia de San Fernando, de la que ya era académico correspondiente, lo que supone para él "un gran honor", explica en una entrevista en su casa de Leioa. 

Con 68 años de fructífera carrera profesional en sus todavía poderosas manos, Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1932) pasa a engrosar así una lista de grandes genios de las artes en la que figuran Picasso, Dalí, Alberti, Chillida, Casals, Falla, Andrés Segovia, Igor Stravinsky y Arthur Rubinstein.

Achúcarro, premio Nacional de Música en 1992, asegura que se toma este nombramiento como "una responsabilidad, porque tiene que "demostrar que vale la pena el que te lo hayan otorgado" y que le "impresiona" el "cariño" que le ha demostrado la Real Academia, que dirigió Goya, con esta distinción.

En la actualidad solo existen nueve académicos honorarios en la San Fernando: Camen Giménez, Oriol Bohigas, Martín Chirino, Jacobo Hachuel, Richard H. Driehaus, Federico Mayor Zaragoza, Plácido Domino, Santiago Calatrava y Francois Marechal.

El virtuoso pianista, que ha recibido premios y reconocimientos en todo el mundo y sigue siendo reclamado para impartir clases o dar conciertos a sus 85 años de edad, explica que dio su primer concierto en Madrid a los 17 años y desde entonces no ha parado de tocar en España y todo el mundo. "Ha sido un trabajo incesante", resalta.

"Oía música desde niño en casa", señala Achúcarro y recuerda que pronto descubrió que se le gustaba tocar el piano y que, como parecía que se le daba bien, siguió trabajando y cada vez disfrutaba más del instrumento. 

"Y todavía hoy, cada vez me gusta más tocar el piano -remarca- preguntarle a Beethoven, a Mozart o a Chopin qué quieren decir en sus partituras", porque tiene claro que "los compositores dejan reflejada en sus partituras, de una manera casi críptica, lo que quiere que haga el ejecutante".

"Los compositores intentan explicar a los idiotas de los intérpretes qué quieren que hagan con su obra, por lo que el trabajo del ejecutante es interpretar el jeroglífico que es la partitura", sentencia.

"Hay que saber ver en la partitura cuando Beethoven ha dado una patada en el suelo o se ha equivocado y está pidiendo perdón", incide, aunque reconoce que cuando ensaya e interpela a los compositores unas veces encuentra una respuesta y otras no, por lo que asegura que "hay que pensar muchísimo cuando se tiene la partitura de un gran compositor en la mano".

Achúcarro cree que no se puede disociar la técnica de la pasión a la hora de interpretar una obra: "Se llama técnica a la facultad muscular de tocar muy deprisa y muy fuerte, pero la facultad de prolongar un sonido lo suficiente hasta que se encadene con el otro, es otra distinta".

Recuerda que "el piano es capaz de sacar un número infinito de sonidos desde el pianísimo casi inaudible, hasta el fuerte más atronador", y se preguntada "cuántos de esos sonidos podemos aislar, clasificar y, como si dijésemos, numerar para, de acuerdo con la exigencia física que la sonata de Beethoven o los nocturnos de Chopin nos requieren, conseguir el tipo de sonido oportuno".

"Este es el cuento de nunca acabar y por eso es tan divertido tocar el piano", ha enfatizado el pianista, que en 1998 fue nombrado Artista para la Paz por la Unesco.

Tras haber tocado con casi 400 directores de orquesta, muchos de ellos de renombre internacional como Claudio Abbado, Zubin Mehta y Simon Rattle, guarda buen recuerdo de todos ellos aunque reconoce que "algunos, en vez de intentar ayudar, intentan que les ayudes a ellos".

Achúcarro adelanta que su discurso de ingreso como académico honorífico versará sobre el centenario de la muerte del compositor francés de entresiglos Claude Debussy, una de las figuras más relevantes de la música impresionista, junto con Maurice Ravel, en su opinión.

"Debussy armó una buena revolución en la música clásica porque hizo trizas la armonía tradicional y empezó con unos sonidos que nadie había logrado hasta entonces o habían sido rechazados por salvajes", remarca.

"Hoy en día nuestro oído se ha amoldado a esas armonías que Debussy prácticamente inventó al utilizar la escala pentatónica de las notas negras del piano", concluye el pianista, que cerrará el acto de ingreso en la Academia de San Fernando interpretando una de las grandes obras del compositor francés, "Atardecer en Granada".


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