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Tener hijos en Euskadi, algo más que ayudas

En la CAV nacen cada año unos 18.000 niños y la edad media de las mujeres supera los 33 años

La caída de la natalidad alarma a las instituciones por lo que se ha suscrito el pacto por la familia y la infancia

Nekane Lauzirika - Miércoles, 14 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La natalidad en Euskadi, con 18.000 nacimientos al año, es de las más bajas del Estado y de Europa.

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La natalidad en Euskadi, con 18.000 nacimientos al año, es de las más bajas del Estado y de Europa.

donostia- Compatibilizar trabajo, vivienda, estabilidad con el desarrollo personal, especialmente para las mujeres, es misión de titanes. Porque ni Euskadi ni España son buenos países para ser madre. El desempleo, el trabajo precario, la consolidación laboral, las largas jornadas, los bajos salarios y las escasas políticas públicas no animan a las parejas a tener descendencia. Esto es lo que señalan a este periódico una abogada treintañera en paro, una economista mileurista, una profesora de universidad, un ginecólogo y una jueza -que en sendos actos de fe decidieron tener hijos-, a quienes hemos pedido su opinión sobre la baja natalidad que ha convertido a Euskadi en un país de viejos.

Una caída demográfica que ha comenzado a inquietar a las instituciones vascas. Ante este panorama y liderados por el lehendakari Urkullu, las tres diputaciones forales y Eudel se unieron para suscribir el llamado Pacto por la Familia y la Infancia con el objetivo último de incrementar los nacimientos. Entre otras medidas, el documento recoge un decálogo de compromisos para reforzar las políticas públicas en favor de la natalidad y en apoyo a las familias.

La más tangible es que el Gobierno aumentará a tres años las ayudas por el segundo hijo. En Euskadi, hasta ahora, las concesiones por vástago se situaban en 400, 500 o 900 euros al año en función de la renta estandarizada, de los ingresos y el tamaño de la familia. Lo más alarmante que se desprende de los indicadores demográficos es la caída en picado de los nacimientos durante el periodo de crisis económica. Entre 2015 y 2016 se produjeron reducciones de 2,8% y 2,1,%, respectivamente. En el País Vasco nacen cada año cerca de 18.000 niños y niñas, situando a la comunidad en una de las zonas más envejecidas tanto del Estado español, como de los países europeos del entorno.

“La edad media de maternidad es de 33,4 años y la tasa de fecundidad de 1,39 hijos”, explica el ginecólogo José Gurrea, quien a los factores laborales y a la falta de infraestructuras, también achaca la falta de natalidad al empoderamiento de las mujeres. “Las chicas han empezado a preocuparse de ellas;es una ética muy virtuosa;están hartas del rol de cuidadoras que han tenido y tienen asignado por la sociedad. La precariedad laboral tiene importancia, pero más aún la ética del propio cuidado”, sostiene.

¿Por qué cada vez hay menos mujeres en edad de dar a luz en nuestro país? Según el INE, se debe a tres razones fundamentales. La primera, porque ese rango de edades (15-49) está formado por generaciones menos numerosas nacidas durante la crisis de natalidad de los 80 y primera mitad de los 90. En segundo lugar, por el menor flujo de inmigración exterior. Y por último, por el mayor número de emigraciones al exterior de los últimos años.

“Se pensaba que la inmigración iba a solucionar o al menos contribuir a aumentar la natalidad, pero las mujeres cuando viven en países con libertad, aunque vengan de otras culturas, tienden a decidir los hijos que desean tener”, subraya la jueza tolosarra Garbiñe Biurrun, quien considera que este tema tendría que haber sido abordado con más naturalidad, con más ímpetu. “Me molesta que los políticos vean este tema exclusivamente en términos demográficos;me parece injusto porque estamos hablando de la libertad de las mujeres para ser madres, pero también para no serlo”.

inseguridad laboralA la abogada bilbaina Ana Patricia Albóniga ni siquiera se le ha pasado un instante por la cabeza tener hijos. Aunque vive con su pareja desde hace varios años, su situación profesional no se lo permite. “Estoy sin trabajo desde hace más de un año y muy angustiada porque no encuentro trabajo y pronto dejaré de cobrar el paro. Aunque quisiera, ¿cómo voy a tener hijos?”, se pregunta. “Mi chico tampoco me presiona para que formemos una familia tradicional;somos conscientes de que tendríamos que estar dependiendo de nuestros padres y viviríamos peor;no nos lo podemos permitir”, relata esta treinteañera.

Sin un “decidido” apoyo a la promoción de jóvenes y mujeres y con una política, en general, basada en la extensión de la desregularización y la inseguridad, es misión imposible que las parejas decidan tener familia. “La conciliación sigue siendo cosa de las mujeres;no se ha producido un cambio cultural y nuestra generación ha tenido que hacer auténticos malabares para compaginar nuestras profesiones y la vida personal”, apostilla la periodista y profesora de la UPV-EHU, Carmen Peñafiel, madre por convicción y con una hija estudiando fuera de Euskadi.

“La brecha salarial, la precariedad de los trabajos femeninos, todo son piedras en el camino para las mujeres;hemos mejorado, pero las mujeres y los hombres se han dado cuenta que su realización como persona no pasa inexorablemente por tener hijos. Sin una estabilidad laboral, aunque haya ayudas por parte del Gobierno, dudo que aumente la natalidad. Por eso también las mujeres decidimos ser madres más tarde”, reflexiona la docente vasca.

La economista Ane López trabaja a tiempo parcial en una pequeña empresa de marketing en Donostia. A punto de cumplir los 40 y después de contar con un trabajo estable durante una década vio como todo su futuro laboral se desplomó, al igual que su vida personal. “Al tiempo que me echaron de la empresa argumentando falta de productividad, la relación con mi pareja se hizo añicos;a mi edad he pasado de tener un sueldo digno a ser mileurista. Es lamentable. Lo duro es que no veo que mi situación laboral vaya a mejorar”.

óvulos a resguardoAne no descarta tener hijos, sola o en pareja, y como sabe que el reloj biológico pasa inexorablemente, fue a una clínica de reproducción asistida para asesorarse y decidió vitrificar sus óvulos. “Si más adelante me encuentro en una situación económica mejor y siento la necesidad de tener hijos sé que tengo la posibilidad de lograrlo. Y si finalmente decido desestimar la opción, donaré los óvulos para que otras mujeres puedan ser madres”, relata aburrida de echar currículos para lograr un puesto acorde a su formación.

En esta línea, la magistrada Garbiñe Biurrun recuerda que actualmente el 20% de las personas que perciben la RGI son principalmente mujeres trabajadoras, “con puestos poco estables, sin futuro, a tiempo parcial involuntario y con unos recursos muy justos. Por lo tanto, si estas mujeres tuvieran hijos casi lo consideraríamos una irresponsabilidad. Es paradójico, pero seguro que se las criticaría por traer hijos a este mundo teniendo tan pocos recursos. Es injusto. Pero lo cierto es que hay muchas personas que desde la sensatez y la prudencia no se plantean la maternidad/paternidad porque su sueldo no les da”.

Y ningún indicador básico es positivo: bajan los alumbramientos, suben los fallecimientos y desciende la esperanza de vida. El lehendakari Urkullu en la firma del Pacto insistió en que “aumentar la natalidad e incrementar las ayudas a familias con hijos e hijas constituye un objetivo de país”. Un Pacto por las Familias y la Infancia que tiene por fin adaptar nuestras políticas sociales al paradigma de inversión social, promovido por las instituciones europeas. La característica de este nuevo paradigma es la transición de unas políticas orientadas a la reparación y otras a la preparación”, sentenció.

reformular las ayudasLa idea de las Instituciones vascas es reformular el modelo de política familiar recogida en la Ley de 2008 y garantizar unos ingresos mínimos a todas las familias con hijos, sin que por ello dejen de reforzarse los apoyos a los hogares en situaciones de gran dificultad. “Si los compromisos se ciñen exclusivamente al aspecto económico no ayudarán a incrementar la natalidad”, coinciden en señalar Carmen Peñafiel y Garbiñe Biurrun.

La periodista y la magistrada echan la mirada a los países europeos más avanzados en políticas sociales y de igualdad, como son los nórdicos. “Allí hay mujeres en situaciones complicadas, con profesiones de todo tipo, con carreras interesantes, en paro, pero no tienen la autolimitación para la maternidad. Culturalmente tienen asumido que disponen de unas infraestructuras potentes;efectivamente, tendrán algunas complicaciones porque el mundo es el que es, pero si quieren ser madres o no, será fruto de una decisión personal, pero en la decisiones de allí pesarán poco todas las decisiones que aquí pesan mucho”, sentencia.

“Con los salarios actuales es muy complicado tener hijos” Carmen Peñafiel Profesora de la UPV/EHU

donostia- “Las ayudas económicas que fomentan la natalidad están muy bien, pero tienen que ir acompañadas de otras medidas ya que por sí solas no servirán para que los jóvenes decidan tener descendencia”, subraya la periodista y profesora de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV/EHU.

¿Las ayudas serán meros parches si no se crea empleo?

-No solo se tiene que generar empleo, sino que este sea de calidad. Nos dicen que se ha reducido la tasa de paro, pero los salarios de nuestros jóvenes son lamentables. Son trabajadores pobres;esto ocurre también entre personas mayores de profesiones liberales que cobran un 30% menos que en 2011.

Con 800 euros parece difícil pensar en tener hijos/as.

-Es misión imposible. La generación de nuestros hijos e hijas van a vivir en peores condiciones que lo hicimos nosotros. Es lógico que si los tienen les quieran dar una buena educación, sanidad y los trabajos actuales lo impiden. ¡Cómo van a pagar una hipoteca o el alquiler de una vivienda con lo que cobran!.

La idea de la felicidad no pasa por tener hijos...

-Muchos jóvenes, visto el panorama y las perspectivas tan poco halagüeñas, ni se lo plantean. Hay casos como el del hijo de una amiga que con 30 años y con pareja estable ya ha optado por no tener hijos;no les parece justa la sociedad que les estamos dejando y prefieren vivir su vida de otra manera. - N.L.

“Se ha hecho de la mujer una ética del cuidado de los demás” José Gurrea Ginecólogo

donostia- “Hay muchas chicas que reconocen abiertamente que los hijos cuestan mucho, pero no solo en términos exclusivamente económicos, sino emocionales, personales y deciden no tenerlos”, apunta el ginecólogo José Gurrea.

Cada vez hay más chicas jóvenes que no están dispuestas a tener hijos/as ¿Es una decisión egoísta?

-No. Se interpreta mal porque no lo hacen por egoísmo, sino porque afortunadamente hoy en día son más autónomas y están más liberadas. Es una decisión de autonomía personal y emocional.

¿Las chicas responden más ante sí mismas que a lo que les han dicho que deben ser?

-A las jóvenes que no tienen hijos no se las interpreta bien. El egoísmo de cuidar de uno mismo se entiende como algo no virtuoso. Y cada vez estoy más convencido de que el egoísmo es una gran virtud en la mujer que cuida de sí misma y no tiene que atender a los demás. Se ha hecho de la mujer una ética del cuidado de los demás. Por eso digo que el cuidado de una misma es una ética muy virtuosa. Es enormemente positivo para las chicas.

¿Las políticas de apoyo a la natalidad tienen que ser globales?

-Sí. Que posibiliten que las chicas sean libres. Si tienen que dedicarse a cuidar de otros, dejarán de serlo y no tendrán descendencia. Y no será por egoísmo sino por autonomía, por independencia. Las mujeres están hartas de cuidar de otros, incluso de sus hijos. - N.L.

Garbiñe Biurrun

Jueza

“Las mujeres tienen los peores trabajos temporales”

Garbiñe Biurrun

Jueza

donostia- “Hacen falta medidas mucho más globales que abarquen no solo una cuestión económica que, además es de poco alcance, para que las parejas que así lo deseen puedan tener hijos”, apunta la jueza Garbiñe Biurrun.

¿Cómo hacer que las mujeres que quieran puedan ser madres con vida personal y laboral plena?

-La maternidad/paternidad, como otras relaciones humanas, requiere pactos, esfuerzos y dedicación. Y esto no nos lo va a resolver el Estado porque forma parte de nuestro compromiso cuando tomamos determinadas decisiones vitales. Pero las instituciones tienen que posibilitar que existan infraestructuras para que nadie tenga que dejarse por el camino su vida personal, ni familiar, ni laboral.

¿Por ejemplo?

-La vivienda es clave. Mucha gente ni se plantea tener hijos porque no tiene una vivienda adecuada para criar hijos en familia. Tampoco hay de una red de guarderías accesibles, de calidad y con horarios que nos permitan utilizarlas con nuestros horarios laborales.

En este país, ¿la cultura de la maternidad/paternidad son culturas de sacrificio personal?

-Las infraestructuras son mínimas y las dificultades muchas. Por eso da pereza tener hijos. Cosa que no sucede en países avanzados de nuestro entorno a los que miramos con envidia. Allí tienen asumido que si desean ser madres tendrán las necesidades cubiertas. - N.L.


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