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Ander Izagirre | autor de ‘amona eta beste hamar’

“El libro ha conectado con las memorias de la Real de toda una generación”

Ander Izagirre (Donostia, 26 de febrero de 1976) es el autor de ‘Mi abuela y diez más’, que se ha convertido en una referencia para los aficionados txuri-urdin

Néstor Rodríguez - Miércoles, 14 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Ander Izagirre

Ander Izagirre ( Gorka Estrada)

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Ander Izagirre

donostia- Perteneciente a la colección Hooligans ilustrados, el libro de Ander Izagirre es un delicioso relato de 109 páginas en el que mezcla sus vivencias personales y familiares con recuerdos de la Real bicampeona de Liga, todo ello inevitablemente ligado a Atocha, lo que da al relato un tono nostálgico que todo seguidor blanquiazul de cierta edad siente. Autor también del conocido Plomo en los bolsillos, siempre dice que su deporte es el ciclismo pero su pasión, la Real. Una pasión que ayer trató de explicar en la librería Kaxilda de Donostia, donde presentó la traducción de Mi abuela y diez más al euskera: Amona eta beste hamar.

Escribe que Atocha huele a selva. ¿A qué huele Anoeta?

-Una de las diferencias más claras que hacemos los nostálgicos es la sensorial, evocamos los recuerdos con los sentidos: olor, ruido. El olor de Atocha era muy característico, con esa mezcla de olor a fruta del mercado, a hierba mojada y a puros, un olor que hoy ya ha desaparecido. Anoeta diría que no tiene ni sabor ni olor. Es cemento, lluvia fría, una cosa más desangelada.

Con una familia tan vinculada a la Real (entre otros, su tío abuelo Patxi Alcorta inventó la costumbre de tirar cohetes para celebrar los goles de la Real), era inevitable tener esa pasión txuri-urdin.

-En mi familia cercana el deporte es el ciclismo y para mí también es así. Pero el fútbol tiene un poder de galvanizar a la gente y de crear comunidad muy poderoso. Tengo una foto mía con cinco o seis años con el traje de la Real que me trajeron los Reyes, y eso ya es como caer en la marmita de Obelix. Tiene un componente emotivo muy fuerte que otros deportes no tienen, y me apetecía explorar esa parte del fútbol;cómo es posible que una cosa tan banal nos agrupe a gente tan diversa. Tiene un componente casi tribal, con cosas buenas y malas. Literariamente, es lo que me atrae.

¿Por qué elige a su abuela como protagonista?

-Mis recuerdos de la Real también están con mis abuelos maternos. Pero tengo muy grabado ese momento en el que ella, Pepi, me dio un trapo blanco y azul, porque entonces no había ese merchandising de ahora, y fui a Atocha a ver ganar la segunda liga. En ese momento, para mí la Real es mi abuela, la Real es lo que pasa en la radio de la cocina de mi abuela. He tenido una relación muy cercana con ella. Es un enlace sobre todo emotivo. Yo no iba a aportar nada sobre Arconada y los demás, yo iba a aportar mi pequeña vena familiar. Por cierto que con eso me ha pasado una cosa muy curiosa: cuánta gente me ha escrito para contarme sus vivencias, que al final son parecidas a las mías. Esa vena familiar y personal es la que le da valor a ese libro y al fútbol, y mi abuela es la clave.

¿Cómo surge el título?

-El título juega con esa frase típica del fútbol. Estaba en Madrid en una mesa redonda con varios escritores que hablaban de fútbol y uno de ellos era Benjamín Prado, el poeta, que tiene un poema que se llama Iniesta y diez más. Era la época en la que estaba dando vueltas al título del libro. Pensé en el equivalente, algo así como Gorriz y diez más, pero en realidad mi protagonista era mi abuela. Y fue allí cuando le dije al editor que ya tenía título. ¿Iniesta? Pues yo meto a mi abuela.

Ha dicho en alguna ocasión que, salvo la Real, apenas ve fútbol.

-Casi nunca. Igual estoy tranquilo y me pongo algún partido, pero me distraigo a los dos minutos, es que no consigue captar mi atención mucho tiempo. En ciclismo, en cambio, puedo ver 50 kilómetros de una etapa llana de la Vuelta a Castilla y León. Si es la Real, sí veo.

Cuando sus viajes se lo permiten, ¿sigue acudiendo a Anoeta?

-Voy a menudo. No es tanto el deporte en sí, sino la identificación con un equipo. Es incomprensible pensar en que me voy a poner contento o enfadado dependiendo del resultado. Eso de que tu estado de ánimo dependa de lo que hagan otros no tiene ningún sentido, pero... Creo que sé apreciar un buen partido, sé apreciar la calidad de Messi, pero si fuera otro equipo no iría al campo.

Celebró un gol de Ansotegi en Nueva York y el ascenso en Pakistán. ¿En qué otros lugares ha sufrido o disfrutado con la Real?

-Tengo recuerdos de partidos no por su importancia sino por dónde los seguí. Me acuerdo que estaba en una cafetería de Panamá merendando y dándole al F5 en el ordenador para actualizar un partido que la Real ganó al Atlético 2-1 con un gol de Agirretxe al final (9 de noviembre de 2014). Recuerdo muy bien la cafetería, me metí porque había wifi y quería saber cómo iba el partido. Lo de Pakistán fue más gordo, me enteré un día después del ascenso. Tenía que bajar andando por un glaciar para conectarme, superépico.

Uno de los grandes protagonistas del libro es Bixio Gorriz. Lo describe como lo mejor que podemos aspirar a ser. Un tipo que alcanza el éxito y siente un poco de apuro. Que lo hace todo bien y que sigue siendo discreto, entrañable, tirando a soso. ¿Sabe si le gusta a Gorriz esta descripción?

-Sí, salvo una cosa, lo de soso. Y creo que tiene razón porque luego le he conocido y no es nada soso. Igual la palabra era discreto. En principio, no me gusta esa idea de que tengamos esencia según dónde seas, pero es una manera de ser bastante característica del club y los jugadores. Que seas más apasionado no quiere decir que quieras más. Me gusta nuestra manera de ser. Mostrarte demasiado expresivo y pasional con el fútbol es un poco absurdo, me da hasta un poco de vergüenza incluso. De hecho, no estoy orgulloso de irme a un cibercafé en Nueva York para ver el resultado de la Real. Dije a dos amigas con las que estaba que iba a ver mi correo electrónico. Me da un poco de vergüenza.

Dice también que Gorriz es más de 599 partidos que de 600.

-En ese momento creo que todos los aficionados nos enfadamos;es una interpretación a posteriori. Sí me parece que es un detalle que revela muy bien su personalidad. En el mismo Mundial en el que Gorriz mete un gol, Míchel mete aquellos tres goles y lo celebra de distinta manera. Me gustaba Indurain, que cuando ganaba levantaba un poco la mano y ya está. Ahora hay tal explosión falsa, impostada, de emotividad en las celebraciones, que resulta exagerado. ¿Cómo celebrarían Gorriz o Marino Lejarreta un gol o un triunfo? Pues así me gusta a mí. Es que conseguir algo bueno y correr todo el campo para que te alaben es súper ególatra.

‘Mi abuela y diez más’ se ha convertido en un libro de referencia sobre la Real. ¿Le ha sorprendido?

-Yo no podía escribir un libro brillante sobre juego o historia del club, pero creo que el libro ha conectado con las memorias de toda una generación, de toda una ciudad. Muchas personas me han escrito que ellos recuerdan cosas parecidas a las que cuento. La clave es que conectas con una memoria sentimental. Es una sorpresa bonita para mí este libro, porque estuve dos años diciéndole al editor que no quería escribirlo.

Quién no recuerda el anuncio ‘Cafés Gao, gao que sí’...

-Es que ese es el poder del fútbol. Tú dices Cafés Gao, y la gente de cierta edad se transporta a Atocha, a sus recuerdos de esa época. El fútbol es una herramienta muy fuerte.

Su deporte es el ciclismo. De hecho, su otro libro de temática deportiva es ‘Plomo en los bolsillos’.

-Son dos libros que me divertí mucho escribiendo, están escritos con placer, son sencillos y fluyen bien. Otros trabajos que he hecho son más serios y profundos. En ciclismo me encontré historias del Tour de Francia muy buenas, yo solo tenía que contarlas con la mayor habilidad posible. Son dos libros que me han dado muchas satisfacciones. El de Potosí (libro sobre las minas de Bolivia), por ejemplo, que he estado siete años con él, es un tema duro que igual no interesa a tanta gente, pero yo lo quería escribir. Plomo en los bolsillos fue un divertimento, lo escribí rápido y de repente empezó a venderse bien y la gente me llamaba. Estoy contento con ese desequilibrio, porque la suma final sale bien.

En sus libros hay mucha labor de documentación detrás.

-Leo por placer y por trabajo, y por ver qué hacen otros. Un escritor copia mucho, no un párrafo entero, pero sí maneras y técnicas. Me gusta mucho leer. No concibo otra manera para escribir si no es leyendo mucho.

El Giro de Italia y las clásicas también darían para sendos buenos libros de ciclismo...

-Me lo piden y seguramente serían libros bastante vendidos y me iría bien, pero me apetecen otros proyectos que igual no son tan comerciales. O podría hacer un libro sobre la historia del ciclismo vasco y me lo pasaría bien, pero no quiero hacer algo parecido a lo que he hecho ya. Igual en algún momento, pero ahora prefiero otras cosas.

¿Con qué está ahora?

-En abril sale un libro de un viaje en bici por el Pirineo, con crónicas sobre temas pirenaicos. Cada etapa es un escenario geográfico, unos puertos y unos valles, y también un tema sobre los Pirineos. Tengo más proyectos de libros, aunque aún están muy verdes. Por ahora tengo que terminar este. Me lo pasé muy bien porque estuve todo el verano andando en bici cruzándome los Pirineos. Pensaba: Me pagan por subir el Tourmalet, es lo que quería de niño. Lo que ya fue un bajón fue volver a casa y tener que escribirlo, con lo bien que estaba yo por ahí en bici con mis alforjitas.

¿Lee literatura deportiva?

-Suelo leer libros de ciclismo de vez en cuando. Hace poco leí uno que me gustó mucho: La soledad de Anquetil, de Paul Fournel. También he leído Hijos del fútbol, de Galder Reguera, y también me gustó mucho. En ambos casos pesa mucho la parte autobiográfica de los autores, me gusta cómo mantienen el equilibrio para contar reflexiones propias interesantes sin caer en el narcisismo. Y me parece interesante la colección Hooligans ilustrados, de Libros del K.O., en la que sale Amona eta beste hamar. Pronto van a publicar el libro dedicado al Deportivo de la Coruña. Lo escribe Nacho Carretero, un gran periodista que me gusta mucho, así que espero ese libro con ganas.


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