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Soledad

Por Javier Otazu Ojer - Martes, 6 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Una estadística asombrosa realizada recientemente en Reino Unido (lo que desconozco es cómo se realizan este tipo de estadísticas) indicaba que hasta 200.000 personas mayores no habían tenido una conversación con un amigo o familiar en más de un mes. Y eso sin tener en cuenta personas cuya conversación es únicamente por teléfono. ¿Quién no recuerda historias de un cadáver que aparece en alguna casa después de muchos días allí sin que nadie se haya preocupado por esa persona?

En un mundo hiperconectado, ¿puede ser la soledad un problema de Estado? Claro que sí. Se estima que el efecto de no relacionarse con los demás es equivalente a fumar 15 cigarrillos diarios. Por lo tanto, personas en esta situación son más proclives a tener las típicas enfermedades cardiovasculares o incluso demencias. Es así: análisis estadísticos asociados a la epidemiología son múltiples. Conocerlos y aplicarlos nos lleva a tomar mejores decisiones. Y desde luego, no se trata de los típicos estudios que recomiendan comer saludable, no fumar, no beber, hacer un poco de deporte y no tomar un vaso de lejía al día (lo sé, esto es absurdo, pero lo mismo ocurre cuando nos machacan con todas estas ideas de vida saludable;¡las conoce todo el mundo! ¿Por qué no nos dan métodos para aplicarlas?).

Malcolm Gladwell investigó las razones por las que unas personas vivían más que otras en diferentes regiones de Estados Unidos. Se extrañó al comparar ciudades en las que los hábitos tradicionales de la población eran idénticos y sin embargo había grandes diferencias en la esperanza de vida. ¿Qué sentido tenía eso? ¿Cómo podía ser?

La explicación era asombrosa: la vida social. En los lugares en los que las personas tenían más actividades comunes como salir a pasear, jugar a cartas o bailar se vivía más tiempo. Curioso, ¿no? Sin embargo, está aceptado que relacionarse con los demás alarga la vida y mejora la calidad de la misma. Según este enfoque, una persona que deja de tener ganas de salir a la calle y comienza a quedarse cada vez más tiempo en casa disfrutando de las múltiples ofertas de pantallas a los que estamos sometidos (teléfono móvil, televisión, ordenador o tablet) comienza a apagarse. Cuidado: hay excepciones. Alguien que esté entusiasmado por este tipo de actividades puede vivir muy bien durante mucho tiempo, pero no cabe duda de que este entretenimiento está asociado al concepto de “matar la tarde”.

¿Cómo es la vida social en la pantalla? Cada vez aparecen más críticos. Entre todos ellos, merece la pena destacar a Chamath Palihapitiya, exvicepresidente de Facebook: “los ciclos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo el funcionamiento de la sociedad. Sin discursos civiles, sin cooperación, con desinformación, con falsedad”. Muy claro, ¿no? Es así. En cuanto tenemos un mínimo respiro, todos a los móviles. La meditación, para el Dalai Lama.

Se estima que el efecto de no relacionarse con los demás es equivalente a fumar quince cigarrillos diarios. Personas en esta situación son más proclives a tener las típicas enfermedades cardiovasculares o incluso demencias

Esta pasión por el móvil nos lleva a efectos adversos. Por ejemplo, disfrutamos menos de las experiencias: a veces estamos más pendientes de que los demás vean que lo pasamos bien que de pasarlo bien por nosotros mismos. ¿No es absurdo? Supongamos que cuando alguien se hace un selfie se le prohíbe que lo enseñe a los demás. Lo más lógico sería que no haría ninguno. En fin, nada como aplicar a la sabiduría popular: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

Relacionando el uso del móvil con la soledad, ¿no nos sentimos abandonados cuando estamos en una conversación y nuestro compañero está pendiente del móvil? Para evitar la situación de desamparo que eso genera solo veo una solución: decir a nuestro interlocutor la razón por la que estamos pendientes del móvil.

¿Qué puede hacer un gobierno para resolver el problema de la soledad? Poco o nada. Simplemente, los recursos no llegan para todo. Esta historia enseña lo importante que es la educación y las reglas de convivencia para que una sociedad funcione mejor. Si alguien tiene integrado el valor “no debemos dejar a los mayores abandonados” se sentirá más comprometido con sus padres, sus familias o incluso podría hacerse voluntario.

Hay más opciones. Llama la atención el caso de una mujer de Sevilla. Dejó un cartel en el que decía “se vende piso”. Lo curioso es que esa no era su intención. Simplemente, no se le ocurrió otra forma de hablar con otras personas.

Sí, además de las recomendaciones habituales para gozar de una buena salud debemos destacar tener vida social. Pero hay otra destacable: tener y apreciar la cultura. Comprenderla, conmovernos y disfrutarla es fundamental. No deberíamos olvidarlo.

Por último, aunque no tiene sentido la soledad y sentirse acompañado (a no ser que seamos ascetas), alguien con muchas personas alrededor puede sentirse abandonado. Los ejemplos abundan. Aquí, en Flandes, en Washington y en todo el mundo.

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