Tribuna abierta

¿Se extinguirá Euskadi falto de vascos?

Por Javier Elzo - Sábado, 3 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Javier Elzo

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Estamos en una sociedad de mayores en la que los niños se hacen raros. Es un problema que no se circunscribe a Euskadi, pero que es conocido entre nosotros hace tiempo. Y posee causas concretas

El pasado 18 enero tuvimos conocimiento del Pacto por las familias y la infancia suscrito por el Gobierno vasco, las diputaciones forales y los municipios vascos. Este Pacto, según la web oficial del Gobierno Vasco (www.irekia.euskadi.eus/es/news/43329), se asienta en un diagnóstico compartido y articula una acción coordinada de políticas que responden a dos fenómenos de carácter estructural: “la persistencia de los obstáculos que dificultan que las personas puedan iniciar su proyecto familiar y tener el número de hijos e hijas deseado, esto es, las bajas tasas de natalidad”, por un lado, así como “las dificultades para romper la transmisión intergeneracional de las desigualdades como consecuencia de las carencias económicas de las familias con hijos e hijas, esto es, el cuestionamiento del principio de igualdad de oportunidades”. Por razones de espacio me limito aquí, al primer aspecto: las bajas tasas de natalidad en Euskadi. En efecto, las cifras son demoledoras.

La tasa de fecundidad para las mujeres es de 1,38 hijos, una de las más bajas de Europa, se dice, aunque comparando por Comunidades Autónomas en el Estado español es la quinta más alta, siendo Asturias con 0,99 la más baja. Siendo la tasa de reproducción de una sociedad algo superior a 2 hijos por mujer, es evidente que con la tasa de 1,38 la actual sociedad vasca, tiende a extinguirse en unas cuantas generaciones. El Pacto por las familias y la Infancia “se concretará en el Plan de actuación para esta legislatura en el ámbito de apoyo a las familias y a la infancia que se aprobará dentro del primer trimestre”. Esperemos, pues la única medida concreta que se señaló el pasado día 18, decía que “el Plan prevé un aumento de dos a tres anualidades en las ayudas por la segunda hija o hijo, lo que supondrá una inversión adicional de hasta 5 millones de euros al año”. Esperemos, sí, pues, con esa sola ayuda no se fomentará en nada la natalidad, como la oposición y algunos colectivos, con toda razón, han señalado.

Una problemática reiterada El problema de la natalidad no se circunscribe al País Vasco, como mostraré más adelante, pero quiero referir, de modo breve, que es una cuestión que ya se ha abordado, anteriormente y de forma reiterada en Euskadi. Así, en un estudio de 2005 del Gobierno Vasco, titulado El envejecimiento de la población vasca, se podía leer que mientras el año 1981 el porcentaje de la población vasca de más de 65 años era de 9,2%, para el año 2020 se emitían dos proyecciones que variaban entre el 24,4% y el 26,4%. Por su parte, a la población de menos de 19 años, que representaba el 34,2% de la población vasca el año 1981, las proyecciones para 2020 la situaban entre los 12% y el 17,6 %. Como se puede observar, el cambio en 40 años, de 1980 a 2020, es brutal y ya lo sabíamos hace años. Estamos en una sociedad de personas mayores en la que los niños se hacen raros.

Dos años antes, en febrero de 2003, el Gobierno Vasco publicó un excelente Informe sobre modelos de familia y políticas familiares, con información comparada sobre lo que se estaba haciendo en Europa. Terminaba, como el informe de enero del presente año, no con diez sino con once recomendaciones, algunas de las cuales coinciden, como no podía ser de otra manera. En ese estudio, en base a Eurostat para Europa y a Prospektiker para Euskadi, se proyectaban para Europa en 2050 un 33,5% de personas de más de 70 años y para Euskadi de 40,6 %, porcentaje superior al de cualquier otro Estado (que no región, ¡cuidado!) de la Europa de entonces.

Podría traer aquí más ejemplos de estudios realizados sobre el tema en el País Vasco, lo que supone reconocer la enorme dificultad para abordar, y resolver, la cuestión de la muy baja natalidad. En las líneas que siguen, reflexiono mirando a Europa y subrayando la excepción francesa que tenemos aquí al lado.

Pero ya apuntan algunos demógrafos que la excepción francesa (el país de Europa, seguido por Irlanda y el Reino Unido, con los mayores índices de natalidad) quizá esté dejando de serlo. Con los datos de los tres últimos años, en tendencia además descendente, no habría renovación demográfica de la actual población francesa. Como no la hay desde hace años de la población europea, dada la baja tasa de natalidad. ¿Por qué?

Tres causas, por orden Hay acuerdo en decir que no hay una sola causa, ni un solo conjunto de causas que, por sí solas, explicarían esta situación. Subrayaría, para los últimos decenios (desde la generalización de la píldora anticonceptiva), y para Europa Occidental, tres órdenes de factores, dos de ámbito público y otro más de signo personal o privado, aun admitiendo que todo está interrelacionado. De mayor a menor importancia, apuntaría a las políticas de natalidad, a la situación del mercado laboral y a la evolución de las mentalidades.

Una política estatal que promueva, de verdad, la natalidad, es el primer factor explicativo. La evolución de la natalidad desde hace 40 años en Francia se correlaciona con su política de natalidad, afirman los expertos. Supone un Estado que ayude a todas las familias (aunque más a unas que a otras) con sueldos familiares consistentes y durables en el tiempo, promoción de guarderías, protección del puesto de trabajo de la madre, etc. Que, en 2012, el presidente Hollande disminuyera de forma nítida las ayudas familiares y no creara las guarderías que había prometido, explicaría en parte los descensos en las tasas de fecundidad. En Alemania, Angela Merkel, en su primer mandato, promovió una fuerte política natalista con efectos positivos, aunque ayudados por el peso de la emigración, gracias a las tasas de fecundidad en las mujeres emigrantes: 1,9 en 2015 (idéntica cifra en España).

El mercado laboral es el segundo gran factor explicativo, aunque detrás del anterior pues, por ejemplo, en Francia, la crisis de 2008 no supuso un bajón de la natalidad mientras el Estado mantuvo las ayudas familiares. Pero hay que proteger el trabajo de las madres (mientras la reproducción pase por nueves meses de gestación en el vientre de la madre) y no penalizarlo cuando decidan tener, cuidar y educar a sus hijos en los primeros años de su vida.

En fin, los estudiosos, también subrayan otro aspecto más personal, subjetivo, pues dependiente de los objetivos vitales de los padres, padre y madre, pero, obviamente, más de la madre. Las nuevas generaciones prolongan cada vez más sus estudios, retrasan cada vez más la conformación de parejas y más aún, la decisión de tener hijos, que se retrasa pasados los 30 años de la madre;y cuando los tengan quieren dedicarles tiempo, atención y cuidados. De ahí que muchos decidan el primer hijo ya con la pareja y el trabajo relativamente asentados. Además, muchos quieren experimentar la vida con sus primeros salarios, incluso bajos e inciertos, antes de tener el primer hijo.
El primer y fundamental factor está en manos de la administración. El segundo solamente en parte y, el tercero es cuestión de valores y proyectos de vida, aunque muy condicionado por los dos anteriores. Pero los tres cuentan. l
javierelzo@telefonica.net


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