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Manita de reivindicación

REacción La Real liquida de un plumazo la crisis con una goleada que llenó un Anoeta volcado en animarle y arroparle ante un Depor menor con muy mala pinta

Sábado, 3 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:03h

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Aritz, que regresó al once titular, fue de los más destacados y encima anotó el cuarto gol, que celebra en la imagen llevándose la mano al escudo.

Aritz, que regresó al once titular, fue de los más destacados y encima anotó el cuarto gol, que celebra en la imagen llevándose la mano al escudo.

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  • Aritz, que regresó al once titular, fue de los más destacados y encima anotó el cuarto gol, que celebra en la imagen llevándose la mano al escudo.

Sucedió el pasado lunes, horas antes de que estallara la tormenta. Un Xabi Prieto aparentemente tranquilo, pese a que se supone que sabría algo de lo que se estaba cociendo, enfilaba el camino de los vestuarios tras finalizar el entrenamiento en Zubieta. Se le acercó un aficionado para animarle de cara a este encuentro: “Nos los vamos a comer”, contestó, con su tono bajo que sonó más contundente que nunca. En realidad fue una expresión más soez irreproducible, pero igual de convincente. Cuando se desata una galerna del Cantábrico de una forma tan inesperada pueden suceder dos cosas: que el equipo se hunda o que se una como nunca y se juramente para salir adelante con espuma blanca en la boca. Los gallegos temían esta segunda variante, la misma que aguardaba ansiosa Anoeta.

La Real de siempre, la que está a la altura del nivel que se le presupone a esta plantilla, pasó por encima de un triste Deportivo, que pagó los platos rotos de la rabia contenida y acumulada a lo largo de estos últimos días. “Son los que son y están los que quieren estar”. No hay frase que mejor resuma lo acontecido ayer. Los que se sienten orgullosos y privilegiados por defender hasta las últimas consecuencias el escudo txuri-urdin, dicho sea de paso muy bien pagados, los que mejor en la historia de la entidad, sellaron de una vez por todas la esperada reacción que le permite tranquilizarse, alejar viejos fantasmas en forma de amenaza de descenso y rearmarse de confianza y coraje para afrontar todo lo que se avecina en este, ahora sí, de nuevo ilusionante mes.

La Real había cerrado filas tras el llamamiento a la unidad realizado entre semana como reacción a la inesperada tempestad que se había desatado. El ya jugador del Athletic no estaba teniendo un protagonismo tan importante como en anteriores temporadas, por lo que su ausencia tampoco le dificultó a Eusebio confeccionar un once reconocible y que en ningún caso pareció de emergencia o improvisado. El técnico dio entrada a Rulli y a Aritz Elustondo, algo que se podía prever después del recordatorio que realizó en su rueda de prensa del miércoles un Aperribay que nunca da puntada sin hilo. El presidente hace tiempo que es uno más en la dirección deportiva y su opinión tiene peso hasta en las alineaciones. Quizá no se esperaba que Navas, que no estuvo fino en Vila-real, fuera su pareja en detrimento de un Llorente que arrastraba algunas molestias musculares. En la medular se mantuvo Zubeldia y en la delantera fue Juanmi el escogido para acompañar a un intocable para otros dos meses Oyarzabal y el depredador Willian José.

IntensidadEl Deportivo temía que lo acontecido pudiese espolear a una Real necesitada y enrabietada. Era una jornada de reivindicaciones y no se podía fallar. Los blanquiazules arrancaron más fuertes e intensos que en mucho tiempo. Llamó la atención, porque en sus genes no se encuentran precisamente esas añoradas salidas en tromba más propias de Atocha que de estas épocas. Con ese efecto intimidatorio que provocaba que el visitante cayera en la cuenta nada más comenzar que iba a pasar 90 minutos de perros. Y no precisamente por la meteorología que ayer, por cierto, fue una vez más infernal, lo que condicionó la asistencia y también puso en valor de nuevo que el drenaje de Anoeta es el mejor de la Liga.

Un partido como este era justo lo que necesitaba el equipo para superar una crisis de resultados y una depresión que al final no ha sido tal

Mikel Oyarzabal fue el encargado de prender la mecha. En el canterano, un futbolista como la copa de un pino, completo como pocos, sí que se puede aplicar mucho más la receta de coger aire que Eusebio administró equivocadamente con Rulli. Eso sí, que el eibartarra no vuelva a descansar, porque es la estrella de este equipo. Además de que puede llegar a ser lo que él quiera. En los cuatro primeros minutos los donostiarras pudieron adelantarse en dos ocasiones. Primero con un zurdazo que se envenenó tras botar o patinar en el césped antes de marcharse rozando el palo y después en un centro de Odriozola que Illarra no supo empalmar bien con la zurda en el segundo palo. Incluso hubo otro par de aproximaciones peligrosas más de los locales que no fueron culminadas con remates en esos buenos e ilusionantes primeros diez minutos. A partir de ese momento el Deportivo capeó el temporal, fijó mejor las marcas, y se preparó para contener una ofensiva rival volcada en su banda derecha. Algo que en cierta manera le beneficiaba, ya que Schär y Luisinho son sus mejores defensas.

Con el duelo equilibrado, afloraron los nervios de las urgencias clasificatorias y a los realistas les costó mucho más generar oportunidades para marcar. Un eléctrico Oyarzabal alcanzó la línea de fondo asistido con precisión por Illarra, pero su pase de la muerte se topó con la zaga visitante. No hubo más noticias en las áreas hasta la jugada del gol. Era el minuto 32, cuando Zubeldia se hizo con un balón en el centro, metió en profundidad para el archiconocido por estos lares desmarque a la espalda de Juanmi y, con su habitual sangre fría en el área, en lugar de chutar, esta vez optó por buscar a un Willian José que marcó a puerta vacía con la zurda. Once goles ya para el brasileño, así como quien no quiere la cosa. Uno menos que en todo el campeonato pasado. Con la Real apareciendo en todo momento más, Juanmi rozó el segundo en una volea con el interior de su zurda a saque de córner que convirtió en fácil pese a la enorme dificultad que entrañaba y que salió rozando la escuadra.

dominio totalEn la reanudación el choque se fue tiñendo poco a poco de txuri-urdin. O mejor dicho, apenas hubo color. Sin aburrir con posesiones largas, previsibles y horizontales, con un fútbol mucho más vertical que de costumbre, algo que exigía la rapidez con la que se encontraba el mojado terreno de juego, los blanquiazules acabaron desarbolando el entramado defensivo gallego, que, dicho sea de paso, apunta a tragedia. Nada más empezar, Odriozola estuvo a punto de estrenar su casillero, pero su fuerte chut lo rechazó Rubén. Xabi Prieto envió al palo la primera llegada convincente en ataque de De la Bella.

El gol era cuestión de tiempo y se produjo en una falta con la que Illarramendi sorprendió a un desacertado Rubén. En la acción posterior, Rulli salvó con una fenomenal estirada la mejor opción visitante en botas de Lucas. El propio delantero silenció la grada con un centro que no encontró rematador poco después. A falta de un cuarto de hora, en una acción con doble protagonismo de Aritz, Willian asistió a Canales para que por fin viera puerta en la Liga, en la que no lo lograba desde marzo de 2015. Que se dice pronto. El propio Aritz, en un córner botado por el cántabro, al que se le nota mucho mejor físicamente sobre todo en las arrancadas, firmó el cuarto con valentía y en el 88’, Agirretxe estuvo a punto de derribar otra grada de Anoeta sin ayuda de excavadoras con una vaselina que salvó Rubén antes de que Illarra consiguiera el quinto, y segundo doblete en el mismo curso ante el Deportivo, en esas cosas incomprensibles que tiene el fútbol.

La Real se levantó como lo hacen los grandes. Sus futbolistas hicieron piña para superar la siempre desgraciada noticia de que un compañero de toda la vida decida abandonar de la noche a la mañana el club para cruzar la A-8. Una goleada así era justo lo que le había recetado el doctor entre semana para superar una crisis de resultados y una depresión que al final no ha sido tal. La Real siempre vuelve. Su éxito nunca se ha basado en los nombres, sino en el rendimiento del colectivo. Unión, valor, compromiso y un escudo. Así sí, Real.

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