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Mil veces una mentira…

Por Lázaro Echegaray - Viernes, 22 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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La mitad de las noticias que circulen por Internet en 2022 serán falsas. Lo dice la agencia de investigación Gartner, con sede en Stamford, y cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de que esto puede ser una realidad. Es más, podría suceder antes del 2022. Es el pan nuestro de cada día. A nuestras redes sociales llegan noticias que tienen un nivel de credibilidad mínimo. Sin embargo esto no debe ser así para todo el mundo pues las falsas noticias nos llegan desde personas cercanas, nada sospechosas de inventarse rumores, aunque visiblemente posicionadas en determinados postulados. Se sienten identificadas con el mensaje y no dudan en darle alas lanzándolas a amigos y conocidos. Así es el nuevo papel de la audiencia en las redes sociales, ya no solo recibimos mensajes sino que también los distribuimos. Cumplimos por tanto una doble misión. Según se decía al principio de la revolución de la comunicación digital, nuestro papel como audiencia pasaría también por la creación del mensaje y esto no era falso. Pero en realidad, muy pocos individuos generan mensajes virales. Para eso ya están las agencias profesionalizadas que tienen como clientes a aquellos que toman decisiones políticas y sociales. El común de los mortales nos contentamos con seguir la cadena de envíos. Lo del periodismo ciudadano fue simplemente una verdad a medias, una promesa que parecía más encaminada a estimular la inocencia social que a narrar la realidad que el futuro nos depararía. En ese sentido, antes que en descubridores de noticias las redes nos han convertido en opinadores, que es lo que hoy está de moda.

Así es el nuevo papel de la audiencia en las redes sociales, ya no solo recibimos mensajes sino que también los distribuimos. Cumplimos por tanto una doble misión

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, decía Goebbels. Cabe preguntarse cuántas veces se repite una mentira en un sistema interconectado del cual participa el 70% de la población española, más 19,2 millones de personas según la asociación de la publicidad, el marketing y la comunicación digital en España (IAB).

De lo que se trata ahora es de averiguar desde donde llegan estas falsas noticias porque verdaderamente todos sabemos que no han sido creadas por particulares emocionados. Si se le pregunta al Partido Popular contestarán que, si se trata del tema catalán, llegan desde Rusia (confabulación judeo-comunista-masónica) que parece que es un mantra que ya ha quedado establecido desde las últimas elecciones americanas. Pero quizás usted y yo nunca lo sepamos de verdad porque la vicepresidenta Sáenz de Santamaría opta por tratar este tema a puerta cerrada, amparándose en la Comisión de Secretos Oficiales. El ministro Zoido considera que entrar en detalles no es conveniente, por aquello del secreto de Estado. Ahora que el tema ha saltado a la palestra, lo que sí empieza a tener claro la opinión pública es que si desde un lado se manipulan las noticias, en el otro lado, se actuará de la misma forma. La ciudadanía se vuelve a encontrar inmersa en la ya famosa ceremonia de la confusión.

No obstante, convendría analizar qué consecuencias tiene esa confusión social a la que más sometidos estamos cuantos más canales de información tenemos ¿Existe conciencia de ella? Quizás eso sea lo malo, que en gran medida solo somos conscientes de la confusión del vecino pero no de la nuestra propia. Para el destinatario de los mensajes la verdad o la mentira solo existen en la medida en que encajan o no en su modo de pensar, de ver la vida, en su sistema de valores;nos encanta que nos cuenten las cosas desde nuestro punto de vista. Tendemos a considerar certero aquello que nos interesa porque también tendemos a considerar inamovible nuestra ideología. Las mentiras de las que hablaba Goebbels nunca son interpretadas como tales por las partes afines. Vivimos en la época de la posverdad que crea contenidos más relacionados con la emoción que con la realidad, donde la verdad tiene, solamente, una importancia secundaria. Los versos del poeta “¿Tu verdad? no, la verdad;y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”, son ya premisas de otras épocas.

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