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Estefanía Beltrán de Heredia | Consejera de seguridad del gobierno vasco

“Con ETA era difícil imaginar que un ertzaina saliera de su casa al trabajo de uniforme;ahora sí pasa”

Una entrevista de Humberto Unzueta. Fotografía de Pablo Viñas - Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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Estefanía Beltrán de Heredia, consejera de Seguridad del Gobierno vasco

Estefanía Beltrán de Heredia, consejera de Seguridad del Gobierno vasco (Pablo Viñas)

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  • Estefanía Beltrán de Heredia, consejera de Seguridad del Gobierno vasco

Bilbao - El Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco convocará la próxima semana 300 plazas de er-tzaina. Será el anticipo de otras tres convocatorias que tendrán lugar hasta el 2020 y que en total llevarán a las calles de Euskadi 1.700 nuevos agentes. De este modo se deja atrás el bloqueo provocado por el Gobierno español en los últimos años poniendo trabas a las convocatorias.

¿Estas convocatorias ponen fin al problema de envejecimiento de la Ertzaintza?

-No es solo un problema de envejecimiento sino también de falta de recursos. Los ertzainas se van jubilando y no podíamos afrontar esas jubilaciones, por lo que el número de agentes iba disminuyendo. Por eso son necesarias estas convocatorias para renovar las plazas y mantener los 8.000 ertzainas estipuladas.

Ahora mismo, no llegan a 8.000.

-Es cierto que llevamos un retraso por los recursos interpuestos por el Gobierno español que ha provocado una acumulación de jubilaciones, pero vamos a ir poniéndonos al día.

¿Se ajusta ese número a la realidad o se necesitan más?

-Creemos que con 8.000 ertzainas se pueden abordar los servicios que nos demanda la ciudadanía vasca y además con calidad.

¿Está satisfecha con su objetivo de lograr una Ertzaintza de proximidad a la gente de la calle?

-Estamos en la transición de un modelo a otro y vamos avanzando con proyectos que nos permiten acercarnos a la ciudadanía, sobre todo mediante charlas informativas con jóvenes en los centros escolares, así como con otros colectivos vulnerables como personas mayores o con algún tipo de discapacidad. Esto nos ha permitido que ellos nos devuelvan la visita a los centros policiales y propiciado un intercambio y un reconocimiento mutuo.

¿Se ha normalizado la imagen de la Ertzaintza tras el fin de la amenaza de ETA?

-Voy a contestar con un ejemplo concreto. Hace cinco años era difícil imaginar que un ertzaina cruzara todo su municipio vestido con el uniforme mientras se dirigía solo a su comisaría para entrar a trabajar. Esto está pasando ahora, esta misma semana. Ejemplifica esa cercanía que antes decía y evidencia que el ertzaina ya forma parte del paisaje comunitario.

El fin de ETA, pendiente todavía de su disolución, ha sido decisivo.

-Indudablemente tiene mucho que ver. La actividad de ETA y el acoso al que tenía sometido a la Ertzaintza han sido decisivos para que el modelo de Ertzaintza que se ideó hace 35 años no se haya podido desarrollar en su integridad. La Ertzaintza estaba acuartelada y los agentes también. Nuestro reto ha sido sacar a la calle a la Ertzaintza, acercarse con normalidad a los problemas y preocupaciones de cualquier ciudadano, en vez de estar esperando a que viniera a las comisarías a contarnos su problema o su inquietud.

Hasta no hace mucho la imagen de la Ertzaintza estaba muy vinculada a actuaciones contra la kale borroka, manifestaciones políticas...

-La realidad social ha cambiado afortunadamente. Hay un clima diferente. Hoy día las preocupaciones de la gente, también en materia de seguridad pública, son más normalizadas y la Ertzaintza está dando respuesta a esas necesidades.

Entre ellas la respuesta a la violencia machista. ¿Está la Ertzaintza preparada para combatir el auge de denuncias?

-Todos los agentes deben tener una formación y en eso nos estamos empeñando. Tenemos un sistema de medición de los riesgos y un protocolo de atención a víctimas de violencia de género y doméstica, tras el cual se establece el nivel de riesgo y la protección necesaria. La Ertzaintza actúa cuando se ha producido la agresión o cuando hay algún tipo de indicio y se detecta que puede haber un caso.

Cuando la policía llega tarde a un caso de estos, ¿de quién es el error? ¿De la Policía o del juez?

-Cuando hay una denuncia, la Er-tzaintza hace una primera valoración del riesgo y en función de eso establece unas medidas de protección, que pueden ir desde la entrega del teléfono Bortxa, con el que la víctima se puede poner inmediatamente en contacto con la Ertzaintza;medidas de contravigilancia;o en los casos extremos, cuando hay un riesgo muy grande, se pone incluso escolta. Todo eso incluso antes de las medidas que pueda tomar el juez o la jueza.

¿Cuántos casos tiene registrados la Ertzaintza?

-Tenemos 4.500 expedientes abiertos, que no significa denuncias ya que cada expediente puede contener más de una denuncia. A veces son expedientes que arrastran varios años y hasta que el asunto no esté cerrado no se cierra el expediente. Hay alrededor de 900 mujeres con el teléfono Bortxa que nos sirve para ponernos en contacto con la víctima.

¿Tienen los ertzainas suficiente cobertura legal para ser eficaces en estos casos de violencia machista?

-También en el aspecto legal es necesaria una evolución. Por ejemplo, es necesario una revisión de la ley de igualdad y de la ley estatal de protección a las víctimas de violencia de género.

La Ertzaintza está pensando en una aplicación para mujeres amenazadas que sustituya a los Bortxas, muy poco discretos. ¿Son eficaces los actuales sistemas de control telemático de los agresores? 

-Existe una confusión injustificada entre los sistemas telemáticos de protección que asignan los jueces y las juezas a los agresores y a las víctimas, las pulseras, para vigilar que no se quebranten las órdenes de alejamiento, y los teléfonos Bortxa. Con relación a las pulseras telemáticas que gestiona el Ministerio de Justicia, todo el mundo parece estar de acuerdo en la necesidad de mejorar el sistema. Los teléfonos Bortxa cumplen bien con su función y así seguirán haciéndolo porque estamos renovándolos. A futuro será una App integrada en el smartphone personal de la víctima y ofrecerá la misma seguridad y una mayor discreción.

¿Tiene indicios la Ertzaintza para poder hablar de la existencia de una mafia detrás de la llegada masiva a Euskadi de menores inmigrantes?

-Hay una constatación, que la llegada de jóvenes con una misma procedencia, Marruecos, se ha incrementado mucho los últimos meses. Todo hace indicar que, más allá de la motivación que les trae aquí, hay alguna organización que les facilita el tránsito. Las consecuencias de este fenómeno migratorio son perceptibles también desde el punto de vista de la seguridad pública. La Ertzaintza está investigando lo que ocurre.

¿Cómo actúa la Ertzaintza?

-A distintos niveles, desde el asistencial -no olvidemos de que en su mayoría son menores-, hasta el de orden público, si la situación así lo requiere. De hecho el jueves tuvimos que detener a un joven de la residencia de Zornotza, a solicitud de la Fiscalía de menores, dentro del procedimiento abierto para aclarar el incendio de la residencia de menores no tutelados.

¿Euskadi es un oasis en cuanto a terrorismo yihadista?

-Nunca podemos estar tranquilos del todo, no existe la seguridad completa. Es importante la prevención, evitar que se cometa el delito.

¿Hay focos de peligro concretos?

-No hay un punto concreto o un foco u objetivo en Euskadi. Por lo que sabemos hasta ahora buscan zonas de gran confluencia de personas como estaciones de autobuses, centros de mucha aglomeración de personas... Son las zonas en las que prestamos una mayor vigilancia y atención. Para esto pusimos en marcha las patrullas de prevención y respuesta inmediata.

Algunos ertzainas piden llevar su pistola fuera de servicio.

-Son dos cosas diferentes que no conviene mezclar, aunque hay ertzainas que pueden mezclarlas. Cuando alguien lleva un arma fuera de servicio está sujeto al reglamento de armas y por tanto tiene más inconvenientes que ventajas para cualquier ertzaina. Si se autoriza a todos los er-tzainas a llevar el arma, habría que pensar que es obligatorio y llevar el arma las 24 horas del día condiciona mucho la vida del ertzaina fuera de servicio.

¿Por ejemplo?

-No podría entrar en un bar a tomar un café. Existe la creencia de que incluso portando un arma el ertzaina puede hacer vida normalizada y no es así. Por eso creemos que solo en aquellas circunstancias en las que sea estrictamente necesario se podrá portar el arma fuera de servicio.

¿Son fructíferas las visitas que la Ertzaintza hace a las mezquitas para intercambiar información?

-La acogida ha sido muy buena y la prueba es que estamos entrando en las mezquitas. Nos reciben bien, no hay suspicacias a pesar de que es un colectivo de 50.000 personas en Euskadi y que por principio tiene un grado de desconfianza alto hacia la policía. Las suspicacias iniciales se han ido salvando a medida que nos hemos ido conociendo.

las claves

Bilbao- El Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco convocará la próxima semana 300 plazas de er-tzaina. Será el anticipo de otras tres convocatorias que tendrán lugar hasta el 2020 y que en total llevarán a las calles de Euskadi 1.700 nuevos agentes. De este modo se deja atrás el bloqueo provocado por el Gobierno español en los últimos años poniendo trabas a las convocatorias.

¿Estas convocatorias ponen fin al problema de envejecimiento de la Ertzaintza?

-No es solo un problema de envejecimiento sino también de falta de recursos. Los ertzainas se van jubilando y no podíamos afrontar esas jubilaciones, por lo que el número de agentes iba disminuyendo. Por eso son necesarias estas convocatorias para renovar las plazas y mantener los 8.000 ertzainas estipuladas.

Ahora mismo, no llegan a 8.000.

-Es cierto que llevamos un retraso por los recursos interpuestos por el Gobierno español que ha provocado una acumulación de jubilaciones, pero vamos a ir poniéndonos al día.

¿Se ajusta ese número a la realidad o se necesitan más?

-Creemos que con 8.000 ertzainas se pueden abordar los servicios que nos demanda la ciudadanía vasca y además con calidad.

¿Está satisfecha con su objetivo de lograr una Ertzaintza de proximidad a la gente de la calle?

-Estamos en la transición de un modelo a otro y vamos avanzando con proyectos que nos permiten acercarnos a la ciudadanía, sobre todo mediante charlas informativas con jóvenes en los centros escolares, así como con otros colectivos vulnerables como personas mayores o con algún tipo de discapacidad. Esto nos ha permitido que ellos nos devuelvan la visita a los centros policiales y propiciado un intercambio y un reconocimiento mutuo.

¿Se ha normalizado la imagen de la Ertzaintza tras el fin de la amenaza de ETA?

-Voy a contestar con un ejemplo concreto. Hace cinco años era difícil imaginar que un ertzaina cruzara todo su municipio vestido con el uniforme mientras se dirigía solo a su comisaría para entrar a trabajar. Esto está pasando ahora, esta misma semana. Ejemplifica esa cercanía que antes decía y evidencia que el ertzaina ya forma parte del paisaje comunitario.

El fin de ETA, pendiente todavía de su disolución, ha sido decisivo.

-Indudablemente tiene mucho que ver. La actividad de ETA y el acoso al que tenía sometido a la Ertzaintza han sido decisivos para que el modelo de Ertzaintza que se ideó hace 35 años no se haya podido desarrollar en su integridad. La Ertzaintza estaba acuartelada y los agentes también. Nuestro reto ha sido sacar a la calle a la Ertzaintza, acercarse con normalidad a los problemas y preocupaciones de cualquier ciudadano, en vez de estar esperando a que viniera a las comisarías a contarnos su problema o su inquietud.

Hasta no hace mucho la imagen de la Ertzaintza estaba muy vinculada a actuaciones contra la kale borroka, manifestaciones políticas…

-La realidad social ha cambiado afortunadamente. Hay un clima diferente. Hoy día las preocupaciones de la gente, también en materia de seguridad pública, son más normalizadas y la Ertzaintza está dando respuesta a esas necesidades.

Entre ellas la respuesta a la violencia machista. ¿Está la Ertzaintza preparada para combatir el auge de denuncias?

-Todos los agentes deben tener una formación y en eso nos estamos empeñando. Tenemos un sistema de medición de los riesgos y un protocolo de atención a víctimas de violencia de género y doméstica, tras el cual se establece el nivel de riesgo y la protección necesaria. La Ertzaintza actúa cuando se ha producido la agresión o cuando hay algún tipo de indicio y se detecta que puede haber un caso.

Cuando la policía llega tarde a un caso de estos, ¿de quién es el error? ¿De la Policía o del juez?

-Cuando hay una denuncia, la Er-tzaintza hace una primera valoración del riesgo y en función de eso establece unas medidas de protección, que pueden ir desde la entrega del teléfono Bortxa, con el que la víctima se puede poner inmediatamente en contacto con la Ertzaintza;medidas de contravigilancia;o en los casos extremos, cuando hay un riesgo muy grande, se pone incluso escolta. Todo eso incluso antes de las medidas que pueda tomar el juez o la jueza.

¿Cuántos casos tiene registrados la Ertzaintza?

-Tenemos 4.500 expedientes abiertos, que no significa denuncias ya que cada expediente puede contener más de una denuncia. A veces son expedientes que arrastran varios años y hasta que el asunto no esté cerrado no se cierra el expediente. Hay alrededor de 900 mujeres con el teléfono Bortxa que nos sirve para ponernos en contacto con la víctima.

¿Tienen los ertzainas suficiente cobertura legal para ser eficaces en estos casos de violencia machista?

-También en el aspecto legal es necesaria una evolución. Por ejemplo, es necesario una revisión de la ley de igualdad y de la ley estatal de protección a las víctimas de violencia de género.

La Ertzaintza está pensando en una aplicación para mujeres amenazadas que sustituya a los Bortxas, muy poco discretos. ¿Son eficaces los actuales sistemas de control telemático de los agresores?

-Existe una confusión injustificada entre los sistemas telemáticos de protección que asignan los jueces y las juezas a los agresores y a las víctimas, las pulseras, para vigilar que no se quebranten las órdenes de alejamiento, y los teléfonos Bortxa. Con relación a las pulseras telemáticas que gestiona el Ministerio de Justicia, todo el mundo parece estar de acuerdo en la necesidad de mejorar el sistema. Los teléfonos Bortxa cumplen bien con su función y así seguirán haciéndolo porque estamos renovándolos. A futuro será una App integrada en el smartphone personal de la víctima y ofrecerá la misma seguridad y una mayor discreción.

¿Tiene indicios la Ertzaintza para poder hablar de la existencia de una mafia detrás de la llegada masiva a Euskadi de menores inmigrantes?

-Hay una constatación, que la llegada de jóvenes con una misma procedencia, Marruecos, se ha incrementado mucho los últimos meses. Todo hace indicar que, más allá de la motivación que les trae aquí, hay alguna organización que les facilita el tránsito. Las consecuencias de este fenómeno migratorio son perceptibles también desde el punto de vista de la seguridad pública. La Ertzaintza está investigando lo que ocurre.

¿Cómo actúa la Ertzaintza?

-A distintos niveles, desde el asistencial -no olvidemos de que en su mayoría son menores-, hasta el de orden público, si la situación así lo requiere. De hecho el jueves tuvimos que detener a un joven de la residencia de Zornotza, a solicitud de la Fiscalía de menores, dentro del procedimiento abierto para aclarar el incendio de la residencia de menores no tutelados.

¿Euskadi es un oasis en cuanto a terrorismo yihadista?

-Nunca podemos estar tranquilos del todo, no existe la seguridad completa. Es importante la prevención, evitar que se cometa el delito.

¿Hay focos de peligro concretos?

-No hay un punto concreto o un foco u objetivo en Euskadi. Por lo que sabemos hasta ahora buscan zonas de gran confluencia de personas como estaciones de autobuses, centros de mucha aglomeración de personas… Son las zonas en las que prestamos una mayor vigilancia y atención. Para esto pusimos en marcha las patrullas de prevención y respuesta inmediata.

Algunos ertzainas piden llevar su pistola fuera de servicio.

-Son dos cosas diferentes que no conviene mezclar, aunque hay ertzainas que pueden mezclarlas. Cuando alguien lleva un arma fuera de servicio está sujeto al reglamento de armas y por tanto tiene más inconvenientes que ventajas para cualquier ertzaina. Si se autoriza a todos los er-tzainas a llevar el arma, habría que pensar que es obligatorio y llevar el arma las 24 horas del día condiciona mucho la vida del ertzaina fuera de servicio.

¿Por ejemplo?

-No podría entrar en un bar a tomar un café. Existe la creencia de que incluso portando un arma el ertzaina puede hacer vida normalizada y no es así. Por eso creemos que solo en aquellas circunstancias en las que sea estrictamente necesario se podrá portar el arma fuera de servicio.

¿Son fructíferas las visitas que la Ertzaintza hace a las mezquitas para intercambiar información?

-La acogida ha sido muy buena y la prueba es que estamos entrando en las mezquitas. Nos reciben bien, no hay suspicacias a pesar de que es un colectivo de 50.000 personas en Euskadi y que por principio tiene un grado de desconfianza alto hacia la policía. Las suspicacias iniciales se han ido salvando a medida que nos hemos ido conociendo.

“Con ETA, la Ertzaintza vivía acuartelada. El reto ha sido sacarla a la calle;acercarse a la gente en vez de esperar a que viniera a la comisaría”

“Son necesarias estas convocatorias para renovar la Ertzaintza y mantener los 8.000 ertzainas para abordar el servicio que pide la gente”

“Nos han recibido bien en las mezquitas. Las suspicacias se han salvado según nos hemos ido conociendo”

“No hay focos de peligro concreto de terrorismo yihadista en Euskadi. Hay que trabajar la prevención”

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