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Un atleta inspirador

Scott Jurek relata en ‘Correr, comer, vivir’ sus éxitos como ultracorredor, basados en una fortaleza mental fuera de lo común y en su alimentación vegana

Un reportaje de Néstor Rodríguez - Jueves, 30 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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Scott Jurek, con el tobillo derecho vendado durante la Hardrock de 2007.

Scott Jurek, con el tobillo derecho vendado durante la Hardrock de 2007.

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  • Scott Jurek, con el tobillo derecho vendado durante la Hardrock de 2007.

scott Jurek (26 de octubre de 1973, Duluth, Minnesota) fue uno de los grandes ultracorredores mundiales desde finales de los 90 hasta 2010. Ganador en varias ocasiones de carreras tan duras y míticas como la Western States, la Hardrock 100, la Badwater o la Spartathon, entre otras, su nombre es una referencia para cualquier corredor de larga distancia, y en el interesantísimo libro Correr, comer, vivir habla de su experiencia como corredor: sus inicios, sus dudas, sus éxitos, sus referentes. Y también habla de su alimentación vegana -algo muy poco habitual en aquella época entre los deportistas- y de su vida en general. Una historia realmente inspiradora y muy bien plasmada en el libro.

Jurek tuvo una infancia difícil. Su madre tenía esclerosis múltiple y su padre trabajaba muchas horas, así que debía hacer casi todas las labores en casa, además de cuidar de sus hermanos pequeños. Todo eso mientras estudiaba. Su vía de escape era salir a andar, y a veces a pescar, al bosque y al lago cercanos a su casa. “Para cuando comencé a correr, yo ya sabía lo que era sufrir”, cuenta Jurek. Una experiencia común entre los grandes ultracorredores, y comentada en el libro Nacidos para correr, que habla de la especial capacidad de sacrificio de estos grandes atletas, muchos de los cuales han tenido en la vida obstáculos personales que han salvado con mucho tesón y sacrificio.

En el caso de Jurek, esto se une a un cuerpo y unas condiciones físicas que no parecían propicias para el deporte de elite. De hecho, el título en la versión original del libro, en inglés, es Correr, comer, vivir. Mi improbable viaje hacia la excelencia en las ultramaratones. Cuando era un niño, ni siquiera le gustaba el deporte. Ya en el instituto se apunta al equipo de esquí de fondo, más como una forma de evadirse de su día a día que por otra cosa. Allí conoce a Dusty Olson, un chaval rebelde pero con grandes condiciones para el deporte. Pese a ser muy distintos -Jurek era un chico muy responsable, que por entonces trabajaba, estudiaba y cuidaba de su familia-, hacen una gran amistad y comienzan a hacer esquí de fondo de juntos. También a correr. En su primera carrera larga, la Minnesota Voyageur de 1994, Jurek acaba segundo, por delante incluso de Dusty.

Este resultado le anima a entrenar más y el año siguiente vuelve a hacer segundo en la Voyageur. De forma paralela a su entrenamiento, comienza a mejorar su alimentación. En 1996 gana la Voyageur “comiendo más vegetales y menos carne”, según cuenta en el libro. “Cada vez corría distancias más largas y más rápido. Los periodos de dolor y fatiga eran más cortos y menos intensos. Estaba convencido de que se debía a todos los vegetales que estaba comiendo y a la carne que estaba dejando de comer”, cuenta. En 1998 acaba segundo en su debut en una carrera de 160 kilómetros, la Angeles Crest.

Borra de su alimentación la carne y para 1999, año en el que se pone el reto de la Western States, una de las grandes carreras del panorama ultra, es totalmente vegano, dedicando mucho tiempo a la cocina y probando recetas con vegetales y cereales -cada capítulo del libro acaba con alguna receta suya-, obsesionado con comer las proteínas que ha eliminado con la carne. Gana la Western States en 1999 y al año siguiente repite, haciéndose ya un nombre en el mundo del ultramaratón. Jurek aprovecha esos triunfos para hablar en los capítulos centrales del libro de su preparación. Sus sesiones son exigentes, superando la tentación de descansar. “Una mañana no quería salir de la cama. Nadie me estaba forzando a correr, nadie se iba a morir si me relajaba. Era una terrible melodía, que ya había seducido a tantos para que abandonaran las carreras”, cuenta. Pero él no cede. Y trata de mejorar su actitud. Disfrutar cuando corre, dejando atrás ese exceso de responsabilidad que tenía sobre sus hombros cuando era más joven.

En 2001 gana su tercera Western. Su cuarto triunfo en esa carrera -del total de siete que ostenta-, al año siguiente, llega con épica incluida, ya que gana tras torcerse un tobillo a 90 kilómetros del final. Su capacidad de sufrimiento hace que Jurek sea ya un mito. Todo esto refuerza su convicción de que come mejor que sus rivales. “Apenas tenía inflamación en las articulaciones y las veces que me hacía esguinces o así, me dejaba de doler mucho antes”. Está convencido de que es por la alimentación.

En 2005 necesita nuevos retos y afronta la Badwater, considerada como una de las carreras más duras del mundo: 217 kilómetros por el Valle de la Muerte, uno de los lugares del mundo donde más calor hace. Es una de sus carreras más recordadas porque a mitad de trayecto vomita y está prácticamente inconsciente en el suelo, más cerca del hospital que de seguir corriendo. Sin embargo, milagrosamente no solo se recupera, sino que gana batiendo el récord de la prueba con 26 horas y 36 minutos.

Otra de sus actuaciones recordadas tiene lugar en la Hardrock de 2007. Dos días antes de la competición se tuerce el tobillo, lo que hace que su participación sea casi imposible. Pero corre y además gana una de las carreras más exigentes del mundo, con 160 kilómetros de longitud y alrededor de 10.000 metros de desnivel positivo. Una barbaridad. Su dominio en Estados Unidos es total, así que se plantea otras carreras en otros continentes. Pone su objetivo en la Sparthatlon, una prueba de 245 kilómetros que se desarrolla en Grecia. Gana aunque se encuentra un rival inesperado: un atleta polaco llamado Piotr Korylo, que había ido corriendo desde su país hasta Grecia, parando en Roma.

Es la primera de sus tres victorias allí: de 2006 a 2008. Ese año se separa de su mujer y reconoce sentirse “perdido”. Piensa si está “quemado”, pero recupera la ilusión y deja su sello en 2010, corriendo 266 kilómetros en 24 horas, récord de su país. Es el cierre de la biografía de este corredor. “Todo el mundo sigue un camino diferente. Comer bien y correr libre me ayudó a encontrar el mío”, dice.

ficha libro

CORRER, COMER, VIVIR


Autores: Scott Jurek y Steve Friedman

Editorial Temas de Hoy

334 páginas

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