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Promesas que se convierten en campeones

Medallistas Los tres piragüistas guipuzcoanos que se colgaron un metal en el Mundial de Bratislava cuentan cómo es su día a día y las dificultades que afrontan para entrenar

Iñaki Egibar Javi Colmenero - Lunes, 7 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Miren Lazkano, Eneko Auzmendi y Klara Olazabal muestran las medallas conquistadas en el Mundial de Bratislava.

Miren Lazkano, Eneko Auzmendi y Klara Olazabal muestran las medallas conquistadas en el Mundial de Bratislava. (n.g)

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Miren Lazkano, Eneko Auzmendi y Klara Olazabal muestran las medallas conquistadas en el Mundial de Bratislava.

“En el día a día funcionamos como un centro de alto rendimiento” “Dicen que el proyecto del canal está adelantado, pero hasta ver las excavadoras no lo creeré” “Mi primera experiencia fue en un cursillo. Al empezar no te imaginas ganar una medalla”

Donostia- Tres guipuzcoanos consiguieron colgarse medallas de plata en el Campeonato del Mundo de piragüismo junior y sub’23 de Bratislava. Se trata de Miren Lazkano (Donostia, 1997), Klara Olazabal (Irun, 1998) y Eneko Auzmendi (Donostia, 1999), tres estudiantes que relataron a NOTICIAS DE GIPUZKOA cómo con dificultad compaginan estudios universitarios (Auzmendi comenzará en septiembre) y la competición de alto rendimiento, lo que resultaría “más sencillo y cómodo” si se llevara a cabo el proyecto para que entre Zubieta y Usurbil se construya un canal en el que podrían entrenar.

“Voy a entrenar por las tardes. Cojo la furgoneta en el Atlético o en La Perla, cargamos las piraguas y todo el material y nos vamos, normalmente a Irun, a San Miguel, que está en el Bidasoa. Vamos ahí, entrenamos y volvemos”. De este modo narra Eneko Auzmendi la rutina que todos los días que está en Donostia tiene que hacer para poder entrenar. “Entrenamos todos los días de la semana y los fines de semana intentamos ir a Francia o adonde podamos”, añade el joven donostiarra, puesto que ni en Gipuzkoa, ni en Euskadi existe un canal, donde entrenan en condiciones similares a las que compiten. “Aquí no hay muchos sitios para entrenar. San Miguel es prácticamente agua lisa, cuando hay riadón sí que está bien, pero si no es plano”, explica quien consiguió adjudicarse una medalla de plata en Bratislava en la modalidad K-1 en categoría junior.

Las otras dos jóvenes palistas, Miren Lazkano y Klara Olazabal, estudian Educación Infantil y Administración y Dirección de Empresas, respectivamente. El estar en la universidad les permite contar con mayor flexibilidad horaria que a su compañero. Lazkano indica que “nosotras estos años hemos entrenado más por las mañanas porque en la universidad digamos que tenemos más tiempo libre, pero intentamos buscar huecos por la mañana y por la tarde para compaginarlo con los estudios. Está difícil porque para ir de aquí a Irun por ejemplo tenemos que quedar a las 15.30 horas. En invierno es más duro que ahora porque se pasa frío y son muchas horas”.

La rutina de la que los piragüistas hablan es la que llevan a cabo cuando entrenan en Irun, pero cuando tienen que viajar a Pau (Francia) para ejercitarse en el canal más cercano la situación se vuelve más compleja. “Pasamos más tiempo viajando que entrenando”, dice Auzmendi, a lo que Lazkano añade que “lo que es entrenar no son tantas horas. Los sábados y domingos nos vamos a las 8.00, entrenamos todo el día y volvemos”. Los medallistas comentan que para entrenar en la ciudad francesa viajan cuatro horas, dos de ida y dos de vuelta, que sumado al tiempo de entrenamiento y lo que necesitan para prepararse en los vestuarios invierten en total alrededor de seis horas para pasar una sola en el agua. Olazabal comenta que no es algo que solo realicen los fines de semana, “entre semana también lo solemos hacer. Vuelves de la universidad, quedamos aquí a las 14.00 horas y volvemos a casa más tarde de las 21.00”.

La pregunta es evidente: ¿de dónde sacan estos jóvenes tiempo para sacar adelante los estudios con esta rutina de entrenamiento tan exigente? “En la furgoneta vamos metiendo horas”, dice Olazabal, a lo que Lazkano añade que la única manera es “comer en la furgoneta mientras estudias o haces deberes”. Por lo que la disciplina es parte fundamental del último éxito que los tres consiguieron el pasado 23 de julio, el más destacado para todos ellos en lo que va de temporada, pero no en su, de momento, breve trayectoria deportiva. Sobre los éxitos cosechados en cursos anteriores Lazkano destaca que “el año pasado quedé segunda en una Copa del Mundo y el anterior (2015), subcampeona de Europa en junior”.

Altas expectativasA pesar de haber conseguido colgarse medallas de plata en este curso aspiran a más y ya tienen nuevos objetivos fijados en el horizonte. “El objetivo principal era entrar en la final en el Campeonato del Mundo. No conseguí hacer eso así que ahora me he puesto como objetivo conseguir entrar en el Campeonato de Europa en la repesca y luego ir a por todas”, indica Auzmendi sobre sus próximas aspiraciones. Lazkano comenta que tanto Olazabal como ella (puesto que forman equipo) tiene el mismo objetivo: “El Mundial fue un poco caótico, el circuito no era muy fácil y hemos tenido problemillas. En el Campeonato de España buscaremos clasificarnos para el Campeonato de Europa sub’23”. Por su parte Olazabal añade lo siguiente: “He conseguido la clasificación para el Mundial senior, por lo que poco a poco iré preparando eso”.

Lazkano destaca la dificultad del canal del Campeonato Mundial de Bratislava: “El canal de por sí ya es exigente. No es a lo que estamos acostumbrados. Tiene saltos y rulos bastante grandes. A parte de eso, el circuito que pusieron era muy exigente, no podías perder el control en ningún momento”. Su compañera Olazabal explica que en la parte final del canal había un salto grande al que llaman la catarata del Niágara, lo que habla por sí solo sobre la dificultad técnica que la bajada planteaba y para el que los tres guipuzcoanos no se pudieron preparar debido a que no cuentan con ningún canal similar donde entrenar, pero a pesar de ello fueron capaces de volver con tres metales de la capital eslovaca.

Asimismo, estas no son sus primera medallas. Auzmendi ya consiguió hace dos temporadas en Brasil la misma que este año ha logrado reeditar, más el que ganó el pasado año por colarse en el podio del europeo. “Las medallas que he sacado han sido en equipos con Pau Etxaniz y Miquel Travé”, explica el donostiarra. Por su parte, Lazkano comenta que “nosotras tenemos una cuantas medallas en patrullas, se nos da bastante bien, hacemos buen equipo”.

cantera guipuzcoanaSin que en Gipuzkoa ni en sus alrededores exista un canal donde los piragüistas puedan entrenar y sin que los ríos del territorio tengan caudal y fuerza suficiente como para ser aptos para sus entrenamientos, es sorprendente que los guipuzcoanos consigan éxitos en este deporte, pero no es fruto de la casualidad. Miren Lazkano hace algunas consideraciones sobre cuáles cree que son las principales causas para que Gipuzkoa destaque en esta modalidad: “Creo que es por las ganas que tenemos aquí, la ilusión. A veces decimos que es muy duro, pero al final te acostumbras. Los catalanes (la principal cantera a nivel estatal) o los que viven en la Seu D’Urgell, están súper bien en cuanto a infraestructuras. Allí tienen instalaciones de gimnasio, aguas bravas, aguas paradas... Están acostumbrados a eso y cuando vienen aquí se les hace muy duro. Pero nosotros estamos acostumbrados. Es muy duro porque estamos todo el tiempo en la carretera viajando para ir de un sitio a otro. Para nosotros es lo habitual, pero en realidad no lo es”. Auzmendi interrumpe para añadir que “cuando vamos a Pau, que nos gusta el agua viva, es como que lo disfrutamos más. Ellos lo tienen todo ahí todos los días y nosotros lo apreciamos mucho más porque no podemos entrenar tanto como nos gustaría”.

Por su parte, Olazabal comenta que “en el día a día funcionamos como un centro de alto rendimiento, solo que nuestro punto base es la furgoneta”, para recalcar que el trabajo y la preparación que los piragüistas guipuzcoanos llevan a cabo no se queda lejos del que otros deportistas realizan en centros de alto rendimiento, por ejemplo en la Seu D’Urgell (Lleida).

De un cursillo a medallistasLa afición a este deporte minoritario le viene a Olazabal de familia: “Lo mío es tradición familiar. Mi padre era piragüista, luego mi hermano y al final, yo. Desde muy pequeña he ido a dar paseos en piragua, incluso me llevaban con el biberón. También he pasado por la fase de cursillos en el club Santiagotarrak en el Bidasoa, pero ya venía con antecedentes”.

Los otros dos medallistas en el Mundial de Bratislava se aficionaron al piragüismo porque hicieron “un cursillo de verano en La Concha y a los que veían que tenían facultades para remar les animaban a continuar durante un año”, explica Auzmendi, que añade que “cuando empiezas ni te imaginas que un día ganarás medallas en un Mundial”.


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