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¿Y los municipios del entorno de Garoña?

Confían en las posibilidades que ofrece la zona para el turismo, los cultivos y el emprendizaje sostenible

Un reportaje de Pedro Sedano - Viernes, 4 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Al fondo, se distingue el perfil característico de la planta nuclear de Santa María de Garoña.

Al fondo, se distingue el perfil característico de la planta nuclear de Santa María de Garoña.

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Al fondo, se distingue el perfil característico de la planta nuclear de Santa María de Garoña.Punto de encuentro en el Valle de Tobalina, del plan de emergencia.

Los catorce municipios burgaleses más próximos al área de influencia de la central nuclear de Santa María de Garoña se preparan para diseñar su propio futuro desde la desconfianza en planes externos, como los anunciados hace unos años y que no han supuesto una alternativa a la actividad de la planta cuyo cierre es ya inevitable. Tampoco el funcionamiento de esta central ha sido la panacea. De hecho, los alcaldes coinciden en que ha podido contribuir “algo” a frenar la despoblación pero la realidad es que los municipios más próximos tenían 3.600 habitantes cuando la planta comenzó a funcionar y ahora solo están censadas 1.000 personas.

Algunos vecinos del entorno trabajan en las instalaciones;la mayoría lo hacen a través de subcontratas y otros habitantes se beneficiaban del aumento de la población flotante (aquellas personas que sin estar inscritas en el padrón residen temporal o permanentemente en una zona) que generaba la planta mediante la prestación de servicios. Y cierto es que las administraciones locales también han cobrado impuestos a la empresa, de la que tradicionalmente han recibido ayudas para la celebración de festejos y actos culturales, aunque estos apoyos se habían reducido hasta casi desaparecer en la última década.

Por eso, la alcaldesa de Trespaderne, Ana Isabel López, prefiere ver el cierre de Garoña como “una oportunidad” para el entorno. Lo que ha provocado la construcción de esta planta atómica en la zona es, en su opinión, “una bonanza fantasma” que ahora se traducirá en que los más de 200 trabajadores directos se irán a otras plantas y los también cerca de 200 empleados de las contratas “serán los que sufran más la situación”;aunque la mayoría de esas empresas ya habían ido reduciendo plantillas desde que la central nuclear paró su actividad en diciembre de 2012.

La idea que persiguen los alcaldes de la zona es que “cuando se cierra una puerta se abre una ventana”. Confían en las posibilidades y recursos que ofrece la zona para el turismo y la explotación hortofrutícola, por ejemplo. Es lo que dice el alcalde de Oña, Arturo Pérez, que recuerda que la central se puso en el Valle de Tobalina por el gran caudal del Ebro a su paso por la zona, lo que ahora se puede aprovechar para cultivos que no supondrán un perjuicio para el desarrollo turístico. En su opinión, lo que no sería deseable es una “apuesta por grandes polígonos industriales, aunque sí contar con viveros de empresa y naves nido” para emprendedores de negocios más respetuosos con el entorno. Un ejemplo es lo que ya ha ocurrido en Poza de la Sal, próximo a la central de Garoña pero fuera del radio de diez kilómetros que, según su alcalde, tiene casi los mismos perjuicios que los pueblos más cercanos “pero sin ningún beneficio”. Poza de la Sal ha apostado por las energías renovables -como demuestra su gran parque eólico- y por el turismo, con un triángulo de promoción turística del que también forman parte Oña y Frías, dos localidades más cercanas a la planta.

Los alcaldes del entorno más próximo a la central nuclear, en un radio de diez kilómetros, se reunieron ayer en el municipio del Valle de Tobalina -donde está afincada la central- para avanzar en el diseño de soluciones alternativas, aunque ya trabajan en un plan propio que expondrán a las administraciones en busca de ayuda. “Lo que no sirve para nada es que se vuelva a elaborar un plan desde fuera con propuestas que no son aplicables en esta zona”, subraya la alcaldesa del Valle de Tobalina, Raquel González.

“Actuar de Inmediato”Desde la Asociación de Amigos de Frías -otra de esas localidades del entorno más próximo a Garoña- José Antonio Martínez lamenta que se hayan perdido años en el diseño de alternativas a la central nuclear pese a que “ya se sabía que el cierre era inevitable y que solo era cuestión de saber cuándo”. Estima que lo importante es “actuar de inmediato” porque si la zona se queda abandonada durante un periodo de uno o dos años “quedará abandonada para siempre y se convertirá en un desierto”.

Queda por saber cuál será el futuro de los empleados de la central que estos días acuden a su puesto de trabajo “casi con total normalidad”. Una rutina solo rota por asambleas en las que sus representantes sindicales les aseguran que a partir de ya comienzan a trabajar para garantizar su futuro.

Desde el comité de empresa dan por sentado que este pasará por seguir con el plan de jubilaciones que comenzó al parar la central en 2012, los traslados de trabajadores a otras nucleares o los trabajos de desmantelamiento de las instalaciones.


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