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Josetxo Marín cuelga la cámara

después de toda una vida dedicada a la fotografía, el conocido ordiziarra ha decidido jubilarse y cerrar su tienda

Reportaje y fotografía de M. Aranburu - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El conocidísimo fotógrafo Josetxo Marín posa delante de la que fue su tienda.

El conocidísimo fotógrafo Josetxo Marín posa delante de la que fue su tienda.

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El conocidísimo fotógrafo Josetxo Marín posa delante de la que fue su tienda.

Un fotógrafo siempre quiere conseguir el mejor encuadre para que aquellos que salgan en él puedan recordar para siempre aquel momento. Y nadie mejor que Josetxo Marin, el mítico fotógrafo de Ordizia. Después de toda una vida dedicada a la fotografía, se jubila y echa el cierre de su tienda situada en la calle mayor de Ordizia y a partir de ahora disfrutará de otra manera de la vida.

Tomar la decisión de jubilarse no ha sido fácil para Marin. “Nunca es fácil”, cuenta. Y es que casi estaba destinado a llevar una cámara consigo: “mi padre y mi tío eran fotógrafos y un primo de mi aita también por lo que crecí entre cámaras”. Su padre abrió su primera tienda en el año 1948 junto a su esposa Juaquina en la calle Urdaneta y estaba situada en el primer piso. Antes vivieron en Donostia, donde el tío de Josetxo Marin tenía una tienda en la calle Garibay y después decidieron instalarse en Ordizia, donde todavía la fotografía no era muy conocida.

comienzo familiarEn aquella época, la confianza que había entre los vecinos y visitantes, en general en todas las localidades pequeñas, era muy grande: “me acuerdo de Lazkao-Txiki. Solía venir siempre y se quedaba a charlar con mi padre durante un buen rato”, cuenta. En ese estudio comenzó a conocer los entresijos del oficio hasta el fallecimiento de su padre, en el año 1980. En ese año decidieron cambiar de ubicación y se movieron hasta el local situado en la Calle Mayor, donde era mejor “estar a pie de calle para las ventas”, aunque el sitio ahora tiene sus persianas bajadas. Fue en aquel entonces cuando su mujer y compañera de vida, Gloria, se sumó al negocio. “Ella se ha dedicado más al trabajo en la tienda”, y recalca que aunque haya estado toda la vida junto a ella nunca han tenido problemas y que no entiende su vida de otro modo.

Echando la vista atrás, Marin detalla cual fue su primer reportaje fotográfico: “fue la boda del cocinero José Luis Castillo. Estaba nervioso, pero una vez comenzado ya todo fue sobre ruedas”. Desde entonces generaciones de familias han pasado por delante de su lente, desde abuelos, padres e hijos. Aunque también se muestra algo nostálgico porque hoy en día esos trabajos ya han pasado casi a la historia: “antes se hacían álbumes de familia, se vendían muchísimos marcos y se revelaban un montón de fotografías... pero ha sido algo que ha ido decayendo poco a poco y hoy en día casi nadie acude a ello”.

Marin rememora que durante toda su vida habrá sacado millones de fotografías: “ahora que lo pienso ves que es muchísimo, pero hemos tenido años con mucho trabajo y mucha demanda”. Y es que la fotografía tiene la función de crear recuerdos y que te teletransporte de alguna manera a ese instante. Todos los trabajos que ha realizado han sido especiales para él y cuenta que siempre los hacía “con muchísimo cariño”. Pero como en todo, hay trabajos que siempre dejan más huella y uno de los que guarda en su memoria es el recuerdo de un reportaje fotográfico que hizo cuando la empresa Aristrain cumplió 25 años: “había más de 1.000 personas y el resultado del trabajo fue muy bueno. Es un recuerdo que todavía lo tengo intacto”.

grandes cambiosEl sector de la fotografía ha sido uno de los que más cambios ha sufrido en los últimos años. Atrás quedaron los estudios de revelado que todavía recuerda con mucho cariño Marin: “comencé con una cámara analógica y revelábamos las fotografías en el estudio que teníamos en la calle Urdaneta. Me encantaba hacer ese trabajo, era muy gratificante;pero tampoco existían los horarios porque trabajábamos sin descanso”. Él mismo reconoce que nadie se esperaba el cambio tan brutal que ha sufrido el sector y que tampoco pensaron nunca que el analógico “desaparecería para siempre”. “No nos quedó más que acostumbrarnos a la nueva era digital”, subraya. De esa manera, le tocó comenzar desde cero y aprender a utilizar un ordenador.

Una de las “penas” que le queda es que no ha tenido relevo generacional y es por eso también que ha decidido jubilarse del todo. Aun así, añade que está muy contento con las elecciones que han hecho sus hijos y adelanta que si alguna vez algún sobrino suyo le pide ayuda con la cámara lo hará “encantado”.

Desde entonces Marin ha estado a pie de calle y se ha ganado el reconocimiento de toda la ciudadanía, por lo menos, de la comarca. “Muchos me dicen que no me jubile pero llega un momento en el que tienes que tomar la decisión”. De esta manera se enfrenta a una nueva vida donde la cámara tampoco le dejará de acompañar ya que sin embargo sea de hobby, lo seguirá llevando colgado desde el cuello, aunque con otra tranquilidad.


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