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Gipuzkoa rescata en un año 442 animales silvestres protegidos

El 70% de las especies son recuperadas y puestas en libertad al cabo de unas semanas
Los responsables del centro foral redoblan esfuerzos estos días para responder a un “aluvión” de crías de vencejo común que irrumpen en las calles

Jorge Napal Javi Colmenero - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Una de las crías de vencejo común atendidas en Igeldo, donde se recupera antes de volar a los cuarteles de invierno.

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Una de las crías de vencejo común atendidas en Igeldo, donde se recupera antes de volar a los cuarteles de invierno.

donostia- Si usted mira al cielo y cree ver golondrinas revoloteando estos días en bandada, no se lleve a engaño. Los oscuros pajarillos del poema de Bécquer no son precisamente gregarios. Sí lo son los vencejos comunes, de aspecto similar, que están dejando como nunca su huella en Gipuzkoa. Resulta “impresionante” la cantidad de crías que abandonan el nido de los aleros de tejados para plantarse en distintas calles de ciudades del territorio, como Donostia, Irun y Tolosa. Su número se ha triplicado. Lo de los últimos meses no se lo explican ni los propios expertos.

El centro de recuperación de fauna silvestre, Arrano Etxea, no da abasto. Sus responsables están acostumbrados al trajín constante. De hecho, solo durante el año pasado atendieron a 442 animales silvestres protegidos, el 70% de los cuales son puestos en libertad tras unas semanas de cuidados.

La visita de este periódico al centro coincide con la suelta de dos vencejos. “No hemos parado desde la primavera con estas aves”, indica Josean Albisu, sentado a la mesa de su hogar, donde reposan unas plumas de la gaviota a la que acaban de curar una pata.

A la conversación se suman los ladridos de fondo de dos pequeños yorkshire -Kimy Klik- , y la desconfiada mirada del gato Mitxi. Todo ello se completa con una variopinta sinfonía de especies que convierten a este centro en algo así como el arca de Noé pero en Igeldo.

Aquí se recuperan desde hace tres décadas, en virtud de un convenio con la Diputación, las especies silvestres que llegan al territorio. El centro pertenece al Departamento de Desarrollo del Medio Rural, pero está ubicado en una finca de titularidad privada, donde reside Albisu con su mujer, Merche García. Ambos llevan atendiendo voluntariamente a ejemplares de fauna silvestre en dificultades desde el año 1985.

Atesoran mucha experiencia pero se muestran sorprendidos. “La cantidad de crías de vencejo que está llegando es impresionante, algo fuera de lo común, y la verdad es que todavía no tenemos una explicación”, confiesa Albisu.

Las aves atendidas estos días en Igeldo retomarán el vuelo hacia África y no volverán a posarse en tierra hasta dentro de dos años

Hay ocasiones en las que las oleadas de aves responden a un motivo concreto, como ocurrió hace quince años con el desastre del Prestige. La marea negra tras el hundimiento del buque petrolero asoló el litoral y cientos de aves marinas llegaron a ser atendidas en el centro de Igeldo. Ahora, en cambio, no parece existir una relación directa. García aventura que quizá sea la primavera “tan larga que ha habido, con tan poca lluvia, la que ha podido provocar un adelanto del ciclo”, con el consiguiente aumento del número de aves.

Sea como fuere, las crías se escapan de los nidos estos días, se ven incapaces de remontar el vuelo y acaban irrumpiendo al paso de un sinfín de ciudadanos anónimos de Gipuzkoa que están protagonizando gestos muy solidarios. El responsable del centro de recuperación asegura que la concienciación de la ciudadanía es creciente. “Hace poco vino hasta aquí una vecina de Hendaia que encontró una cría de vencejo. No tenía vehículo particular y cogió el Topo, después el autobús y llegó hasta Igeldo solo para entregar la cría. Hace falta tener amor hacia los animales para hacer algo así”, subraya Albisu, que también percibe la misma sensibilidad entre los cazadores. “Antes era el colectivo maldito, pero las cosas han ido cambiando. Hay muchos cazadores que en cuanto ven a un ave herida dejan de cazar y la traen”.

Agentes de la Guardia Municipal, de la Ertzaintza y guardas de la Diputación completan ese dispositivo tan especial que no duda en trasladar todas aquellas especies silvestres que requieren atención. Y en este capítulo, estos días, los vencejos se llevan la palma. Se trata de aves insectívoras que normalmente vuelvan en grupo, como no dudarán en hacer las que actualmente se recuperan en el centro de Igeldo.

Les espera una larguísima singladura. Según explica Albisu, todas las crías que han nacido este año desaparecerán de los nidos durante el verano para emigrar a los cuarteles de invierno, al sur de la península ibérica y África. “Se trata de un ave muy especial. Lo curioso es que no va a dejar de volar hasta primavera de 2019. Durante dos años no tocará tierra, y se alimentará y beberá siempre en pleno vuelo”. Solo transcurrido este tiempo llega a la edad adulta y acaba posándose tras encontrar pareja, nidificar y, a la postre, tener las crías.

La amenaza de cristalSi el cazador ha dejado de ser una amenaza, ahora es el cristal el que pone en riesgo el vuelo. Los responsables del centro de recuperación de especies explican que los edificios acristalados, los paneles acústicos de las carreteras y los cables de alta tensión son hoy por hoy los mayores enemigos. “Podemos constatar que el edificio acristalado de la Tesorería General de la Seguridad Social de Riberas de Loiola, en Donostia, ha sido una escabechina para estas aves”, indican los responsables de Arrano Etxea.

Ellos mismos tienen en su finca grandes ventanales que tiempo atrás solían ocasionar daños a las aves que volaban por la zona. Ahora tratan de predicar con el ejemplo y han colocado pegatinas para advertir del límite acristalado que encuentran los animales.

Hay otras aves que, en cambio, pasan de víctimas a agresoras. Es el caso de las gaviotas patiamarillas, que también son atendidas en el centro. “Su comportamiento es cada vez más difícil debido al hambre que pasan”. No es habitual que una gaviota ataque a un halcón peregrino tirándolo al mar, como ha ocurrido en Pasaia. “Se han convertido en aves de ciudad cada vez más pendientes del hombre, con unos niveles de relación altísimos”.

La gaviota y el arao común (ave pescadora) son dos especies que ingresan en Igeldo con frecuencia. No tienen en el mar el alimento suficiente, especialmente cuando llegan los temporales de invierno. Aparecen en las playas, entre rocas, débiles, demacradas. “Solo se recuperan después de veinte días de hotel a base de sardinas”.


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