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Colaboración Modelo cooperativo: valoraciones diversas

Por Etiker - Sábado, 29 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

A primeros de junio, dos titulares de prensa, publicados en sendos diarios y en días continuos, nos sorprendieron por su contrapuesta valoración. El primero afirmaba: “Las cooperativas vascas, son un modelo para la izquierda europea”. En el segundo se decía: “Ordaindu considera fracasado el modelo cooperativo impulsado por Mondragon”.

El primero se hacía eco del mensaje emitido por los parlamentarios del grupo europeo GUE-NGL, en el que se integra EH Bildu, con motivo de la visita que hicieron a la Central de la Corporación de Mondragon, y en la que su presidente expuso lo siguiente: “Mondragon genera riqueza y empleo y responde a una realidad social porque nuestro objetivo es mejorar la comunidad”.

El segundo venía con ocasión de la Asamblea celebrada en Arrasate-Mondragon, al día siguiente de la citada visita, por parte de la Plataforma de Afectados por las aportaciones a Fagor Electrodomésticos (FE). Su presidente sostiene que “a las empresas de economía social hay que exigirles que tengan principios de economía social, y es aquí donde hacen aguas”.

Un mes después, a primeros de julio, los periódicos anunciaban que la vieja Fagor Electrodomésticos, hoy CNA Group, desvinculado del movimiento cooperativo de Mondragon y propietario de la marca Fagor y de Edesa Industrial, con plantas en Arrasate, Eskoriatza y Basauri, y 350 personas en plantilla, ha entrado en crisis. Todo ello nos invita a reflexionar.

Para la buena marcha de la empresa, son indispensables no solo la responsabilidad y buena gestión de los directivos, sino también el ejercicio de diálogo, participación y cooperación de todos los implicados

Partiendo de lo expuesto en la Asamblea de Afectados por la crisis de FE, estimamos que todavía no se ha hecho una reflexión colectiva de las causas que abocaron al cierre de la cooperativa, en 2013, y a que se quedaran sin nada tantas personas y familias, que depositaron sus dineros con la confianza de que FE pudiera salir del agujero financiero en que había caído. Este hecho levantó la indignación de los afectados, apuntando la responsabilidad a un grupo concreto, al de los directivos: “No son un modelo a seguir, no en el sentido personal, sino a nivel de gestión”.

Entendemos que esta acusación debe ser matizada. Es verdad que no se puede diluir la responsabilidad de aquellos directivos de FE. Pero no es toda la verdad. De hecho ¿no es cierto que los directivos tuvieron que atenerse a las directrices de la Asamblea General de socios y que ésta avaló unas líneas concretas y arriesgadas de actuación? ¿No es cierto que una parte de los mismos socios fueron perdiendo, con el paso del tiempo, los valores sociales que hicieron gala los fundadores y primera generación de cooperativistas? ¿No es cierto que las aportaciones a FE se hicieron también con la finalidad de sacar un rendimiento mayor que el que ofrecían otras entidades financieras?

En la medida que estas cuestiones puedan ser de alguna manera confirmadas, podemos concluir que la práctica cooperativa tampoco está libre de una cierta falta de excelencia, que afecta no solo a los directivos, sino también a los socios y a otros implicados con la empresa cooperativa. Pero no hay que olvidar que, gracias al modelo cooperativo, se pudo dar una solución práctica a la mayoría de las 1.800 personas que perdieron su puesto de trabajo en FE y que fueron recolocadas en otras cooperativas del entorno.

Por otra parte, al contemplar el oscuro panorama que se cierne actualmente sobre CNA Group (Fagor-Edesa) y sus trabajadores, salta a la vista que, para la buena marcha de la empresa, son indispensables no solo la responsabilidad y buena gestión de los directivos, sino también el ejercicio de diálogo, participación y cooperación de todos los implicados.

De ahí que no es de recibo concluir que el modelo cooperativo impulsado por Mondragon haya fracasado. Más bien, creemos estar en buena línea, al afirmar que una empresa que se estructura en torno a la cooperación entre trabajo y capital, y la gestión participativa, echa buena semilla de cara a una sociedad más justa y solidaria.

En este sentido y, más allá de estrategias que buscan la confrontación sistemática, apostamos por una sociedad en la que el diálogo, la participación y la cooperación sean instrumentos viables al servicio de la superación de conflictos laborales, sociales y políticos.


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